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jueves, 9 de julio de 2020

JOSÉ SALÓ Y JUNQUET
CÓRDOBA FUE SU MUSA ... 


PINTOR, ESCULTOR, MÚSICO, FOTÓGRAFO Y COLECCIONISTA…

Nació en Mataró el 24 de noviembre de 1810 y falleció en Córdoba el 3 de septiembre de 1877.
Fue un gran pintor encuadrado artísticamente dentro de la época del romanticismo. Trabajaba en su juventud la miniatura, realizando sus primeras obras con la técnica del punteado.
Afincado en Córdoba practicó con maestría tanto la pintura como la escultura y el dibujo. También canalizó sus conocimientos técnicos y arte, en el campo de la restauración. Sin olvidar que fue un excelente pedagogo artístico, aunque su timidez le impedía en muchas ocasiones explicarse con soltura o llegar más allá en sus contactos profesionales. 


Era su característica más sobresaliente: un acusado apocamiento. Hasta el punto de que su comedida actitud perjudicaba el cierre de los tratos, tanto de venta como de compra de cuadros o esculturas de otros autores. Su amigo, el cronista cordobés Borja Pavón, servía de puente para finalizar con éxito los mencionados tratos.
Cuando deja la miniatura se dedica a realizar pinturas de gran formato, como por ejemplo la de Muñoz Capilla, Luis Ramírez de las Casas Deza, Joaquín Tarancón, el Espíritu Santo y La Trinidad para la mezquita-catedral, etc. 

LLEGADA A CÓRDOBA 

El padre de José Saló era médico y uno de sus primeros destinos en Andalucía fue Lucena y después Priego de Córdoba. Por cierto que el pequeño Saló se empapó de técnica pictórica, al lado del profesor lucentino Francisco López.
No obstante, en su preparación cultural, también tuvo mucho que ver la tierra que le vio nacer, pues en 1827 se trasladó a Barcelona, donde aprendió música y practicó de forma brillante el violín.
La vuelta a tierras andaluzas lo hace poco antes de cumplir los veinte años. Se presenta en Córdoba y logra un grado de aceptación tan importante que le llueven los encargos. Curiosamente, sus primeros duros oficiales, no le vinieron por los pinceles, sino por su dominio del violín. Pues se produjo una vacante en el Teatro Principal y la consiguió Saló. 

PRIMERAS OBRAS PROFESIONALES 

…”Luego le saldría la decoración de la farmacia de don Francisco P. Furriel y algún que otro decorado del Teatro Principal. Dinerillos que le permite afrontar los gastos de la boda con la cordobesa Josefa Prieto Berard.
Un encargo que le hace el comerciante José Paroldo, favorece el que deje sus ocupaciones y se especialice en las miniaturas, de tal manera que el escritor, farmacéutico y cronista cordobés Francisco de Borja Pavón y López nos dice, que en 1840 ya tenía pintadas más de seiscientas miniaturas.”…(notas de sus biógrafos). 

Miniatura-Guardia de la Real Persona del Rey 

Coleccionaba de todo, plantas, flores, objetos curiosos, libros y cuadros, con el inconveniente, ya apuntado, de que su gran timidez, le impedía tratar resueltamente con los propietarios de las obras o las piezas. La solución a la timidez, pasaba sin duda por la ayuda desinteresada que le prestaba el ya mencionado Borja Pavón.
Refiriéndose a la afición de coleccionista, Ramírez de Arellano escribe:
…”El expresado señor Saló, ha reunido en su casa, durante el espacio de cuarenta años, una buena galería de pinturas y esculturas de artistas notables, tanto nacionales como extranjeros”… 

ISABEL II 

En la época en que le visitó Ramírez de Arellano, Saló vivía en la calle Arenillas número 20.
En 1853 es nombrado académico numerario de la Real Academia de Córdoba, de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes.
En 1854 sufre la tragedia de perder a su único hijo Nicolás. Falleció de forma repentina en Madrid. El joven Nicolás destacaba ya como pintor, y fue un discípulo aventajado de Federico de Madrazo.
Precisamente en el año referido, abre en Córdoba una galería de fotografía. En la publicidad anuncia, entre otros servicios, la realización de retratos a fallecidos.
Otro hito relevante fue el nombramiento en 1866, como Director-Fundador y Catedrático de la Escuela y Museo de Bellas Artes de Córdoba. El recuerdo de la efeméride no pasó desapercibido –cien años después – para la Real Academia, cuyos miembros celebraron un solemne acto académico que presidió su presidente, don Rafael Castejón y Martínez de Arizala.

