jueves, 31 de agosto de 2023

NOVILLADA EN FITERO
IGNACIO BONE
ROBERTO MARTIN NUÑEZ
Y COMO SOBRESALIENTE ELCORDOBES JUAN ENRIQUE DENAMIEl,


 

miércoles, 30 de agosto de 2023

 

Cartel para el día 1 de Septiembre EN GUADIX Novillos de Centeno Guerra



NOVILLADA SIN PICADORES EN POZOBLANCO








 

NUEVA FECHA DE MANUEL QUINTANA



 

 NUEVA FRCHA DE JOSELITO DE CÓRDOBA


 NUEVA FECHA PARA  RAFAEL REYES





martes, 29 de agosto de 2023

Homenaje a Manolete organizado por la Casa de Jaén en Córdoba





 TRADICIONAL HOMENAJE A MANOLETE EN LA PLAZA DEL CONDE DE PRIEGO



En la tarde de ayer se celebró el tradicional homenaje de la Casa de Jaén en Córdoba a la figura de Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete" en la plaza del Conde de Priego de la ciudad cordobesa, en el día que se conmemoraba el 76° aniversario de su cogida mortal en la plaza de toros de Linares.


Rufino Gomera Martinez (Cronista taurino de Onda Cero Radio)

El acto estuvo presentado por Rufino Gomera, e intervinieron en el mismo glosando la figura del "monstruo" cordobés;


Rufino Gomera Lopez (Presidente de la Casa de Jaén),

Pepe Toscano (crítico taurino), 


Andrés Lorite (Vicepresidente de la Diputación),

El alcalde de Beas de Segura (Jaén),

Narcis Ruiz (concejala del Ayto.de Córdoba) .

Rufino Gomera (Presidente de la Casa de Jaén),Pepe Toscano (crítico taurino), Andrés Lorite (Vicepresidente de la Diputación), el alcalde de Beas de Segura (Jaén), Narcis Ruiz (concejala del Ayto.de Córdoba) .


Agrupación Musical "Santa Cecilia", de Beas de Segura 




Rafael Trenas padre e hijo, el cantaor Antonio de Pozoblanco 

Contó también con la participación de la Agrupación Musical "Santa Cecilia", de Beas de Segura que interpretaron magníficos pasodobles taurinos, los guitarristas Rafael Trenas padre e hijo, el cantaor Antonio de Pozoblanco y el alumno del Círculo Taurino de Córdoba "Villeguitas".










Alumno del Círculo Taurino de Córdoba "Villeguitas".

Por: Fidel Nuñez

Jose Luis Cuevas
Fotografias Montaje y Editor

 Extraordinaria novillada en Loja.

Se lidiaron 5 erales de la Ganadería de D.Eliseo Morán Gómez (q.e.p.d) ,por los aspirantes:



Ernesto Marin.

Antolín Jiménez

Juanillo

Fran lupion y

Andrés Membrives.

Ficha del Festejo.

Los novillos lucieron divisa negra.

Ernesto Marin: 1 oreja

Antolín Jiménez: 2 orejas y rabo y vuelta al ruedo al novillo.Con ese motivo acompañaron en la vuelta al ruedo junto al Torero ,los nietos del Ganadero fallecido , Nicolás y Manuela.

Junillo, tuvo una actuación con apuntes artísticos ,destacando el valor de entrar dos veces a matar sin muleta, recibiendo dos sería volteretas: 1 orejas.

Fran Lupion, un joven espigado de Almería con muy buenas formas. A tener en cuenta, se le ve con torería :2 orejas y rabo.Vuelta al ruedo al novillo.

Andrés Membrives, torero cordobés que debutaba de luces.Al recibo de capa se le vio algo nerviosillo, pero con la muleta se fue afianzando, dando excelentes naturales, esperemos evolucione si le dan más festejos. Estuvo auxiliado desde el callejón por David Encinas y el novillero cordobés, El Rubio. Corto dos orejas y rabo y vuelta al ruedo al novillo.

Lo dicho,Festejo muy entretenido.

Cronica por: Pepe Reyes

Jose Luis Cuevas

Montajey Editor

lunes, 28 de agosto de 2023


Los novilleros pozoalbenses José “El Candela” y José Antonio de Gracia protagonizarán un mano a mano el próximo sábado 16 de septiembre.
Se lidiarán cuatro novillos de la ganadería de Enrique Ponce y las entradas ya se pueden adquirir.
VÍDEO Y MÁS INFORMACIÓN CLIC EN LOS ENLACES


VIDEO
https://fb.watch/mIbzMvkwby/



El ayuntamiento de Pozoblanco y la sociedad adjudicataria de la plaza de toros del municipio Caido y Soledad SL. han anunciado hoy que los novilleros Pozoalbenses Jose " El Candelas" y Jose Antonio de Garcia protagonizarán un mano a mano el próximo sábado 16 de septiembre. El festejo que  abrirá a la feria taurina de Ntra. Sra, de las Mercedes 2023,  comenzara a las 18:00 se lidiarán cuatro novillos de la ganadería de Enrique Ponce  y el precio de las entradas, que ya se pueden adquirir en la taberna el Albero, y el Hotel la Noriega y en las taquillas de la plaza el dia del festejo, sera de 17 euros para los adultos y 10 para los niños.

