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jueves, 31 de agosto de 2017

El agosto apoteósico de "Luguillano" y "El Puri" / Hace 50 años en la Plaza de Las Ventas


Luego por esas cosas que tiene el mundo del toro, llegaron a donde llegaron. En un caso, por una cornada tremenda que le dejó de recuerdo un toro de Guardiola; en el otro, porque la carrera su fue desvaneciendo poco a poco. Pero eso nada quita a aquel mes de agosto apoteósico, ahora se cumplen 50 años, que vivieron en el ruedo de Madrid Santiago Castro "Luguillano" y Agustin Castellano "El Puri", en ambas salieron a hombros, el vallisoletano después de haber cortado cinco orejas, el cordobés con tres en el esportón. Y en pleno agosto fueron capaces de poner el "No hay billetes" en el último domingo del mes.



Taurología / Agosto 2017 
Era el domingo 6 de agosto de 1967, se acaban de cumplir 50 años. En la plaza de Las Ventas se anunciaban seis toros de los herederos de don José Infante da Cámara, para una terna que formaban Manuel Amador, Santiago Castro “Luguillano” y Agustín Castellano “El Puri”. La corrida portuguesa sorprendió por su buen juego, por su bravura. “!Qué alegría --escribía Díaz Cañabate en su crónica para ABC[1]-- la de un toro que siente bullir su sangre, que a borbotones se derrama por sus lomos como agua alumbrada por un manantial”.

“¡Alegres toros portuguesiños: que mis palabras en vuestro justo elogio vuelen a los amenos y dulces campos de Portugal y que allá, en Vale de Figueira, se difundan como campanillas repiqueteadoras de la gloria que alcanzasteis en la plaza de Madrid!”, escribió más adelante don Antonio en una crónica, que tituló precisamente “Los alegres toros portuguesiños”.

Fueron de tanta calidad las reses de Infante da Cámara que merecieron ocupar toda la portada del semanario “El Ruedo”, con el escueto título de “Toros”[2]. 
En las páginas interiores, “Don Antonio” explicaba: “El público --entre los que hubo algún desmayo de turistas sensible-- salió enardecido de la plaza. Y es conveniente que estas corridas dejen sentir su acción benéfica; para que los espectadores --bien penetrados de lo que es de verdad el toro de lidia-- exijan que en Madrid, siempre, siempre, se mantenga este nivel posferial”.

La revolución de Luguillano y El Puri

Con estos toros, por mejor decir: gracias a estos toros, “Luguillano” y “El Puri” dieron una grandiosa tarde, que los puso en el candelero consiguiendo ambos una docena de contratos para el resto del año. En su crónica el maestro Cañabate lo contaba así:

“Luguillano” y “El Puri” cortaron seis orejas entre los dos. A tres por barba, ya está bien. Ni seré yo el que en esta ocasión se las regatee. Son muchachos que torean poco. El domingo en Madrid torearon mucho. Torearon con toros que ni por azar --¡Oh poder de la casta pura!—doblaron ligeramente sus manos. Torearon a placer, como se torea a los toros alegres porque son toros. Torearon con valor, meritorio con un toro, grotesco con un borrego. Torearon aupados por el clamor de un público asombrado de ver toros y estimaba el toreo de los toreros en relación con la fiereza y nobleza de los toros”.


“Luguillano y “El Puri” torearon mejor --añadía-- que bastantes de los campanilleros de la propaganda. Torear no es hacer tonterías. Torear es ponerse a la altura del toro que puede con un derrote desbaratar soporte. Y a la altura de los estos estuvieron “El Puri” y “Luguillano”, que mataron con decoro. “Luguillano” al segundo de una estocada y dos descabellos y al quinto de una estocada sin puntilla. “El Puri” de una estocada al tercero y al sexto de otra”.

Tanto Luguillano como El Puri habían cortado a una oreja a sus respectivos primeros toros. Lo más grande vino en el segundo turno, según dejó narrado El Ruedo”. “Luguillano” frente a “Desleixado”, el que construyó “una faena admirable y sabia, que junto a los pases clásicos intercaló el estilo moderno --circulares, cambios, abaniqueos y adornos--, siempre con temple, siempre mandando en el toro, sumiso a la muleta”., de acuerdo con la crómica del semanario.

Por su parte, “El Puri” en el que cerraba la tarde “brindó al público y empezó su faena --muy valerosa, emocionante hasta la angustia-- con dos pases de rodillas, dando todas las ventajas a su enemigo, para seguir en series con la derecha y apartarse para citar con el cucurucho en la izquierda, para ligar una magna tanda y pasar al estilo de hoy en circulares y pasecillos de tirón y desprecio --aportación cordobesista-- girando vertical y erguido ante la embestida del dominado toro”.

En resumen, venía a decir “Don Antonio”, “tarde gozosa para los dos muchachos, para los aficionados, que vibraron gozosos y entusiasmados ante la estupenda belleza de la corrida y la gallarda actitud de los dos espadas —coincidentes en todo, hasta en venir vestidos de celeste y oro—, que supieron hacer honor a los toros portugueses”.

La repetición en un mano a mano

Visto el éxito, faltó tiempo a don Livinio Stuyck para repetir a ambos toreros en Madrid, ahora en un mano a mano, con toros de Alonso Moreno de la Cova. Aquel 27 de agosto se acabó el papel en Madrid, según ABC[3] ; “faltó un cantito así para que en las taquillas se colocará el cartelito de "No hay billetes" , en la estimación que hizo “El Ruedo”[4].