OBRAS CERCANAS 

De las muchas obras que realizó, entresacamos de nuestros apuntes algunas de las que permanecen cerca de nosotros, tales como los retratos de Muñoz Capilla y Luís María Ramírez de las Casas Deza (Real Academia); los obispos Joaquín Tarancón y Pedro Antonio de Trevilla (palacio Episcopal); Pacheco, Amor, y Esquivel (Instituto); Espíritu Santo y La Trinidad (Mezquita-Catedral); San Acisclo (museo de Bellas Artes de Córdoba); Benditas Ánimas (Adamuz); escultura de Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad, creación basada en la Soledad anónima del siglo XVIII, esta imagen de Saló ha sido restaurada posteriormente en tres ocasiones (Iglesia Conventual de San Cayetano), y el retrato de Isabel II, obra que le encargaron en 1854 y que entregó diez años después (Museo de Bellas Artes de Córdoba). 

FALLECIMIENTO 

Falleció el día 3 de septiembre de 1877 en Córdoba. Fue una conmoción en los medios culturales y de ello se hizo eco El Diario, mediante la pluma – como no podía ser de otra forma – de Francisco de Borja Pavón, amigo incondicional del artista. Artículo que por su sentido y acertado contenido, lo reprodujo íntegramente el Boletín de la Sociedad Económica de Amigos del País el 30 del mismo mes.
Detalla la crónica del suceso, que el profesor del Instituto Provincial don José Saló y Junquet, ex-director de la Escuela provincial de Bellas Artes, falleció el susodicho día, al salir de la casa de un amigo que vivía en la calle Jesús y María, al que acababa de visitar.
Su amor por Córdoba se le ha reconocido, dedicándole una calle – Calle Pintor Saló – situada en el entorno del parque del Cerro de la Golondrina. Merecido recuerdo, sin duda, al pintor que vivió sus mejores años, enamorado de nuestra ciudad. 









sábado, 27 de junio de 2020

CARLOS GONZÁLEZ-RIPOLL JIMÉNEZ 


Pintor cordobés nacido el 4 de Enero de 1919, quien a sus noventa años bien llevados, sigue brillando dentro del mundo de la pintura costumbrista. A dicha dedicación artística, claramente vocacional, hay que sumarle el conocimiento que tiene de ciertos personajes populares de antaño, así como del mundo cultural por excelencia. Todo ello impregnado de una chispeante locuacidad, que le ha permitido estar presente en muchas tertulias. Todas sus conversaciones, anécdotas y óleos, giran siempre alrededor de la Córdoba que tanto adora. ¿Quién no se ha parado ante un cartel de Adevida, sorprendido por la interpretación naif de algún rincón cordobés?. Paisajes urbanos de la ciudad, idealizados con el alma por el pintor, que mejoran la efectividad visual y el objetivo solidario del reclamo. Sorprende la candidez de las escenas y la veracidad de las mismas. Son como retratos o secuencias, plasmadas siempre desde el lado amable, de la historia más risueña y cercana de Córdoba. 




...”el arte y el cariño que le tenemos a la pintura, nos viene de mi abuelo
Rafael González-Ripoll Núñez, joyero de profesión, que dibujaba muy bien.
Tanto es así que le unía mucha amistad con Rafael Romero de Barros, como se
Comprobar en esa fotografía – nos señala una reproducción que está justamente enfrente de su mesa de despacho – donde están recibiendo clases de dibujo, nada menos que los hermanos Bécquer y mi abuelo...”... 

Se refiere Ripoll al insigne poeta Gustavo Adolfo, y a su hermano Valeriano Domínguez Bécquer.
El maestro Francisco Zueras, reconocido pintor, historiador y crítico, expresó su opinión acerca del estilo naif y de nuestro amable interlocutor: 




...”el pintor naif , es aquel que en cada cuadro se inventa la pintura, dando preferencia al hecho de “contar algo”. Pues bien, un extraordinario arquetipo de este concepto intuitivo y narrativo, es este gran artista cordobés, quien nos “cuenta” un sugestivo mundo costumbrista, a veces en perpetua fiesta, recordado con mucha ternura pero también con mucha ironía”... 

El señor Ripoll, sentado en el sillón de su estudio, rememora con humor, a uno de los personajes que ha llevado al lienzo; como “El Pavo”, un limpiabotas de Córdoba muy simpático y popular, al que engatusaron para que se montara en un globo, que despegó desde el ruedo de “Los Tejares” y que se quedó trabado en un eucalipto del Campo de la Merced...
También recuerda con nostalgia, a dos personajes que le dejaron huella, y que formaban parte del día a día de Córdoba, como por ejemplo, un sereno que atendía la calle Conde de Gondomar, y que le contaba gran cantidad de anécdotas, y al pulcro y atento “limpia” de ”Las Tendillas”, conocido por “El Mudo”, que se esmeraba como nadie, en mantener atractiva y reluciente su bicicleta, repleta de vistosos complementos. 




