jueves, 10 de agosto de 2017

CON  MOTIVO  DEL  CENTENARIO   DE  “MANOLETE”  (1917-2017)TEORÍA DEL PASE NATURAL, SEGÚN EL DIESTRO.
Natural, escultural.
El brazo tenso, una cuerda de violín,
haciendo la mano izquierda un jazmín.
Lentamente su camino,
entre el cuerno y el destino
lento, breve, quieto, fino
con elegante alegría.
Eso es toda Andalucía.
Entre la vida y la muerte, la suerte
ligera como una flor o un cristal.
Y el peligro y el valor y la trampa: ¡Natural!.
José María Pemán


Imágenes integradas 1
Son muchas las personas, incluidos aficionados, que sabrán todo o casi todo sobre la vida y
milagros del célebre diestro cordobés que desapareció de los ruedos (Linares, 29 agosto 1947),
de su rica biografía, sus hazañas en los ruedos y, hasta intimidades de su vida privada, pero sin
embargo su figura como intelectual – como parte de su gran personalidad -, como individuo que supo dedicar “un tiempo” preferente al cultivo de las artes, literatura, pintura, conferencias ,  se conoce poco o nada.
Por todo ello y, como un homenaje más al “diestro” en este año de celebraciones centenarias, exponemos a la atención de los lectores  - como cualidad literaria – su TEORÍA DEL PASE NATURAL,  publicado en la revista RUEDO en julio de 1945, en pleno apogeo de su carrera
taurina, que dice textualmente:
“   No pretendo decir ni más ni menos que lo que modestamente pienso del pase que considero eje de la faena de muleta. Bien sé que no es tarea fácil el explicarlo cuando no hay costumbre de llenar cuartillas y más cuartillas. También muchas veces apenas se realiza.

El pase natural, como he dicho anteriormente, puede considerarse como el pase eje de la muleta. Muchos han pretendido explicarnos como debe darse. Para mí, para mi modesto criterio, entiendo que debe darse así:

En el toro que embiste no se debe adelantar la muleta, sino dejarlo llegar hasta que los pitones
estén a una distancia como de una cuarta de la muleta. Cuando el toro está a esa distancia,
entonces se le debe de correr la mano con la máxima lentitud y estirar el brazo todo lo que se pueda, la pierna izquierda tiene que quedarse completamente  inmóvil, y cuando el pase llega
a su terminación, es entonces cuando hay que girar la pierna hasta quedar en posición de darle el siguiente muletazo, en el mismo terreno en que se inició el primero, y así sucesivamente dar
todos los que puedan… o deje dar el toro.
En cambio, cuando el toro no tiene arrancada, hay que provocarla. Es entonces cuando está
justificado el adelantar la mano  de la muleta para llegar a provocar la arrancada, y una vez que el toro embiste, se debe hacer lo mismo que queda explicado en el caso anterior.

Todo eso que se dice de “cargar la suerte” en el natural, viene a ser lo que cargar la suerte en las otras fases del toreo. Esto simplemente una ventaja para el torero, puesto que se desvía
más fácilmente el camino que trae el toro. Cargar la suerte, yo lo creo así, es tan sólo una ventaja. En el pase natural hay que dejar que el toro se estrelle en la muleta.

También se discute mucho “ese” terreno en que se debe dar el natural. Cuando menos, para mí, ese terreno es el de los medios. En él,  al toro que es quedado hay que citarlo en corto,  y al
toro que  embiste franco,  más distanciado. Es ¡ya lo creo!, el pase más difícil y el que más cuesta realizarlo perfecto. Hay que tener temple y valor, porque al repetir el muletazo, según
se van dando los pases se va reduciendo el círculo y hay que llevar al toro muy toreado para que los naturales resulten perfectos. Siempre se ha dicho que el natural es el pase que más pronto descubre al torero que no aguanta. El público, para observar si el natural es perfecto,
no debe tener en cuenta excesivamente el conjunto que forman el torero y el toro, sino más bien la posición de los pies cuando el lidiador va consumando la suerte. Los pies deben estar
ligeramente entreabiertos. Con ellos juntos, cuando menos yo así lo hago, solo se deben dar
los ayudados por alto.

Hay también otros muchos razonamientos sobre el natural. De ellos,  cualquiera podría estar
hablando horas y horas. Pero no es a mi tampoco al que corresponde el torear y explicar, siempre que se pueda, en el ruedo, como hay que dejar hechas las cosas. Lo demás está un
poco al margen de nuestra misma profesión. Porque muchas veces por modestia y otras veces
porque uno no está acostumbrado a escribir para el público, lo que se pretendió decir no queda muy claro para muchos. Y aún menos en los toros, donde tan difícil resulta el entendernos.

En esta ocasión yo cumplo, aunque bien modestamente, con esa deuda de gratitud que todos los profesionales tenemos contraída con la revista “EL RUEDO”.

Aunque bien poco es, no he querido, aún en contra de mis propias convicciones sobre el particular, dejar que en las páginas de este magnífico extraordinario de toros, no vengan estas pequeñas reflexiones sobre un tema tantas y tantas veces discutido.

El pase natural lo es todo en el toreo. Lo considero, en definitiva, como el más expuesto y en el
que se necesitan muchas cosas para que resulte perfecto. En su misma dificultad está el peligro que encierra en sí. Hay que tener dominio, tranquilidad y llevar muy toreado al toro.
Después, hay que intentarlo… muchas veces no es fácil el acertar. Como todas las cosas extraordinariamente difíciles, es el natural el pase que más arrebata al público y al torero.
Y nada más. Con la mejor voluntad he querido escribir un poco del pase natural, que es el tema que me han señalado. A ustedes ahora les resta decir, si estoy equivocado o no.  Cuando menos yo creo, para mí, que el natural lo veo y procuro realizarlo, con mejor o peor fortuna”.

Respetuosamente,

MANUEL RODRÍGUEZ “MANOLETE”
Como habrán visto quienes hayan leído esta líneas, el diestro Manuel Rodríguez Sánchez
“Manolete” demostró una gran desenvoltura en el arte literario y, según palabras del ilustre
y recordado director de la Real Academia de Córdoba e inolvidable profesor nuestro don
Rafael Castejón y Martínez de Arizala, comentó al crítico taurino “José Luis de Córdoba” en el
verano del 45, que el citado diestro, en sus escritos – “nos revela un “Manolete” intelectual que, como en sus trabajos de pintura, muestra un espíritu claro y sereno, muy cordobés, que de haberlo cultivado hubiera dado sin duda muy buenos frutos”.
A nosotros, solamente nos queda también compartir tan autorizada opinión, máxime,  tras haber leído varios artículos del malogrado diestro, donde nos descubre su magnífico estilo en el empleo de la pluma, faceta ésta –tan poco conocida por el público-, como hicimos mención
al inicio de este recordatorio centenario.
Ciudad de los Califas, Epifanía, 2017.
JUAN GARCÍA MARTÍN
Veterinario
  




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