“Se llenó la plaza. Flotaba el aroma de una espléndida corrida con toros de Infante da Cámara. Y se recordaba la lucida actuación de los mismos espadas de aquel día: “Lugillano” y “El Puri”, que bien se las hubieron con los bonancibles bichos portugueses, Por eso se puso el cartel de “No hay billetes”. La expectación estaba plenamente justificada”, escribía Andrés Travesí en “ABC”, ausente Díaz Cañabate por coincidir el festejo con el final de las Corridas Generales de Bilbao[4]


Al ocasional cronista abecedario le vino a parecer excesiva la salida a hombros de ambos espadas, sobre todo por la algarabía que formaron los partidarios de los toreros. “Encajaba en una plazuela de pueblo”, escribió sobre ese momento.

Pero la corrida seleccionada para el mano a mano distó demasiado de la portuguesa de veinte días antes. Los de Moreno de la Cova “tenían casta, genio, que eran ásperos y no fáciles. Todo resultaba muy distinto de lo que sucedió hace veinte días. Eran toros para ser toreados y muy toreados. Toros que pedían castigo, pero bien dado, y que no lo tuvieron. Toros que más de uno tildará de mansos, por sus extraños tercios de varas”
“Luguillano”, en “una labor meritoria”, le corto una oreja al 1º y otra al 5º; “El Puri”, que anduvo premioso toda la tarde con la espada, dio dos vueltas al ruedo en el 2º y perdió el posible premio en el 6 al demorarse a la hora de matar.

Un juicio más entregado suscribió Jesús Sotos en las paginas de “El Ruedo”, para quien esta segunda tarde podría definirse como de "Corazón, valentía, garra y arte." 
Lo justificaba en estos términos: “El público adivinó que con estos toreros, con toreros con casta, poco o nada importaría la ganadería asignada. Se adivinó, decimos, que fuera bueno o malo lo que saliera por los chiqueros, se la iban a jugar los dos diestros. Aquí, lejos de lo publicitario, si que es verdad eso de "éxito o enfermería".

Pero luego, “sólo dos toros hicieron algo en favor de los toreros, los dos últimos de la tarde. Los otros --¡ay!-- les faltó trapío. Toros terciadillos, ásperos, incluso con malas intenciones... y con la edad cumplida, eso que tanto y tanto echamos de menos en corridas calificadas "a priori” de excepcionales”.

Acerca de la actuación del vallisoletano, Jesús Sotos proclamaba en “El Ruedo”: “ha convencido plenamente a propios y a extraños, que reclama un puesto de postín, después de esas dos matriculas de honor conseguidas ante la cátedra exigente. Luz verde para Luguillano, ese torero-torero. ¡Y qué más dan los premios conseguidos! Lo importante es su lección. Cortó una oreja a su primero y otra al último. En el tercero —un toro probón y difícil— su faena fue breve. Digamos que en el quinto de la tarde, la faena de Santiago Castro debió de tener como premio dos orejas, pedidas con insistencia. Se negó la presidencia --¿por qué si hubo sobrados méritos para cosechar tales trofeos? ¿O es qué no tiene mérito lidiar como Dios manda a un toro hecho, cosa que de tarde en tarde advertimos en las mismísimas corridas isidriles?-- y hubo bronca postinera y razonada para los del primer palco. Luguillano se vio obligado así a dar tres vueltas al ruedo... y más porque no quiso”.


Y a propósito del torero de Bujalance (Córdoba), opina que “otra vez ha vuelto a triunfar Agustín Castellanos "Puri". Repetimos: ¡Qué más da que en esta ocasión no pudiera cortar ni un solo apéndice! Lo realmente importante --lo que debe de importar, claro-- es que está en un momento interesante y a punto. Es valiente a carta cabal y en posesión suya son las bien llamadas artes toreras. Sabe el oficio y a él se entrega con estilo vistoso y descomunal garra. Pudo el domingo alzarse con el éxito orejeril, repetimos (vale esto sólo para una publicidad "in extracto" de agencia informativa), pero le falló en exceso el manejo de espada y verduguillo”.
________________

[1] Antonio Díaz Cañabate. ”Los alegres toros portuguesiños”. ABC, 8 de agosto de 1967, Pág. 53
[2] El Ruedo, número 1207, de 8 de agosto de 1967. En su pág. 12 se incluye la crónica de “Don Antonio”, con el título “El brindis a don Livinio”.
[3] Andrés Travesí. “Como en una plazuela”. ABC, 29 de agosto de 1967, pág. 53
[4] Jesús Sotos. “Luguillano y El Puri. ¡Dos toreros.” El Ruedo, nº 1210, de 29 de agosto de 1967.
[5] Aquel 27 de agosto de 1967, en la última de las Corridas Generales de Bilbao, con la plaza casi llena, se lidiaron 5 toros de Eduardo Miura y un sobrero de Antonio Pérez (7º bis), para Andrés Vázquez (silencio y silencio), Efrain Girón (una oreja y vuelta al ruedo) y Manuel Amador (palmas y tres avisos); con un toro de Lisardo Sánchez, por delante actuó el rejoneador Rafael Peralta (vuelta al ruedo)

Nota de documentación:

Santiago Castro Sanz “Luguillano” es natural de Mojados (Valladolid), donde nació el 16 de diciembre de 1943. Tras una carrera brillante como novillero, tomó la alternativa en Castellón el 2 de agosto de 1964, de manos Antonio Bienvenida y con César Girón de testigo. Se retiró definitivamente de los ruedos en la plaza de Barcelona en 1969, como consecuencia de las secuelas que le quedaron de una cornada muy grave que le infirió unos meses antes un toro de Guardiola. En su haber cuenta con tres salidas por la Puerta Grande de Madrid como matador de toros y cinco como novillero.