 (COPIA LITERAL E ÍNTEGRA DE UN CARTEL TAURINO DE 1782)



INDIVIDUAL NOTICIA

DE LA SEXTA Y SÉPTIMA CORRIDA DE TOROS QUE SE

HAN DE CELEBRAREN LA M.N Y L.CIUDAD DEL GRAN 


PUERTO DE SANTA MARÍA,

EN LAS TARDES DE LOS DÍAS 13 Y 14 DEL MES DE AGOSTO de este año de 1782.

SIENDO DIPUTADOS LOS SEÑORES

DON AGVSTÍN JOSEF DE VERGARA,

Capitán de Milicias Urbanas de esta Plaza


Y DON LORENZO DE LA VEGA,

Fiscal del Tribunal de la santa Cruzada, y Regidores perpetuos.


LOS DIEZ TOROS DEL DÍA 13 SERÁN LOS SIGUIENTES:

Quatro de la Ciudad de Sevilla, de D. Thomas Ortega, Divisa Blanca.

Quatro de la Ciudad de Xerez, del Dr. D. Pablo Rivero, Divisa Negra.

Uno de la nominada Ciudad, de D. Martín Pérez, Divisa Azul.

Uno de la Villa de Rota , de D. Marcelino López, Divisa Amarilla.

PICADORES PARA ESTE DÍA,

Bartolomé Padilla y Andrés Ximenez de Xerez, y Manuel Cañete de Lebrija,

y Diego Martel de Xerez.


LOS DIEZ TOROS DEL DÍA 14

Quatro de dicha Ciudad de Sevilla, del referido D. Tomhas Ortega, Divisa Blanca

Quatro de la dicha Ciudad de Xerez, del Dr. Pablo Rivero, Divisa Negra.

Dos de la Villa de Lebrija, de D. Antonio Díaz. Divisa Verde.


PICADORES

Bartolomé Padilla y Andrés Ximenez de Xerez, y Manuel Cañete de Lebrija.

MATADORES

Pedro Romero, de Ronda y Juan Conde de Bexer.


VANDERILLEROS

Juan Jorge de Cádiz, Francisco Aragón de Chiclana, Ignacio García y Estevan Pérez (alias el Zerragero) del Puerto, Juan Romero de Ronda, y Josef de Castro de Cádiz.

En ambas tardes , el último Toro saldrá embolado, para que los aficionados se diviertan.

Se advierte, que la Feria permanece hasta el día de San Luís.

(TRANSCRIPCIÓN DE F. BRAVO ANTIBÓN)


Jose Luis Cuevas 

Montaje y Editor

domingo, 27 de agosto de 2023

EL ULTIMO PASEO Alta calidad y tamaño

El último paseo.

Es un placer ofrecerles este audiovisual donde mis dos amigos y colaboradores,  Francisco Bravo, como autor del poema, y Alfredo Asensi ,que pone su voz , sin olvidar los bellos cuadros de Julia Hidalgo que ilustran el audio visual donde también tiene cabida las lágrimas de un fragmento del Réquiem de Mozart. Un lujo.


Jose Luis Cuevas
Montaje y Editor

sábado, 26 de agosto de 2023

 JOSELITO DE CÓRDOBA  TRIUNFADOR EN MIJARES (AVILA)





Mano a mano de Joselito de Córdoba e Israel Aparicio con dos novillos cada uno y abriendo cartel la rejoneadora Rocío Arrogante que lidió un novillo.



FICHA

Ganadería Escudero de Cortos, muy birn presentados

1ª  Rocío Arrogante : 1 oreja

2ª  Joselito de Córdoba : 2 orejas

3ª  Israel Aparicio : aplausos

4ª  Joselito de Córdoba : 1 oreja

5ª   Israel Aparicio : silensio 

Fuente de seguidores de Joselito de Córdoba

 HISTORIA DE LA SUERTE DE VARAS

En la Maestranza de Sevilla de 1832, mientras las mulillas arrastran a un toro, en el ruedo hay tres picadores y un jaco muerto, al que un par de mozos recolocan para que sea arrastrado al desolladero.


NACE LA SUERTE DE VARAS. –

Tanto Francisco Romero, hipotético inventor de la muleta y primer estoqueador a pie, como el resto de los primitivos espadas, entre los que destacaron su hijo Juan de Dios Romero, los hermanos Félix, Juan, Pedro y Manuel Palomo, sevillanos al igual que Manuel Bellón “El Africano”, o los norteños José Leguregui “El pamplonés” y el famoso vasco Martín Barcaíztegui “Martincho”, constituyen el nexo de unión y de transición desde el toreo caballeresco, que predominó en la baja edad media y toda la edad moderna, hacia él, entonces, recién creado e incipiente toreo a pie.

