sábado, 3 de diciembre de 2016

Finito de Córdoba: “El mayor enemigo del toro es el taurino”


Juan Serrano, Finito de Córdoba, habla de su trayectoria sin barreras, salta al ruedo y torea uno de los toros a los que más teme: las entrevistas

Publicado por Eloy Moreno el 3/12/2016 a las 18:20
Con la tranquilidad de quien sabe que lo ha hecho todo y con el nervio de quien es consciente de su personalidad. De esas personas que miran con más miedo a un micrófono o una cámara de vídeo que a un toro de 500 kilos. Así llega Juan Serrano Pineda, Finito de Córdoba, galardonado con el Premio Puerta de los Califas a su trayectoria. Sirva este premio como inicio de una entrevista en la que Serrano habla claro, sin tapujos, 2no del mundo del toro, sino del mundo en general, el que le ha dado tantas cosas positivas como negativas, aunque para Finito “por encima de todo, queda la buena gente”.
-Juan, un premio cordobés, sin ser cordobés ni andaluz. 
-Por raíces y por sentimiento me considero cordobés, por parte de padre y madre toda mi familia es cordobesa, emigrados por temas laborales a Barcelona. ¡Qué bonito que durante toda mi trayectoria como torero tanto una afición como la otra se han tenido respeto! En ningún momento en Barcelona han dicho que soy suyo, sino que han respetado mi decisión de sentirme cordobés. En Córdoba he hecho 60 veces el paseíllo y en Barcelona 38. Además, las cinco plazas donde más he actuado son talismanes en mi carrera: Córdoba, Madrid, Barcelona, Málaga y Sevilla. No puedo sentirme más orgulloso de recibir este premio, en la que, aunque algunos no lo consideren así, es mi tierra.



Finito de Córdoba.
Finito de Córdoba.

-Precisamente has hablado de las plazas en las que has toreado ¿Con cuál te quedarías?
-Me quedo con todas, todas me han dado tanto. Incluso sitios de menos repercusión, donde anímicamente he llegado bajo, o que había perdido el sitio delante del toro y la afición me han devuelto la felicidad. Es por ellos, por la afición, por lo que un torero es lo que es, ya sean cordobeses, malagueños, sevillanos o catalanes.
-Aún así, eliges Córdoba como ciudad de residencia habitual. 
-Después de estar 14 años en Barcelona viviendo, yo vuelvo a Córdoba con la familia y ya me llevo aquí hasta los 32. Después, decidimos irnos a Madrid, estuvimos 12 años allí por el tema profesional de mi mujer (Arancha del Sol) y otra vez volvemos a Córdoba. Elijo esta ciudad por calidad de vida, tienes aquí a tu gente, a tus amigos. Ahora mismo, si tienes que desplazarte por temas de trabajo, no hay distancia gracias a las buenas conexiones. En definitiva, estás en tu tierra y le debo mucho a esta ciudad.
-¿Qué es el toro para Córdoba y Córdoba para el toro?
-Nos estamos equivocando, a mi me resulta muy triste estar como aficionado viendo corridas de una inauguración de temporada en México donde ha habido poco más de cuarto de plaza. Es triste ver la situación taurina de Córdoba, cuando hace 10 o 15 años en el abono se daban hasta 11 espectáculos. Ahora son capaces de tratar a los toreros de la forma que lo han hecho, sin ir más lejos, conmigo, en la celebración de mis 25 años de alternativa. Aquella tarde se suspendió, se propuso que se iba a celebrar esta corrida y la empresa no ha vuelto a descolgar el teléfono. Cuando hablo de la empresa, desgraciadamente, hablamos de la Fusión Internacional de la Tauromaquia (FIT), que está compuesta de personas, concretamente de una, que es la que ha negociado y ha tratado conmigo directamente. Ojalá pudiese hablar con el señor Alberto Bailleres [empresario mexicano dueño de una parte de FIT], del cual me hablan maravillas, pero no he tenido esa ocasión. Me imagino que este señor está al margen de todo lo que se gestiona en torno a su negocio. Cuando vea realmente cómo se gestiona el toreo en España, deberá decir: ¿qué pasa aquí? Se habla mucho a las espaldas y no hay gente valiente para hablar a la cara.



Finito de Córdoba.
Finito de Córdoba.

-También habría que hablar del Festival Contra el Cáncer de Córdoba
-Estos dos últimos años no se ha convocado a los toreros, pero es que creo que ni a la prensa. Entonces, que no se quejen tanto y que de una vez por todas alguien tire de la manta. Lo que no es normal es que se me cobren unas entradas, que hice una inversión para familiares y amigos y resulta que esas entradas venían a coste cero. Que digan el motivo, porque yo digo algo que he vivido.
-¿Alguna alternativa para los 25 años?
-No, ya ha pasado. Un planteamiento era hacer una temporada bonita, de unas 15 o 20 corridas conmemorativas, y pocas empresas han sido las que han tenido esa sensibilidad de llamar. Por ejemplo, en Madrid, los anteriores empresarios de Taurodelta me liquidan este año, en mayo, la actuación del año anterior y no me ofrecen más corridas y así está el toreo. Yo, también, me siento culpable por admitir esto pero son otros muchos compañeros que vienen detrás y que también lo sufrirán.



Finito de Córdoba.
Finito de Córdoba.