Agustín Castellanos “El Puri” nació en Bujalance (Cordoba), el 11 de noviembre de 1944. Debutó en los ruedos en la plaza de Ronda, en compañía de Gabriel de la Haba “Zurito”, el 10 de julio de 1960. Como novillero se presentó en Madrid el 15 de septiembre de 1963. Su alternativa tuvo lugar en Córdoba, siendo padrino “El Cordobés” y testigo Manuel Cano “El Pireo”, con toros de Carlos Núñez. La confirmación en Madrid tuvo lugar el 18 de julio de 1966, con Palmeño y Jerezano, ante toros de Murteira Grave. En 1969 se retiró, para en 1971 pasar a engrosa la cuadrilla de Antonio José Galán. En una última reaparición, concluyó su carrera como matador de toros en Córdoba, en 1975, en un cartel que completaban Fernando Tortosa y “El Hencho”, con toros de Clemente Tassara; por delante actuó el rejoneador Fermín Bohorquez.
Por: Del Toro al Infinito
JUAN LAMARCA


sábado, 26 de noviembre de 2016

Manolete. La culminación de un sueño (VI) De Guerrita a Manolete (6ª parte)

Por Jose Morente
Manolete fue un lidiador sobrio y muy eficaz que consiguió dominar pero a base de torear por naturales a la mayoría de los reses a los que se enfrentó en su vida. Por eso, muy pocas veces tuvo que recurrir a esa vieja lidia que, sin embargo, tan bien conocía y tan bien practicaba (Fotografía publicada en El Ruedo)

Del toreo de "pasos sin pases" al toreo de "pases sin pasos"
.

Decíamos en la entrada anterior que la mejor manera de entender el toreo de Manolete era -por puro contraste- comenzar por ver torear a Domingo Ortega.

Y, en efecto, el toreo del torero de Córdoba es diametralmente opuesto al del toledano. No solo desde el punto de vista de la estética sino también en su técnica y en su concepto.

Para Ortega, torear es dominar al toro, poderle, someterle... El toreo de Ortega se basa en una lidia hecha, no de pases ("torear no es dar pases" diría después) sino de pasos, de muletazos en movimiento, entrando y saliendo continuamente del terreno del toro.

Manolete desmontó en las plazas toda esa teoría de Domingo Ortega.Hasta que llega Manolete a la fiesta, lidia y toreo iban separados. A partir de Manoletelidia y toreo se funden. Manolete dominará a los toros (a todos los toros) toreando por naturales, colocado en su centro, sin moverse, lo que supuso una impactante novedad.

Manolete toreando a un complicado toro de Miura en Barcelona, el 2 de julio de 1944. Su toreo era siempre el mismo fuesen cuales fuesen las condiciones de los toros (Fotografías del blog Tauromaquia murciana)

Ortega no se lo perdonó. 

Ortega no le perdonó la frase. Por eso, en la Conferencia del Ateneo, le quiso ajustar las cuentas que no pudo ajustar en la plaza y le acusó de transgresor de las normas clásicas cuando el clásico era el de Córdoba (Lo clásico en el toreo es cargar la suerte con los brazos no con las piernas), pero… la conferencia de Ortega le vino de perlas a los antimanoletistasque no paran de repetir todavía hoy las cosas que dijo el del Borox.

Una lástima porque Ortega, obsesionado como estaba con desmontar el toreo de Manolete, un toreo cuya importancia y verdad no fue capaz o no quiso entender, perdió la ocasión de explicar su propio toreo.


Así se tenía que haber llamado la conferencia de Ortega en el Ateneo: "El arte del toreo cambiado". Pretender encerrar todo el toreo en unos moldes particulares personales fue un dislate.

Lidia y toreo fundidos

Con Manolete y desde Manolete, ya no se lidia primero, sino que se toreadesde el primer momento. Manolete ya se lo dijo a Ortega:
“Mientras usted se dobla con el toro yo ya le he dado cinco naturales” 
Con Manolete se va al garete ese planteamiento arcaico que sostenía que primero había que lidiar  dominar al toro y luego, conseguido lo anterior, si se conseguía, torearlo. Hoy, eso se admite y celebra pero se admite y celebra mucho más lidiar toreando. Ese "pronto y en la mano" que diría años después el manoletista maestro Antoñete.

Fue ese un planteamiento que tuvo mucha enjundia e importancia porque iba a cambiar el rumbo de la fiesta de forma irremisible para los años venideros.

Hay que advertir también que eso de dominar a los toros, toreando en redondo, no era un concepto nuevo. En un artículo de la Lidia de mil ochocientos ochenta y tantos, ya se decía que el toreo en redondo era el que más castigaba a los toros, el que más los destroncaba, el que más los obligaba.

No era un concepto nuevo pero no se alcanzó, al menos de forma sistemática, hasta que pisó los ruedos el diestro de Córdoba. Quien puso en práctica ese sistema, todas las tardes y con todos los toros, ya fuesen dóciles o fieros, suaves o broncos, fáciles o peligrosos.

Se cumplía así también la profecía de Belmonte: "Llegará un día un torero que toreará a todos los toros".

Ahí, el de Córdoba, con su novedoso planteamiento, marcó la diferenciacon el resto de la torería de su época y de todas las épocas.


Uno de los naturales de Manolete más difundido. El que dio en Barcelona a un toro de Miura en 1944 ¡Para que luego digan que el toreo en redondo sólo se puede hacer con toros dóciles bobalicones!
Como comenta Antonio Luis Aguilera, el toro de la foro se llamaba "Perfecto". Perfecto como el muletazo del diestro de la Lagunilla. 

Manolete. La culminación de un sueño (V) De Guerrita a Manolete (5ª parte)

Por Jose Morente


Domingo Ortega (Fotografía de Alberto Schommer)


Una rara avis el toreo de su época

Hemos ido viendo, en las entradas anteriores, todo el proceso previo de creación del toreo moderno en redondo, desde Joselito el Gallo, quien toma como referencia a Guerrita hasta Chicuelo. Un proceso que culminará en Manolete.

