jueves, 24 de enero de 2019

"JOSELITO DE CÓRDOBA" TIENTA EN "AGUAS VIVAS" 




Ladislao Rodríguez Galán
Cuando Juan Antonio García "El Califa", profesor de la Escuela Taurina de Córdoba, me llamó para acompañarle a un tentadero y no me lo pensé dos veces. Tengo tanta necesidad de ver al toro en el campo que esta oportunidad, después de tanta sequía taurina, no la podía despreciar. Y más interviniendo como único espada José Antonio Díaz "Joselito de Córdoba" alumno de la Escuela, al que tenía ganas de ver. 


El tentadero tuvo lugar en la finca "Aguas Vivas", en el término municipal de Belmez donde pasta una punta de ganado propiedad del extraordinario aficionado Eduardo Márquez, un romántico de la Fiesta que vive feliz cuidando y mimando su gran tesoro, como el dice. Inició esta aventura con unas vacas de Julio de la Puerta y un semental de Salvador Domecq y otro de Rafael Muñoz.
Ha tenido suerte y el producto que está consiguiendo es de máxima calidad, tal como pudimos comprobar en las dos becerras que se tentaron. Ambas entraron alegremente al caballo de picar desde diferentes distancias y luego en la muleta de "Joselito de Córdoba" no se cansaron de embestir. El chaval, atento siempre a los consejos de su profesor, y del subalterno Juan Manuel Fernández que le auxilió, nos demostró al puñado de asistentes, entre los que se encontraba su padre, unos aficionados de Posadas y Almodóvar del Río y el varilarguero retirado Manuel Zapata, los conocimientos adquiridos en la Escuela cordobesa. 



La primera becerra, mas grandota, con embestida noble y repetidora, no terminaba de humillar, pero eso no fue hándicap para que el joven alumno se hartara de torear. Lo mismo con la derecha que con la izquierda, surgieron tandas con entrega, dominio y gracia. Toreó relajado y con mando. El animal no abría la boca a pesar de la enorme cantidad de pases que le endilgó. Con la segunda becerra, más de lo mismo. Nada más abrirse con el capote, ya vimos que era un calco de la otra en cuanto a calidad en la embestida, aunque ésta humillaba más. Con la muleta arrastrando por la arena los muletazos
resultaron mucho más vistosos por su profundidad. Tan a gusto se encontraba con la becerra que no dudó en ponerse de hinojos para enjaretarle unas ajustadas manoletinas como broche de faena.
Creo, sinceramente, que este espabilado chaval, va a recordar muy positivamente esta tarde, pues tuvo material para torear mucho y bueno.
Máxima nota, pués, para el ganadero y para el chaval, que no le importó el molesto viento qué, a ratos en fuertes rachas, le puso en apuros varias veces.







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