EL CUADRO DE LUPE SINO
Fue pintado apenas unos meses antes de que la tormenta perfecta la golpeara con ferocidad. No fue hasta diez meses después de la trágica muerte de su gran amor Manolete cuando el afamado pintor Juan Antonio Valía se lo entregó. Lupe al comtemplarlo por primera vez, lloró amargamente; pues sabía que aquel cuadro ya nunca se colgaría en la pared del gran salón del palacete cordobés sin ánimo ni fuerza, decidió guardarlo a la espera de tiempos mejores.
Aquellos días de vino y rosas terminaron por llegarle al otro lado del Atlántico, quedando la obra bajo la custodia de su hermana Luchi. Cuando transcurrieron tres mil días de una dicha efímera, Lupe regresó definitivamente a Madrid. Fue entonces cuando, por fin, pudo colgar el lienzo en el salón de su nuevo hogar en Pintor de Rosales; aquel retrato, que neses antes de la fatídica madrugada de Linares, habia encargado el más grande de los toreros y de los hombres.
Sin embargo, apenas pudo disfrutarlo unas poca lunas antes de que el destino convertida en muerte la reclamara para siempre. El cuadro quedó huérfano hasta que su hermana Kika en 1966 emigró a Chicago junto a su amada hija, Mari Carmen. Y junto a Kika viajó la pintura, que permaneció colgada en la pared de un hogar americano durante medio siglo.
Pero Lupe deseaba con toda su alma que su retrato reposara al del unico y verdadero amor de su vida. Su sobrina Mari Carmen regaló el cuadro al biógrafo de Lupe, el escritor dordobés Antonio Estevez Reyes, y que élla cedido mientras el Museo de la Casa Manolete sigue en activo. Hoy, el cuadro habita ya en la Casa Museo de Manolete, del amigo Paco Laguna en el hermoso corazón del Valle del Guadalquivir en el bello pueblo cordobés de Villa del Río donde se puede visitar previa cita
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José Luis Cuevas



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