Mientras los públicos y los toreros de la Edad de Plata (en México, de Oro) se dedican a matizar y perfeccionar el toreo a base de series de pases naturales, ora con la izquierda, ora con la derecha. de la mano de toreros tan geniales objetivamente como Armillita o tan importanteshistóricamente como Villalta, respectivamente, serán pocos, muy pocos, los que seguirán practicando de forma exclusiva el toreo cambiado. Y digo de forma exclusiva porque ese toreo no sólo no desparece sino que todavía en esa época seguiría siendo el predominante.
Uno de esos toreros, de pura línea cambiada, ya lo hemos comentado, fue Juan Belmonte, fiel a su estilo hasta el final de sus días. El otro, fue un torero de la época (y de época) que ha pasado a la historia, tanto por su forma de torear como por sus virtudes como catequista. Me estoy refiriendo, como muchos habrán adivinado a Domingo Ortega.

Ortega, que llegó al toreo en edad madura, le resultó fácil -gracias a su innata capacidad- ponerse en primera fila desde el primer momento. Luego, en la posguerra, resultó barrido, como todos los demás diestros, por el fenómeno Manolete y, aunque parece que el trato entre ellos fue siempre relativamente cordial, el de Borox no le perdonaría nunca al de Córdobahaber cuestionado y puesto en solfa su modo de torear, algo que analizaremos en los próximos post.

Pero hoy, no me interesa esa disputa póstuma del Ortega supervivientecontra el Manolete fallecido en Linares, sino el contraste entre esas dos formas de torear (el toreo en redondo y el toreo en ochos) tan diferentes técnicamente. Dos formas que conforman dos mundos opuestos, como ya vimos en la primera entrada de esta larga serie.


El toreo de línea natural y el toreo cambiado

Que el toreo de línea natural (del que nace el toreo en redondo) es algo diferente -y no sólo técnicamente- del toreo cambiado (el que se hace en ochos), se puede apreciar fácilmente comparando estas dos imágenes de Ortega y Manolete, respectivamente.


Pase de pecho de Ortega (arriba) y natural de Manolete (abajo)

El pase de pecho de Domingo Ortega es el mejor ejemplo, el más ilustrativo, de lo que es el toreo cambiado. Igual que el pase natural de Manolete, resume en una sola imagen todo un concepto del toreo, el toreo de línea natural.

Y además, cuando un torero es coherente con su propio concepto del toreo, como lo son Ortega y Manolete, todo lo que hace ese torero se encuentra dentro de su concepto. Por eso, el natural de Ortega es... poco natural y se aproxima más al trazo y contextura de un pase de pecho, al de un pase cambiado o al de un trincherazo.

El pase natural de Ortega tiene toda la tensión del toreo cambiado, desplazando al toro fuera de su línea. El natural de Ortega es un natural grandioso y maravilloso pero es... poco natural.
Lo mismo ocurre con el pase de pecho de Manolete, torero de máxima pureza y coherencia con su concepto del toreo de linea natural. El trazo de su pase de pecho, resulta también forzado, extraño. Su "aire", se acerca más al trazo de su pase natural que al trazo y estética del toreo cambiado.

Manolete en un pase de pecho que tiene muy poco del toreo cambiado y mucho de su propio concepto del toreo, El toreo de línea natural
Para entender el toreo de Manolete, el toreo de línea natural, nada mejor que empezar entendiendo (viendo) el toreo opuesto, el de línea cambiada. Vamos a ver imágenes de Domingo Ortega. Pero no esas ya tan manidas del Ortega de la posguerra en la plaza, en festivales o en el campo, toreando con suma suavidad, dominio y maestría, andando siempre a los toros, sino imágenes del Ortega de antes de la guerra, el que siempre le podía a todos los toros. Con una muleta como un látigo.

Son imágenes de una faena en Alicante que pudimos rescatar de un noticiero italiano y que volvemos a traer a estas páginas por su importancia como testimonio y documento de una forma de torear que ya no se ve.

Ortega torea alternando pitones, haciendo pasar y repasar al toro por delante suya, por los terrenos de afuera, metiendo la pierna, empujando hacia afuera. Toreo de expulsión que no de reunión. Un toreo técnicamente muy complejo y difícil por su continuo movimiento.

Ortega utilizaba siempre (antes y después de la guerra aunque con distinto son en cada etapa) la misma técnica: la técnica del regate descrita en las viejas tauromaquias. Era su método universal para todos los toros: los broncos y los nobles, los bravos y los menos bravos, los fieros y los dóciles.

Un toreo de deslumbrante maestría pero que no tiene nada que ver (¡pero nada!) con esas teorías que, a partir de sus textos, que no de su toreo, han elaborado los CorrochanoVidal Cía,. A mí después de ver esto que no me vengan ya con cuentos chinos sobre como se torea o como se debe torear. Ya no cuela.

El toreo de Ortega fue siempre (y especialmente en su última época) personal e intransferible. Un toreo siempre en movimientomagnífico para quien quiera o sepa verlo pero que, no sé si por suerte o por desgracia, no hizo (no podía hacer) Escuela.




domingo, 20 de noviembre de 2016

Manolete. La culminación de un sueño (IV) De Guerrita a Manolete (4ª parte)

Por Jose Morente

No es de recibo que se rebaje a torero "meramente pinturero y gracioso" a quien es capaz de soñar un natural como este. 
La importancia de Chicuelo en la historia del toreo en redondo, está fuera de toda duda. Fuera de toda duda salvo para el belmontismo militante empeñado en cambiar la historia (Chicuelo con Corchaíto en Madrid, en 1928)

Chicuelo, el incomprendido

Cuando en 1961, Pepe Alameda publica "Los arquitectos del toreo moderno" sabía que el toreo en redondo había sido propugnado por Guerrita en su Tauromaquia y en las plazas y, también sabía que, luego en el interregno de Bomba Machaco (quienes habían impuesto la moda del toreo espatarrado), ese toreo en redondo había desaparecido  de las plazas para, finalmente, resurgir en la Edad de Plata y culminar esplendoroso en Manolete.