Es, precisamente, el toreo caballeresco a la jineta, el precursor del tercio de varas, origen y razón por la que, el picador, como heredero de los caballeros alanceadores, lleva la chaquetilla bordada en oro, por corresponder a su papel principal y protagonista que, originariamente, compartía de igual a igual con el diestro a pie que banderilleaba y mataba a la res, ambos auxiliados por los “subalternos”, que vestían de plata.


La vieja plaza de Madrid de la Puerta de Alcalá (1749-1874). En primer término, un varilarguero y un matador de toros, ambos de igual tamaño y posición, muestra de su similar importancia.

Para la práctica del toreo a pie, cuyo acto fundamental, además de parchear y poner banderillas, era entrar a matar con la espada, se precisaba ahormar al toro –o sea, rebajar su “engallamiento” o altura de cabeza–, y atemperar su embestida –o sea, aminorar su fiereza natural–, y eso lo conseguía el picador hiriendo con la punta de la garrocha en el morrillo o pelota de la res.

Dice José Sánchez Neira en El Toreo, su Gran Diccionario Tauromáquico que: “al rejoncillo, usado por los caballeros después de la lanza, sucedió la vara de detener, o sea la garrocha, que para el acoso y encierro de reses en plazas usaba la gente del campo”.


Alanceador de la Tauromaquia de Goya y caballero con la vara de detener, del siglo XVIII.

Y esa garrocha o vara de detener, en manos del picador, hace que éste pase a ser el protagonista del primer tercio de la moderna lidia, aunque, lógicamente, desde su inicio en el último tercio del siglo XVIII, y como ha ocurrido con todo el toreo, su forma de actuar era muy diferente a la de hoy día porque fue evolucionando, en unos casos para depurarse y lograr altas cotas de arte y en otros, por desgracia, para perder lo que de arte tenían.

La suerte de varas se comenzó a regular, como primer tercio de la lidia, a finales del siglo XVIII, siendo a partir del año 1775 cuando empezó a adquirir entidad propia, coincidiendo con la reglamentación y profesionalización de las modernas corridas de toros de a pie, que se establecen a raíz de la llegada a los ruedos taurinos de los matadores que adquieren renombre de postín, cuyo primer exponente fue “Costillares”, y culminó con la competencia de la pareja formada por Pedro Romero y “Pepe-Hillo” (Ver nota 1).

LA IMPORTANCIA DE LA SUERTE DE VARAS. –

“Pepe Hillo”, en su “Tauromaquia o Arte de torear”, editada en la imprenta de Ximénez Carreño de Cádiz, en 1796, fue el primero en resaltar, por escrito, la importancia de los picadores en la lidia: “La suerte de picar de frente a caballo es la más arriesgada que se ejecuta”.

Con esta frase, además de ponderar la valentía de los picadores, reconocía implícitamente el conocimiento de terrenos que debían de tener para enfrentarse con los pechos de su caballo desprotegidos, a un toro recién salido al ruedo. En aquel entonces, el picador en suerte, esperaba a la res de salida en los terrenos próximos a la puerta del toril y, el desarrollo de su misión, era mucho más dilatado en tiempo que los breves simulacros en que se ha convertido, hoy en día, el primer tercio de la lidia.


Izquierda: en Madrid, plaza de la Puerta de Alcalá, a mediados del siglo XIX. Derecha: picando en el tercio a principios del XX.

El del castoreño, con su cabalgadura sin protección, realizaba la suerte de varas al encuentro, a veces a caballo levantado, otras enfrentado en rectitud, cara a cara, o atravesado, y siempre en el terreno más propicio, en función de las condiciones del toro. Lo normal, en aquellos tiempos, era que el encuentro se llevara a efecto en los medios, o en las proximidades del centro de la plaza, siendo también admisible que la reunión se hiciera a mitad de camino entre las tablas y el centro, o sea en los tercios y, en función de las condiciones del toro, también se podía picar con el caballo pegado a tablas o, a la inversa, con el toro cerrado hacia la barrera. Siendo fundamental, y sabido por todos los picadores de la época, que al toro había que sacarlo de sus querencias, sobre todo cuando éste era fuerte y peligros, evitando qué, al encontrarse en el terreno más cómodo, se creciera en la pelea y resultara difícil ahormarlo para el resto de la lidia (Ver nota 2).


Fotos de otros tiempos: Picando sin peto y en los medios… cuando el caballo y el picador estaban desprotegidos.


Es evidente que en los inicios y durante muchos años, las circunferencias concéntricas o “rayas de picar” no existían. Se inventaron mucho más tarde y con la finalidad de proteger al caballo y al picador, dándole la ventaja de estar al abrigo de las tablas y no en el terreno abierto del tercio o los medios. O sea que en su origen, las “rayas de picar” tenían una finalidad muy diferente a la que, hoy día, suele malinterpretar el público en general (Ver nota 3).