-Se te nota muy dolido al hablar de esto. 
-Por supuesto, está claro que aquí llega una empresa y me propone una serie de mentiras y luego no se da la cara. He tenido muy buena educación ante estas entidades, pero te cansas. ¿Quién ha levantado el teléfono?, nadie. Esto escuece, sobretodo, por la forma. Si lo hubiese pensado fríamente… pero ¿cómo en mis 25 años de alternativa no iba a estar yo presente en Córdoba? Lo que digo, afortunadamente agua bendita fue la que cayó. Todo esto teniendo en cuenta que había 4.500 personas a las que aprovecho para agradecer el esfuerzo y el gasto que les ocasioné.
-¿Qué sucedió exactamente?
-Te explico, La empresa quería que yo hiciese el paseíllo sí o sí. Estuve manteniendo una conversación con el presidente porque querían que hiciese el paseíllo a las 16:45, por lo visto ya habían inspeccionado el piso plaza y decían que estaba en perfecto estado. Esto es relativo, esa decisión la tendría que tomar yo, junto a nueve personas, más los picadores, a partir de ahí empezó a caer el agua. Volvimos al ruedo y ya no era lo mismo, el tiempo iba corriendo, se acercaba el partido de la Champions; es más, no había operarios de la plaza en el ruedo. Sólo me habían arreglado dos tercios de la plaza, yo mataba seis toros, que nunca sabes a donde van a dirigirse. Yo tenía todo el dolor por dentro. Es que hasta hubo aficionados que faltaron el respeto a mi mujer. Ese día el que más destrozado estaba era Juan Serrano, yo.
-¿Puede ser que no interese ya el mundo del toro?
-No, interesar interesa y mucho. No interesa cuando las cosas no se gestionan o no se hacen bien. Yo le debo todo al toro pero si hay un momento en el que entro en un aburrimiento o en un desengaño, la desilusión, la desmotivación llega. Si esto sucede conmigo siendo profesional, al aficionado imagínate. Ahora cualquier niño te dice que esto es violencia, o que soy un asesino. Si al pequeño se le educa y se le cuenta lo que es la historia del toreo lo entenderá y tendrá otra visión, que es grandiosa. Sin ir más lejos, grandes artistas del mundo de la literatura, la música y la cultura, en general, se han inspirado con este arte.



Finito de Córdoba.
Finito de Córdoba.

-Entonces, ¿el toreo es un tema político o cultural?
-Ten en cuenta que estamos pensando en convencer al antitaurino y éste es un grave error, al antitaurino no es al que hay que convencer, al indiferente sí. Decirle a la gente ¿has ido a alguna corrida de toros? y si te contestan que “no”, pues invitarles, que vean lo que es realmente el toreo. Además, somos nosotros el problema, tenemos que solucionar los problemas internos. El mayor enemigo del toreo es el propio taurino. ¿Por qué Córdoba siendo una de las raíces de esta profesión podemos permitir lo que está sucediendo? En cuanto a los políticos, estoy seguro de que los que están ahora piensan como los que se han ido. No hay una solución que se me ocurra.
-¿Está pagado el ser torero?
-Esta es una profesión que nunca estará pagada, pero es tan grande que muchas veces nos jugamos la vida al margen de lo económico, es mucho más el sentimiento. La economía pasa a un tercer plano, en la gran mayoría de los casos los padres se sacrifican, hay compañeros que con 20 o 25 años les bastaba con decir que tenían el carnet profesional de torero y echaban dos horas en el campo, pero no aportaban nada en casa. Yo le rompí la matrícula del instituto a mi madre y decidí irme con 15 años a la construcción con mi padre y le decía que lo que tuviese que darme que me lo guardase para cuando tuviéramos que comprar algún capote o viajar al campo. Es compatible tanto con el trabajo como el estudio.
-Entonces, si tus hijos llegasen y te rompiesen la matrícula a la cara ¿qué pasaría?
-Entendería la situación si lo viese con la personalidad suficiente para hacer eso y que se estuviese sacrificando. Que tuviese una alternativa formal. Lo mío estaba muy claro, vocacional, yo no había noche que apagase la luz y no se me quedase en la retina los muletazos de los toreros que admiro.



Finito de Córdoba.
Finito de Córdoba.

-Me has contado que te quedabas por la noche recordando las corridas de ese día ¿qué mas recuerdos tienes?
-Teníamos un pequeño terreno a las afueras de Sabadell (Barcelona) y nos íbamos allí los fines de semana. En cuanto llegábamos, mis primos se ponían a jugar y yo me apartaba y construía un círculo de unos 15 o 20 metros de ladrillo donde peinaba un espacio de arena, porque el ruedo tenía que estar en perfecto estado. Entonces, un tío de mi madre se sentaba con su gorrilla mientras yo hacía que toreaba. También, el de todos los domingos despertar a mi padre de la siesta, que había que tener habilidad para eso, porque yo sabía que a las 17:30 empezaban los toros en la Monumental, teníamos una hora de viaje hasta allí. Recuerdo mucho la entrada a la capilla donde se le hacía un pequeño pasillo a los toreros. Yo me quedaba en la reja agarrado procurando ver un instante esa imagen. Recuerdo cuando bajó el maestro Paco Ojeda,  y acercarme a él fue casi imposible. Fíjate las casualidades que años después fue padrino de mi alternativa. Me acuerdo de los porteros, que mi padre les daba 100 pesetas para que me dejasen pasar y años después esos porteros me recibían cuando torereé en esa misma plaza. Tampoco podré olvidar el pasar con el coche por la plaza de toros de los Califas, en Córdoba, días antes de mi alternativa y ver a gente acampada en tiendas de campaña frente a las taquillas, y no sé como pude reprimir el impulso de bajarme y estar con ellos un rato. Era un época muy buena.

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