Pero a Alameda, que aún no había visto la película de los siete toros de Joselito en Madrid, le faltaba el nexo con el Guerra y puesto que Joselito nada nuevo había traído al toreo (o, al menos, eso decían todos) Alameda consideró que el puente entre Guerra y Manolete no podía ser otro que Chicuelo, el torero que, en su época, mejor supo encarnar esa forma de toreo.

Pero dado que el toreo de Juan Belmonte era la base del toreo moderno (o, al menos, eso decían todos), Alameda no tuvo más remedio que atribuir a Chicuelo el mérito de haber resuelto el problema que Juan habría planteado aunque no supo resolver: Redondear el toreo en redondo.

Alameda acertaba al atribuir a Chicuelo un papel relevante en esta historia pero se equivocaba al atribuir a Belmonte una intención que nunca tuvo.

En cualquier caso, las tesis de Alameda, levantaron ampollas entre los numerosas huestes belmontistas. El problema es que, algunos, para desmontar esas tesis, no tuvieron mejor ocurrencia que desmontar Chicuelo, El belmontista más destacado, Luís Bollaín, llegó a decir:
No; Chicuelo, no está aquí; Chicuelo no es ese. A Chicuelohay que buscarle (...) en el Imperio de la Gracia. Chicuelo ha sido, en rigor de exactitud, uno de los artistas de más "duende" que ha conocido el mundo del toreo (...) Porque en su cuerpecillo menudo cabían de verdad (...) la Giralda, el Parque de María Luisa y el Barrio de Santa Cruz. Y todo sirviendo de aderezo a un saber torear como los ángeles, y a una picardía taurina... como los demonios.
Nunca he entendido que para defender una cuerda del toreo (el toreo en ochos) haya que denigrar la otra (el toreo en redondo), como si ambos modos de torear no cupieran a la vez en los ruedos, pero menos entiendo aún que se pretenda rebajar el mérito de un torero tan grande como Chicuelo sólo para mantener en un falso pedestal a Juan Belmonte y, lo más triste, hacerlo de esa forma tan pretendidamente ingeniosa en la forma pero tan despectiva en el fondo.


La importancia de Chicuelo

No, Chicuelo, no es el torero pinturero y ventajista que pinta BollaínChicuelo es algo más que eso, mucho más. Para empezar, Chicuelo fue gallista hasta la médula y continuador del toreo de Joselito como bien nos cuenta Alameda:
Chicuelo es, sin duda, discípulo de Gallito, no por lecciones directas pero sí por haber respirado desde niño en su atmósfera y bebido en su fuente. Es sabido que José fue un decidido admirador de Chicuelo como torero en agraz, en quien veía, aunque indecisa de carácter, esa orientación técnica que lo ligaba con lo suyo.
Chicuelo -prosigue Alameda- le encajaba mejor ese toreo de "menos" piernas más cintura que era la base de la faena de los tres naturales ligados de Joselito. Un concepto del toreo que supo ver también, y muy bien, Manolete.

Cuando Alameda le dijo al torero de Córdoba que encontraba mucha similitud entre su forma de torear y la de Chicuelo, el Monstruo le contestó:
Así es –dijo sin titubear-. La gente no suele verlo, porque la gente no se fija en esas cosas, pero ese es mi toreo. Yo creo que el torero debe mantenerse lo más posible en su centro, en la línea. Y, en eso, el mejor que yo he visto ha sido Chicuelo.
El problema de Chicuelo, como también le dijo Manolete Alameda, es que Chicuelo sobre no ir sobrado de decisión, tenía muy mala suerte en los sorteos.

Visionadas las películas de José con su visionaria forma de torear, Alameda pudo reconstruir al fin el hilo perdido del toreo y situó a Chicueloen su verdadero sitio. El de recreador, del concepto del toreo de línea natural, que tenía Joselito, y el de transmisor de ese concepto a Manolete.
Fueron muchos los toreros que, en la Edad de Plata- siguieron el modelode faena de Joselito pero ninguno tan clarividente, tan fiel al concepto, tan meridiamente expresivo y coherente, como el torero de la Alameda, tal y como nos enseñó Pepe Alameda. Y tal y como sentenció Manolete.


Tauroteca. Un natural de Chicuelo

Puede que su poca regularidad explique el porqué hay tan escasasgrabaciones de Chicuelo disponibles hoy día. No sé si en México se conserva algo pero en España, creo que salvo unos lances el día de la reaparición del Gallo en Sevilla, unos pocos capotazos en Zaragoza, el año 21, y un quite en Málaga, el día de la alternativa del Manteca, no hay nada más. Nada de sus naturales engarzados en perfecta ligazón (la misma ligazón con la que engarzaba sus verónicas).

No hay nada o no había nada porque hemos conseguido localizar unas imágenes de Chicuelo en un tentadero. Toreando por naturales. Unos naturales en la estela del natural de Joselito. La misma estela que seguirá Manolete.

Para tener cabal idea, vemos primero el natural de Joselito. Un natural largosuaveen línea y rematado detrás del torero. Cargando la suerte con los brazos. Un natural mandón, muy mandón.


El natural de Joselito el Gallo

Un natura que no tiene nada que ver -ni en intención ni trazo- con el natural de Belmonte, más cruzado corto. Cargando la suerte sobre las piernas. Un natural más tenso dramático. Pero un natural sesgado y hacia afuera.