EVOLUCIÓN POSTERIOR DE LA SUERTE DE VARAS. –

Cuando Francisco Montes “Paquiro” dictó, en el año 1836, su tauromaquia, que tituló como “El Arte de Torear”, quiso resaltar y ponderar el primer tercio o suerte de varas de tal manera que le dedicó, íntegramente, la segunda parte de su obra que la roturó como “Arte de torear a caballo”. En ella describe desde las cualidades de los toreros de a caballo –él no dice picadores sino “toreros de a caballo”–, que deben tener “valor, un físico doble y robusto, un perfecto conocimiento del arte y ser jinete consumado”, y establece hasta cinco formas de ejecutar la suerte: “al toro levantado”; “en su rectitud”; “al toro atravesado”; “a caballo levantado”; y “del Sr. Zaonero” (Ver nota 4) y, además de explicar cómo se realiza cada forma, dice la utilidad de su empleo en función de las condiciones del toro.

“Paquiro” viene a decir que el primer tercio es, en casi igualdad de condiciones, tan importante como como el último tercio. Hay que tener en cuenta que, desde los años setenta del siglo XVIII, en que se consolida el toreo a pie en detrimento del caballeresco a la jineta, hasta que, 60 años más tarde, Francisco Montes escribe o dicta su tauromaquia, la forma en que el picador ejerce su fundamental misión varió muy poco.

Rafael Guerra “Guerrita” en su Tauromaquia, que vio la luz en 1896-97, o sea a 100 años de distancia temporal de la de “Pepe-Hillo” y 60 de la de “Paquiro”, sigue manteniendo los mismos postulados que aquellos respecto al arte de picar, aunque hace una descripción más amplia y detallada. Sin embargo, difiere con “Pepe-Hillo” de forma sensible en el concepto del toreo a pie. Para aquel, la ligazón en los pases de muleta era una muestra de “poca técnica y mucho miedo” y, por el contrario, para “Guerrita” –que se adelanta a su tiempo y adivina lo que aportaría Antonio Montes Vico y perfeccionaría Joselito “El Gallo” –, el concepto fundamental del toreo era la ligazón, asegurando que “mientras más destreza y valor tenga un torero, con más facilidad ligará los pases”.

José Delgado “Pepe-Hillo”, Francisco Montes “Paquiro” y Rafael Guerra “Guerrita”, los tres toreros que dejaron por escrito sus respectivas tauromaquias.

Y si, desde 1775 hasta 1896, el primer tercio ha tenido pocas variaciones…, ¿en qué momento se inicia la verdadera evolución de la suerte de varas…? Evidentemente, cuando aparece el peto, que hace bajar el riesgo hasta límites impensables, tanto para el jamelgo como para el picador.

Ya en 1877 existió un incipiente y fracasado intento de tapar las partes más expuestas de los caballos para evitarles tantas heridas y muertes, pero fue en Alicante, el 19 de marzo de 1917, cuando se ensayó por vez primera, ante una novillada de Aleas, una especie de “paragolpes” o cobertor al que llamaron “peto de libro” porque llevaba unos pliegues en forma de hojas, ideado por el matador de toros sevillano Enrique Vargas González “Minuto”. La idea no dio buen resultado y no prosperó. Igualmente, tampoco tuvo éxito otro ensayo que se realizó, a puerta cerrada, en la vieja plaza de Madrid en la Carretera de Aragón, el 18 de octubre de ese mismo año de 1917. En dicha ocasión fueron los picadores “Agujetillas” y Salvador Almela, los que ensayaron el “invento” ante un toro de Pérez Tabernero que finiquitó el matador bilbaíno Rufino San Vicente “Chiquito de Begoña”.


A la izquierda portada de “La Nación” del 19 de octubre de 1917, informando de la prueba en Madrid de “una armadura protectora para caballos”. A la derecha el primer modelo de peto de uso obligatorio que dejaba al aire los cuartos traseros del caballo. 


Después de esos intentos, hubo un hecho determinante que impulsó la creación del peto. El entonces jefe del Gobierno, General Miguel Primo de Rivera, asistió a una corrida de toros en Toledo, el 10 de marzo de 1926, y fue testigo y receptor de las protestas del respetable ante tanto jamelgo destripado y muerto en la arena, y tomó conciencia de que era urgente estudiar la manera de evitar tal “sangría” (Ver nota 5).

A la salida de la plaza, el General Primo de Rivera pasó una nota a la prensa comprometiéndose a modificar la suerte de varas para convertirla en “algo similar al rejoneo…” pero, después de madurar tal idea, optó por el mejor criterio de crear una comisión que estudiara el tema. En la Gaceta de Madrid del 12 de mayo, o sea dos días más tarde, se publicó una Real Orden en tal sentido.

Formaron la citada comisión un representante por cada uno de los siguientes estamentos: Sociedad de Ganaderos; empresarios taurinos; matadores de toros; picadores; Asociación de la Prensa; y Sociedad Protectora de Animales. Se reunieron el 10 de junio de 1926 en la Dirección General de Seguridad, y decidieron que la mejor solución eran los faldones o petos protectores, acordando abrir un concurso sobre los mismos y poniendo, para la presentación de ideas, la fecha límite del 31 de enero de 1927. La disposición referente a tal concurso de publicó en la Gaceta de Madrid del día 30 de noviembre de 1926.