-Eran otros tiempos, ¿no? ...
-Y tanto, yo he conocido a muchos personajes populares, pero ahora no estoy en la vida... Por ejemplo era compañero de colegio de “Manolete”, del que recuerdo que era muy discreto. Tomé café con don Luis Gala, el padre del admirado Antonio Gala. Asimismo, me unió mucha amistad con los hijos de “Machaquito” Carlos y Rafaelito, que andaban bastante por “El Mercantil”. Y como no, amigo, colaborador y “cómplice” del hermano Bonifacio, personaje singular donde los haya; con el que además de ayudarle en todo lo que buenamente podía, tenía un acuerdo con él, para incentivar las dádivas en las reuniones, que era la siguiente: cuando aparecía el hermano Bonifacio y se dirigía a nuestra reunión, yo sacaba algunos duros y se los daba, de esta forma servía de “cabestro”, para que los demás se animaran y soltaran... Yo le decía en broma, que después me tenía que devolver lo que había puesto... Era una persona extraordinaria, con un comportamiento en todo momento correcto y muy generoso. Yo le quería mucho. 

Siguió el rumbo de la conversación, recordando a pintores cordobeses, entre los que no podía faltar Julio Romero de Torres y al hilo de las tablas, don Carlos nos contó el cómo y el por qué , a “Guerrita” lo inmortalizó el genial Julio en un lienzo:



...”el óleo dedicado a “Guerrita” firmado por Julio Romero de Torres, lo pagó la Banca Pedro López. El motivo fue que este banco sufría una importante crisis y “Guerrita” que era consejero del Banco de España, se opuso en una reunión del mismo, a que se le cortara el crédito a la banca cordobesa, argumentando que el propietario don Pedro López era muy buena persona y además de nuestra tierra, de Fernán Núñez . Y por si fuera poco, aseguró que si le faltara algún efectivo para sus normales transacciones bancarias, lo pondría él de su bolsillo... Esta postura facilitó que la banca Pedro López levantara cabeza. En agradecimiento, pagaron el importe del cuadro a Julio Romero.”... 

De su pintura nos indicó que siempre le había gustado plasmar todo aquello que le llamaba la atención, desde que tenía tres años; y es que en la casa, empezando por el abuelo, que era un artista y terminando por los nietos que también han manejado con maestría los pinceles, incluido naturalmente el protagonista de este trabajo, han ejercido de verdaderos artistas vocacionales. En concreto, recordamos a vuela pluma, a don Rafael González-Ripoll, que fue profesor en la Universidad Laboral de Córdoba, amigo y compañero por lo tanto, de los maestros: Barroso, Cordero y Zueras. 




...”mi forma de pintar es autodidacta, no he pasado por ninguna academia, y la interpreto a través de la expresión naif. Y lo que más me gusta son los momentos festivos y costumbristas de Córdoba. En este estilo, lo que se traslada al lienzo es un recuerdo no una inspiración”...

Y después de esta acertada definición de su arte, dejamos tranquilo a don Carlos González-Ripoll, entrañable cordobés que ha representado con los colores, una historia de la Córdoba festiva y popular, recogida, con afortunados textos y
reproducciones en el libro: “CÓRDOBA Y SU GENTE”, resultado de una dilatada existencia, vivida con la singularidad del personaje extrovertido que le ha tocado vivir y que ha representado tan fiel y felizmente. Su retina amable y los pinceles han hecho todo lo demás. 


martes, 16 de junio de 2020

LA CHIQUITA PICONERA


El pasado 27 de mayo se cumplieron 27 años de la muerte de María Teresa López González La Chiquita Piconera. Hoy tengo el placer de ofreceros, en primicia, una interesante entrevista que le formulo mi gran amigo, el periodista Alfredo Asensi, aproximadamente en el 1993, y que es la primera vez que se ofrece al público.
Aunque la charla entre ambos está editada, “dada su larga duración”- me dice- , contiene momentos realmente interesantes donde la modelo se abre al periodista con suma sencillez y veracidad. De interés es cuando le habla sobre su relación con Julio Romero –tan malintencionada por muchos– donde deja bien a las claras como fue la misma y desvelando lo que fue una relación normal entre lo que ella era, una niña, y la edad del pintor que “podía ser mi abuelo”.
Interesante testimonio donde Alfredo Asensi da muestra de su maestría como entrevistador siempre buscando la verdad con la sencillez y la oportunidad de sus elegantes preguntas.

José Luis Cuevas




Alfredo Asensi


VIDEO DE LA ENTREVISTA DE ALFREDO ASENSI A MARÍA TERESA LÓPEZ GONZÁLEZ 
"LA CHIQUITA PICONERA"