El natural de Juan Belmonte



Y ahora, vemos por fin, el natural de Chicuelo. Es de una película de la que ya publicamos un pequeño fragmento en este blog, hace tiempo. Son muy pocos fotogramas pero contienen dos o tres naturales, uno de ellos inmenso.

Un natural con el mismo concepto que el natural de Joselito. Con el concpeto del toreo de línea natural que hace posible el toreo en redondo. Un natural muy largo y muy mandón..Muy suave y elegante. El natural de Chicuelo.

El natural de Chicuelo


Es posible que estas imágenes sepan a poco, pero creo que son suficientes para captar toda la grandeza del toreo de muleta de ese gran y genial torero que se llamó Manuel Jimenez Chicuelo. El torero de la Alameda.

Manolete. La culminación de un sueño (III) De Guerrita a Manolete (3ª parte)

Por Jose Morente



Dos de los siete (7) naturales que Joselito el Gallo le propinó en Madrid a un toro de Gamero Cívico el día del Santo del año 16. Joselito toreaba en redondo con mucha frecuencia.

El toreo en redondo de Joselito el Gallo

De Joselito hemos hablado mucho en este blog, quizás demasiado como me reconviene algún buen amigo. Sin embargo, su figura resulta imprescindible para entender la historia del toreo en redondo. 

Joselito torero ecléctico (igual que Paquiro, Chiclanero o Guerrita) es el perfecto contrapunto de Belmonte. Sin José, la aventura del toreo en redondo hubiera abortado antes de despegar, arrasada por el cataclismo(literal) que, en la fiesta, provocó el Pasmo de Triana, ajeno totalmente a esa forma de torear. 

En efecto, Juan no toreó nunca en redondo (las dos o tres ocasiones en las que lo hizo, no pasan de ser una anécdota por más que se trate de una anécdota de gran categoría). Joselito, por el contrario, gustaba de torear en redondo, muchas tardes y a muchos toros. Lo que está documentadoen las reseñas de la época.

La faena tipo del torero de Gelves comenzaba con un pase por alto y continuaba con tres naturales seguidos y ligados, dejando la muleta en la cara y manteniendo fija la pierna de salida, eje de su toreo. Joselitotoreaba sin menear los pies, tendiendo la suerte que cargaba con los brazos no con las piernas (lo de cargar la suerte con las piernas pertenece a otra historia, la historia del toreo cambiado). 

Luego, después de ese toreo en redondo, venía el toreo en ochos por la cara o los adornos desplantes pues José era un torero muy largo, pero eso venía después... después de torear como hemos contado.

Cuando el toro lo permitía, Joselito podía seguir dando naturales hasta cansarsey cansarlo. Eso pasó en Madrid un día del Santo del año 16, con un toro de Gamero Cívico, al que le propinó ¡Siete naturales seguidos! entre la admiración del público (Ya vimos en la primera entrada que repetir una misma suerte por un mismo pitón era una proeza. Imagine el lector lo que supondría repetirla 7 veces. ¡Un escándalo!).

Vamos a poder ver en vídeo, varios ejemplos de esa faena tipo de Joselito. Antes de verla, conviene ponerse en situación y recordar que estamos en el principio de una nueva época. Cualquier comparación con el toreo de hoy, sería odiosa y, sobre todo, que más difícil es abrir caminos que transitarlos.

José podremos verle en Madrid (el día de los 7 toros de Martínez), en Sevilla (en unas imágenes de la feria del año 15, probablemente), otra vez en Madrid (el día de la despedida de Bombita) y en BarcelonaJoselitoconvirtió lo excepcional en norma como luego haría Manolete.

Sobre la faena de Joselito en Barcelona, un par de detalles. Primero, el comienzo con las dos rodillas en tierra. Segundo, su toreo cambiado, un puro ballet de elegancia y suavidad y luego ya, veremos ese toreo en redondo (tres naturales tras un espléndido kikiriquí) del que podemos disfrutar desde dos puntos de vista distintos (había dos cámaras en la plaza ese día del homenaje a Florentino Ballesteros).





Los epígonos del gallismo

Aunque Joselito no tuvo sucesor a su altura (Granero murió joven; Félix Rodríguez se malogró prematuramente y Marcial carecía de clase) todoslos toreros (repito: todos) siguieron su estela.

Nos contaba Rafaelito Chicuelo en la Alameda de Hércules (el día que me lo presentó mi buena amiga Salomé Pavón), que su padre, el inolvidable Manuel Jiménez Chicuelo, le decía que, en su época, todos los toreros eran gallistas (repito: todos). Y remataba diciendo que el más gallista de todos ellos, era, precisamente, Juan Belmonte.

Y no creo que se declararan así sólo porque de los muertos siempre se habla bien sino porque Gallito fue el verdadero referente de su época para todos los toreros. Tanto que su faena tipo de muleta, la de los tres naturales (y no la faena en ochos de Juan Belmonte), fue la que todostomaron como modelo, la que todos (repito, todos) siguieron.

Como hemos dicho, aquí pretendemos probar todos nuestros asertos. Por eso, vamos a ver dos faenas post-gallistas en la estela de Joselito. Una de un torero de la cuerda de José y la otro de un torero supuestamente de la cuerda contraria, la de Belmonte. Y resultan que los dos hacen el mismo tipo de faena que no es la que hacía Belmonte, sino la que hacía José.

Veremos, primero, a Marcial Lalanda, gallista confeso, en un pase por alto para seguir toreando luego por naturales en la Maestranza sevillana y, después, veremos, a Antonio Mázquez (oficialmente belmontista, hasta el punto que le llamaron el "Belmonte rubio") en Alicante, toreando, no al estilo de Juan, sino al de José, y ligando tres naturales seguidos tras un pase por alto. 