Se realizó una primera prueba de los petos presentados a concurso el día 9 de enero de 1927 en una novillada de Aleas en Murcia, y el caballo que estrenó el primer peto fue muerto en el primer envite. El 6 de marzo de ese mismo año, se celebró una segunda prueba en Madrid, con novillos de Moreno Santamaría. El ejemplar que abrió plaza, mató al caballo que llevaba el peto modelo nº 2 y, en total, fueron seis los caballos que murieron aquella tarde probando los diferentes modelos de peto propuestos.

Pasó el año 1927 y, a primeros de 1928, cuando aún no se había determinado cual era el peto adecuado ni decretado su uso obligatorio, asistió Primo de Rivera, acompañando a una distinguida dama francesa, a una corrida celebrada en Aranjuez. Estaban situados en asientos de barrera, cuando uno de los toros, al recibir una vara, romaneó y campaneó al caballo con tal virulencia que las tripas, y lo que estas contenían, salpicaron a tan ilustres espectadores. Al día siguiente, la orden al ministro de la Gobernación fue tan tajante que, el día 8 de abril de 1928 se publicó un decreto en la Gaceta de Madrid, estableciendo que, a partir de dicho día, era obligatorio el uso del peto en las plazas de primera categoría y, desde junio de ese mismo año, en todas las plazas de España.

El peto inicial cubría el pecho del caballo en forma de armadura con faldón, pero pronto fue ganado en extensión hasta cubrir la parte trasera del animal. Durante la década de los años treinta y cuarenta, sufrió varias modificaciones arbitrarias que no se recogieron en los reglamentos taurinos, todas ellas aumentando las dimensiones en todos los sentidos, dando una mayor protección para los caballos, directamente proporcional a la impunidad con la que los picadores se empezaron a ensañar con los toros (Ver nota 6).

Desde entonces, la Fiesta Nacional entró en un declive de perdida progresiva de la pureza de lo que significaba el arte de picar, y de un incremento directamente proporcional del “castigo” al toro, que favoreció el detrimento de su acometividad. Aquel empeño de Primo de Rivera, que dio seguridad a los picadores y eliminó crueldad y muerte para los caballos, hizo que la suerte de varas se fuera convirtiendo, poco a poco, en una labor burda por parte de los picadores que fueron olvidándose de cómo se debía picar, que parte de la anatomía del toro había que castigar y para qué servía lo que hacían, hasta llegar a convertir, a veces, la suerte de varas en una masacre para los toros. Y el público en general, con honrosas excepciones, fue perdiendo, en la misma proporción, el conocimiento de lo que es el primer tercio y la importancia que tiene.

Coincidiendo en fechas, dejó de ser obligatoria la presencia de los varilargueros en el ruedo desde antes de que el toro saliera de chiqueros, como era tradicional desde que comenzó el toreo a pie, para picarlo sin que previamente hubiera recibido ningún capotazo. Desde que tal modificación se impuso, los picadores esperan en la puerta del patio de caballos a que el matador y los subalternos corran y fijen al toro, siendo el presidente de la corrida quien ordena, con su pañuelo blanco, el toque de clarines y timbales que autoriza la salida al ruedo de los varilargueros. Esta nueva norma, que se estrenó en una novillada celebrada en la plaza de toros de la Carretera de Aragón de Madrid el día 3 de abril de 1927, en la práctica, supuso la perdida de la unidad temporal del “primer tercio”, ya que cuando tocan por vez primera los clarines y timbales, no señalan el inicio del primer tercio, sino la salida del toro para que sea corrido, fijado y toreado con el capote de forma artística por el matador de turno. Cuando vuelve a sonar un segundo toque, que en realidad significa cambio de tercio, salen al ruedo los protagonistas del mal llamado “primer tercio”. O sea que, en realidad, la lidia dejó de estar divida en los tres tercios originarios y, aunque nadie lo dice ni lo recogen los reglamentos, pasó a dividirse en cuatro cuartos.

LA ALTERNATIVA DE LOS PICADORES. –

Con la misma antigüedad que tiene la concesión de la alternativa para que un “media espada” pasase a la categoría de “primer espada”, o lo que es equivalente, y más moderno, que un novillero alcance el grado de matador de toros, también los varilargueros, protagonistas del primer tercio, se concedían la alternativa cediéndose la vara de picar o garrocha, para qué, el que sólo la había empleado con novillos, pudiese hacerlo en una corrida de toros.