La faena estándar de Joselito se imponía mayoritariamente en la Edad de Plata, aunque muerto ya José y vivo Juan, los críticos se dedicaron a contar otra cosa diferente.

No supieron o no quisieron verlo, al contrario que los toreros, quienes, desde el primer momento, tuvieron muy claro cual tenía que ser su referente en el toreo de muleta. Creo que ahí empieza el divorcio entre lo que cuenta la crítica (que es lo que ve el aficionado influenciado por la crítica) y lo que los toreros hacían realmente en los ruedos. Un divorcio que llega a nuestros días.

Tan claro como los toreros, lo tuvieron también los públicos que recibieron alborozados ese toreo en redondo al natural. Tanto que, cuando un diestro se ponía a engarzar naturales como se engarzan las perlas de un collar, esos públicos de la época jaleaban y numeraban a voz en grito los pases ¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco,...!, animando empujando a los toreros en la hazaña de culminar el toreo en redondo.

Todo eso de los públicos entusiasmados y los naturales en serie, lo podemos ver también en imágenes, unas imágenes ya más conocidas de una faena del ínclito Marcial en Nimes, ya en los años 30. Lalanda se lía a dar naturales en serie y el público francés, exquisito, flemático y generalmente poco expresivo, acaba botando en sus asientos....¡Qué tiempos aquellos!



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Belmonte (mientras tanto) seguía a lo suyo

¿Y mientras tanto, que hacía Belmonte? Pues lo curioso o sorprendente, es que, mucho después de la (r)evolución gallista, Belmonte, reaparecido en Nimes en 1934, seguía a lo suyo, o sea toreando de muleta a la antigua,en su estilo cambiadoalternando pitones, ignorando y al margen de todo lo logrado en el toreo de muleta en esos años. Belmonte seguiría aferradoa esos ya viejos modos, toda su vida (las películas de sus faenas camperas a finales de los años cincuenta, poco antes de su muerte, lo atestiguan).

Juan fue insensible y se mantuvo al margen de la evolución del toreo de muleta que, personalmente, pienso que debe muy poco al trianero (por no decir casi nada). La verdadera aportación de Belmonte estuvo en el toreo de capa. En eso, alcanzó una cumbre que, muchos años después, permanece todavía esperando quien la iguale. Ha habido diestros que han toreado muy bien de capote, pero nadie ha aportado nada tan nuevo y tan sorprendente como lo que aportó Juan al toreo a la verónica.

Vemos su faena de muleta, de factura arcaicaen ochos, alternando pitones, cuando ya el toreo en redondo se había impuesto de modo imparable en todo el orbe taurino.




Postdata: El que no quiera verlo, que no lo vea (¡Allá él!). Pero, después de ver todo esto ¿Como es posible sostener en serio -como se ha sostenido y sostiene- que el toreo de muleta de nuestros días es herencia del toreo de muleta de Juan Belmonte?

¡Amos, anda! Que diría el castizo.


Belmonte siguió practicando el toreo cambiado toda su vida. Un toreo que había nacido en la época de la Guerra de trincheras (La Gran Guerra Europea de 1914.1919) y que tenía en los pases de trinchera (el trincherazo pero también la media verónica o el molinete) su peculiar santo y seña 

Manolete. La culminación de un sueño (II) De Guerrita a Manolete (2ª parte)

Por Jose Morente


Un Guerrita joven (Fotografía de Matarrodona)



La línea clásica del toreo

Decíamos en la entrada anterior de este blog que Manolete era torero de la más pura escuela clásica y que su concepto del toreo era el mismo que el de Chicuelo, Gallito o Guerrita. Un concepto muy alejado del toreo cambiado y en ochos que practican los toreros cuyo duro aprendizaje se ha producido en las noches de las dehesas o en las polvorientas tardes de las capeas, tales como un Belmonte o un Domingo Ortega.

Las afirmaciones dogmáticas les podrán parecer válidas a muchos aficionados pero nosotros nos hemos propuesto demostrar con pruebasdocumentales, siempre que podamos, nuestros propios asertos y eso es lo que vamos a intentar en esta entrada.

Vamos a rescatar algunas viejas películas de los toreros citados y vamos a comprobar como toreaban realmente. Un toreo que no tiene mucho que ver con lo que han contado los revisteros taurinos o los libros de historia del toreo.

La historia del toreo que cuentan los libros tiene algo que ver, pero no mucho que ver, con la verdadera historia del toreo, la del toreo por dentro (En la imagen, portada del Gran Diccionario Taurómaco de Sánchez de Neira)

Guerrita, el precursor

Empezaremos por Guerrita, el precursor de esta bonita historia del toreo de línea natural, el toreo en redondo

En puridad, y si pretendemos ser rigurosos, nuestra historia debería comenzar mucho antes. Como me apuntaban en Córdoba, el toreo en redondo tiene un antecedente lejano y probado en Cayetano Sanz. Del mismo Lagartijo tenemos datos fiables y suficientes para suponer que se encuadra también en esa escuela. Sin embargo, la carencia de películas de los diestros anteriores al Guerra nos aconsejan empezar nuestro relato con él.

Del Guerra se ha dicho que era un torero ventajista y que mangoneaba en la elección del ganado. Se añade que era un torero técnico que no emocionaba

Sin embargo, Guerrita es uno de los toreros más interesantes de toda la historia de la fiesta. Su mala prensa oculta a un torero genial cuya intervención en la evolución del toreo resulta capital.


Las aportaciones de Guerrita. El perfil en el capote y la pierna escondida en la muleta.

Guerrita es el primero que intuye que el toro tiene que evolucionar tanto en su apariencia como en su comportamiento. Por eso, frente a las destartaladas reses de la época de Lagartijo y Frascuelo impone cabezas más armoniosas y recogidas. También incita a sus picadores a aumentarel castigo en varas pues Guerrita, estoqueador sólo eficaz, va a tener su fuerte en la muleta (y no ya en la suerte suprema como Frascuelo Mazzantini). Y para poder trabajar de muleta con un mínimo de garantías, es fundamental que las reses lleguen convenientemente ahormadas al último tercio,

Estampa con sabor de época de un torero de culto: el madrileño Cayetano Sanz (Fotografía publicada en Pan y Toros)
Pero las aportaciones importantes de Guerrita son de mucho mayor calado y afectan al toreo de capa y al de muleta.

Por ejemplo, en el capote, Guerrita pone, a la verónica, de perfil, como se acredita en su propia Tauromaquia. Una innovación que permitirá ligar los lances de capa correctamente y que será aceptada de forma unánime.

Un documento impagableGuerrita toreando de capa en el campo en un tentadero el año 14. Guerrita puso la verónica de perfil como se comprueba en la imagen. Las manos van todavía muy altas pero el del tren inferior (con esa pierna de salida adelantada como corresponde al toreo en ochos) es plenamente moderno (Fotografía de Nuevo Mundo)
En la muleta, y aunque sigue citando de frente, atrasa en el natural la pierna de salida. Este importante dato lo conocemos de un escritor que nos merece absoluto crédito, F. Bleu, quien añade que, con ello, no se consigue ventaja pero si una posición idónea cuando, después del natural, el torero quiere engendrar otro natural o sea, torear en redondoGuerritasería, por tanto, el inventor de la denostada pierna escondida.

A la vista de todo esto, resulta que la tauromaquia 2.0 no es tanto un invento de los toreros de ahora sino del Guerra y los diestros que siguieron su estela. Una invención, además, aceptada de buen grado por los aficionados más conspicuos e integristas de la época ¡Me encantaría ver la cara que ponen algunos ante estos datos! (Aunque lo más probable es que sigan la táctica habitual de ignorar todo aquello que pueda contradecir sus "brillantes" teorías)

Guerrita en Madrid citando de muleta para un natural. El cite clásico de toda la vida con la muleta en la izquierda, el estoque en la derecha y el corazón en el centro. Hay mucha verdad y mucha ética en esa forma de citar.
Dos detalles importantes: Uno, la muleta a la altura del cuerpo, sin adelantar y dos, el torero al hilo, sin enfrontilarse totalmente.. 
Por cierto, cualquiera convence hoy a un aficionado neo.moderno que lo clásico es precisamente eso: citar así con la muleta retrasada al hilo del pitón. Pero así es. Así, precisamente así, citaba Manolete con la única mejora de colocar el cuerpo de perfil, no de frente, para poder ligar los muletazos, toreando en redondo (Fotografía de Sol y Sombra de una corrida  de Guerrita en Madrid, en marzo de 1898)

¿Como toreaba Guerrita de muleta?

Sin embargo, y por lo que sabemos, el toreo en redondo (que entonces se llamaba "pase en redondo" y que se componía de tres naturales ligados) no debía ser demasiado frecuente en esas últimas décadas del siglo XIX.

Lo habitual era que, de muleta, el torero torease situado en los terrenos de adentro (entre el toro y la barrera) y dejando al toro los suyos (las afueras). Al natural le seguía un pase cambiado y así sucesivamente,
Esto de alternar pitones tiene su enjundia y su lógica. Pues repetir el mismo lance varias veces, se consideraba entonces osadía temeraria. Cuando Belmonte engarza cuatro o cinco verónicas sin enmendarse, se monta un verdadero lío. Igual que cuando Gallito quiebra a un toro en Madrid, cuatro veces por el mismo pitón. Repetir lances se considera proeza que. cuando se hacía además por el mismo pitón del toro, alcanzaba caracteres de epopeya). Y es que los toros aprenden y se orientan (incluso en nuestros días es frecuente encontrar astados a los que no se les pueden ligar más de dos o tres naturales o derechazos seguidos sin que el toro se quede corto y empiece a puntear engaños y buscar el bulto).

Por eso, el toreo antiguo se hacía generalmente en ochos y alternando pitones. Que es, precisamente lo que vamos a ver hacer al Guerra en Beziers (en 1898) pero con una particularidad que, en vez de darle al toro un pase cambiado o de pecho después de un natural, Guerrita se cambiará la muleta de mano y le dará un pase por alto con la derecha, respetando el viaje natural del astado, sin cambiarle los terrenos.

No en balde, el Guerra es torero de esa cuerda, la de la línea natural. Sólo, en el primer muletazo (un ayudado), el toro pasa por el terreno de adentro y eso porque lo cita o distrae un banderillero.




La secuencia de la película. Primer muletazo por dentro (posiblemente por el cite de un banderillero. El segundo por alto con la derecha, el tercero, un naturalGuerrita torea alternando los pitones. Pero en el cuarto muletazo, cambiará la muleta de mano para mantener al toro en su terreno (Imágenes extraídas de la película de los hermanos Lumiére)
Por desgracia, en el resto de la faena, diestro y toro salen de cuadro sin que el operador de la casa Lumiére, sea capaz de corregir sobre la marcha el encuadre de la cámara pero ¡eso es lo que hay! Puede que pocopero, para mí, suficiente para saber como toreaba el Guerra: 

Erguido o encorvado (a Guerrita se le reprochó muchas veces torear demasiado encorvado, igual que se le reprochó a Joselito pero pisandola arena con mucha seguridad y poderío.

La seguridad y el poderío que dan el conocimiento.