Esta ceremonia que era muy breve y sencilla, consistía en que el aspirante salía al ruedo acompañado de su “padrino”, que le hacía una simbólica entrega de la vara de picar y le concedía el privilegio de ser quien diera el puyazo a la salida de chiqueros a los seis toros de la corrida. La alternativa le otorgaba la antigüedad en la profesión, y se llevaba tan a gala y con tanto respeto, que en el año 1901 fue famoso el hecho  ocurrido en la plaza de toros de Las Arenas de Barcelona, cuando los picadores cordobeses Ricardo Moreno Mondéjar “Onofre”, conocido también como “Mediaoreja”, y Manuel de la Haba Bejarano “Zurito”, se negaron a actuar porque no querían alternar con el varilarguero de otra cuadrilla, llamado Emilio Salas, que no había recibido la alternativa. “Zurito” dijo en aquella ocasión: “No voy a veni yo dende Córdoba pa arternar con el primer gachó que se suba a un caballo”. Y es que entonces se tenía muy en cuenta que la alternativa era el reconocimiento de tener conocimientos, valor y habilidades suficientes para actuar en la superior categoría.

El último varilarguero que tomó la alternativa con esa sencilla pero formal ceremonia, fue Tomás Castillo “Relampaguito” en la antigua plaza de toros de Madrid, el día 31 de mayo de 1914, y se la concedió Manuel Gil “Cachiporra”, siendo el primer toro, de los seis que tuvo que picar, el llamado “Matacajas” de Esteban Hernández.


Manuel de la Haba “Zurito es sendas actuaciones de 1907 y 1908 en la Plaza de Madrid de la carretera de Aragón.

Después de, casi, 110 años sin tener alternativas de varilarguero, parece imposible rescatar esa vieja costumbre, máxime cuando el vigente Reglamento Taurino Nacional establece, en el artículo 8º, punto 3 apartado b), que: “La categoría de picador de toros faculta para intervenir en cualquier espectáculo con picadores. Podrán inscribirse en esta categoría los profesionales que hayan intervenido en al menos treinta novilladas con picadores”. Lo que da opción a que la categoría se adquiera sin necesidad de alternativa.

Sin embargo, no estaría de más que, aunque fuera simbólicamente, se realizase una sencilla ceremonia, respetuosa, de entrega de la vara al neófito por parte del piquero más veterano, lo que le daría caché y consideración a quienes tienen el derecho de vestirse de oro.

LA SUERTE DE VARAS DE CARA AL FUTURO. –

El primer tercio, cuando se ejecutaba en toda su pureza, era una suerte emocionante en sí misma y tremendamente útil en el conjunto de la lidia, tanto porque con ella se medía la bravura y condiciones del toro, como porque servía para ahormar la embestida de la res para el resto de la lidia.

Pero además de lo ya dicho, la suerte de varas ha adquirido dos grandes defectos, que la han hecho degenerar: El “mono puyazo”; y la colocación de la puya.

Cuando los caballos no llevaban peto, el varilarguero tiraba el palo hacia el morrillo del toro, tratando de sujetar su embestida y desviando su trayectoria para darle salida antes de que llegara al caballo, tratando de proteger a éste y a sí mismo. Los toros entraban a jurisdicción del picador entre cuatro y seis veces –había toros que llegaban a tomar 10 o 12 varas–, en las que sólo en una o, a lo sumo, en dos podía el picador recargar la suerte, el resto eran picotazos que apenas rompían la piel del animal. Por eso, a pesar de que, aparentemente, el castigo era duro, los toros llegaban ahormados de cabeza, pero con bríos suficientes para dar buen juego en el segundo tercio, en el que los casi todos los espadas se lucían banderilleando, y el necesario para el breve trasteo de muleta que entonces se ejecutaba, y encuentro final con la espada.


Un toro arrancándose con “alegría” al caballo (posiblemente en una plaza francesa, en corrida concurso); y el “bochornoso” espectáculo de una vara enhebrada en los lomos de un toro.

Hoy día, el toro entra a un caballo protegido por una “muralla” infranqueable de muchos kilos, y el picador, que no tiene que maniobrar para proteger al jaco, y que se siente seguro encima de tal “fortaleza”, con sus piernas cubiertas de “mona” y “gregoriana”, ha transformado la “vara de detener”, convirtiéndola en la “vara de masacrar”, porque con ella no solo rompe la piel y hace sangrar al toro, sino que recarga a placer con toda su anatomía, “percutiendo” hasta ahondar dos y tres veces la longitud de punta a cruceta, o sea unos 20 cm., mientras el cornúpeta se desgasta cuello y riñonada acometiendo inútilmente contra una coraza impenetrable.

Es evidente que, en esas condiciones, los toros que se están corriendo en plazas de segunda y de tercera categoría, no aguantan más de un puyazo o “mono puyazo”, y en las de primera, que obligatoriamente tienen que entrar dos veces, o sea al “bi puyazo”, la mayoría de los toros quedan muy mermados de fuerzas y, no pocos, terminan rodando por los suelos.


Dos “extraordinarios” puyazos “en su sitio”, según la moderna y equivocada versión que comparten algunos comentaristas de retransmisiones taurinas. La realidad es qué, el de la izquierda, es trasero y ligeramente caído, y el de la derecha dos cuartas por detrás del morrillo, que es donde se debe picar.

A esto hay que añadir, que se ha perdido el “norte” de la zona anatómica del toro en la que hay que picar. Para conseguir ahormar la cabeza del toro hay que castigarlo sobre la superficie de los grandes ligamentos cervicales, o sea en la “pelota” o morrillo, preferentemente en su tercio posterior que es donde la piel es más dura y resistente, justo por detrás donde, curiosamente sí les colocan la divisa a los toros. Hace muchos años que dejó de picarse ahí, y siempre se hace en la cruz u hoyo de las agujas, e incluso mucho más atrás, en zonas que pueden afectar al aparato locomotor del animal.

Es lamentable oír comentar a profesionales, tanto picadores como subalternos y matadores, que el sitio “fetén” de picar es la cruz, o a especialistas taurinos de la comunicación que, en no pocas ocasiones, hacen alabanzas a un “magnífico puyazo” colocado dos cuartas por detrás del morrillo del cornúpeta.


Trescientos años de suerte de varas: A principios del siglo XVIII; a mediados del siglo XIX; a inicios del siglo XX; y en los primeros años del siglo XXI.

Hay que tener en cuenta que las faenas de muleta de hoy día son más exigentes que las de antaño y por eso, la probabilidad de que un toro que ha sido “masacrado” en uno o dos puyazos aguante cuatro o cinco series de cinco o seis pases de muleta seguidos, en redondo, largos y lentos, es un verdadero milagro. Y si tal cosa ocurre y el toro resulta boyante en la muleta después de haber recibido dos severas varas y tres pares de banderillas, es porque la selección del ganadero es muy exigente y el toro ha estado muy bien comido y mejor entrenado.

Conclusiones: la suerte de varas ha perdido su originario sentido; ha dejado de tener la importancia que tenía antaño; cada día se tienen menos conocimientos sobre para qué sirve y cómo se debe ejecutar y, en consecuencia, hay que convenir en que la mayoría del público la ve como un mero trámite totalmente prescindible, que cada vez es menos necesario y que si desapareciera, sería una lamentable perdida para la pureza y tradición de la Fiesta, pero no pasaría nada.

N O T A S. -

NOTA 1.- José Delgado Guerra “Pepe Hillo” nació en Sevilla en 1754. Con 15 años formaba parte de la cuadrilla del rondeño Juan de Dios Romero, en 1770 iba a las órdenes del sevillano Damián Gallo, en 1771 era subalterno de José Cándido Expósito y en 1774 de Joaquín Rodríguez “Costillares”, pasando en 1775 a ser primer espada y jefe de cuadrilla. Compitió con el propio “Costillares”, que era cinco años mayor que él, y, sobre todo, con Pedro Romero el de Ronda, que tenía su misma edad. Al retirarse este último en 1799, dejó a “Pepe Hillo” como el líder absoluto del toreo a pie, liderazgo que le duró muy poco tiempo, pues el 1 de mayo de 1801, el toro “Barbudo” del ganadero de Peñaranda de

Bracamonte, Don José Gabriel Rodríguez, lo mató de una cornada en el pecho en la plaza de toros de la puerta de Alcalá de Madrid.

NOTA 2.- Hoy día se tiene la idea de que la suerte de varas sirve para restar fuerzas al animal y, al mismo tiempo, medir la bravura del mismo. Sin embargo, el cometido que el picador tenía, en su origen, como verdadero objetivo, era ahormar al toro para que, en los otros dos tercios de la lidia, o sea el de banderillearlo y el de darle muerte, se pudieran realizar con más facilidad y mejores resultados. Y ahormar no es lo mismo que restar fuerzas. Ahormar es castigar la zona que le hace mantener al toro la cabeza alta y, en consecuencia, obligarlo a que la baje y permita banderillearlo y entrarlo a matar más fácilmente. Por el contrario, restarle fuerzas es hacer oposiciones a que el toro ruede por los suelos y le cueste trabajo mantenerse de pie. Por otro lado, la bravura o mansedumbre se prueba tanto en el caballo como en otros lances y momentos de la lidia. Y, desde luego, el hecho de que un toro vaya raudo y de lejos la primera vez que acude al caballo, no significa nada, porque no sabe que allí lo van a castigar. Sí se podría apreciar tal bravura si el toro entrara al caballo más veces, no ya dos como ahora, sino hasta diez o doce veces como antiguamente, y siempre lo hiciera con prontitud y desde la distancia. Así si se demostraría la bravura.

NOTA 3.- La primera “raya de picar”, que queda más próxima a la barrera, se empleó por vez primera en la corrida de la Feria del Pilar de Zaragoza del día 16 de octubre de 1908, en la que se lidiaron reses de Pablo Romero, cuando aún no existía la protección del peto. La idea era obligar a que se picara en la cercanía a las tablas, evitando la desprotección que, para caballo y picador, suponía salir a hacerlo en el tercio o en los medios. Dicha “raya de picar” se estableció como obligatoria en todas las plazas a partir de la temporada de 1917. En el Reglamento Taurino de 12 de julio de 1930 se establecía en su artículo 40 que “la circunferencia concéntrica con la barrera tendrá un radio equivalente a las dos terceras partes del de la circunferencia del ruedo y no podrá rebasarse por los picadores”. La segunda “raya de picar”, o sea la más alejada de la barrera, se empezó a pintar años más tarde, cuando ya existía la protección del peto, a instancias de Domingo Ortega, que la recomendó para evitar que se pudiera meter al toro debajo del caballo a base de capotazos, pero no fue obligatoria hasta la temporada de 1959, y se reguló por primera vez en el Reglamento Taurino de 1961 diciendo que la primera raya debía situarse a siete metros de la barrera y la segunda a nueve. En el reglamento de 1992 se aumentó la distancia

de la segunda raya hasta los diez metros. En el vigente Reglamento de 1996 modificado en 2001, se establece en su artículo 72, puntos 2, 3 y 5 que “el picador obligará a la res por derecho sin rebasar el círculo más próximo a la barrera…, la res deberá ser puesta en suerte sin rebasar el círculo más alejado de la barrera… y si la res no acudiera al caballo después de fijarla por tres veces, se pondrá en suerte sin tener en cuenta el señalado círculo”.

NOTA 4.- La suerte del “Señor Zaonero” era conocida también como la “verónica del picador”. Se realizaba como tal lance de capote, citando en las afueras, con el toro en los adentros y a cierta distancia, y al llegar a la jurisdicción del piquero, en el momento en que el animal bajaba la cabeza para derrotar, se le ponía la puya, mientras caballo y toro cruzaban sus caminos y cambiaban los terrenos, saliendo el toro hacia los medios y el caballo hacia las tablas. Era una forma de picar de mucho riesgo, por lo que pronto cayo en desuso. El nombre de “Señor Zaonero” (o Zahonero como es correcto escribirlo), proviene de que así llamaban a esta forma de hacer la suerte, los miembros de la cuadrilla de “Paquiro”. Se supone, y es posible, que así se apellidara el varilarguero que la uso por vez primera.

NOTA 5.- La muerte de caballos en el ruedo era algo tan habitual y masivo, que en los reglamentos taurinos se recogía el número de jamelgos que obligadamente tenía que haber disponibles, dependiendo de la categoría de la plaza, llegando hasta una dotación de 36 caballos por corrida. Como simple ejemplo: El toro “Catalán” de Miura, lidiado en Madrid el 5 de octubre de 1902, mató cinco caballos; “Dormido”, también de Miura, corrido en Barcelona el 22 de mayo de 1904, mató seis equinos; o “Dinamito II” de Manuel Albarrán, que se lidió en Badajoz el 15 de agosto de 1907, mató otros seis caballos. Era tal el número de animales que morían en los ruedos que, obligadamente, en las plazas existían dos tiros de mulillas, uno para arrastrar los toros y otro para retirar los cadáveres de los jamelgos, siendo esta la razón de que en algunas plazas de toros se siga manteniendo un doble juego de mulillas, aunque ya no por necesidad sino por mera tradición.

NOTA 6.- El artículo 65 del vigente Reglamento Taurino Nacional, establece que el peto debe estar hecho de material ligero pero resistente, sin que sobrepase los 30 Kg. de peso (los reglamentos vasco y andaluz rebajan a 25 Kg. más un margen del 15%), que cubra las partes expuestas del caballo, con dos faldones largos en la parte delantera y trasera, y un faldoncillo en la parte derecha, y se podrán utilizar manguitos

protectores (sin especificar peso, aunque en los reglamentos andaluz y vasco lo cifran en un máximo de 15 Kg.).

BIBLIOGRAFÍA

La Tauromaquia de Guerrita

Escrita por Leopoldo Vázquez, Luis Gandullo y Leopoldo López de Saa (Tomos I y II)

Edición de Mariano Núñez Semper

Madrid 1896 y 1897

El arte de torear (Tauromaquia de Francisco Montes “Paquiro”)

Edición de Afrodisio Aguado S. A.

Madrid 1948

Revista de estudios taurinos nº 9, páginas. 95 a 112

“Cumplen las puyas su misión”

Por: Luis F. Barahona Hernández; Antonio E. Cuesta López e Ildefonso Montero Agüera (Universidad de Córdoba)

Sevilla 1999

Reglamento Taurino Nacional

Real Decreto 145/1996

BOE nº 54 de 2 de marzo de 1996

Texto consolidado de 67 de octubre de 2001

La realidad de la suerte de varas.

La suerte de varas. (Revista Aplausos 20 de junio de 2011)

De seguir como hasta ahora, la suerte de varas podría desaparecer en un futuro no muy lejano. (Revista Aplausos 26 de diciembre de 2021)

Artículos de Rafael Comino Delgado


Cabanillas del Campo a 11 de junio de 2023

Cayetano Melguizo Gómez.


Jose Luis Cuevas

Montaje y Editor