domingo, 5 de abril de 2026

              EL ARANGO

                   EMILIO REYES CASTRO



También era conocido en ambientes reducidos por El Negro.

Era gitano de pura cepa y lucía su estampa con prestancia. Muchos y muchas le recordarán - en los años 70/80 - sentado en la terraza del Gran Bar, con un señorial traje blanco que llamaba la atención de los viandantes, además de por su porte y por el pelo ondulado cano y abrillantado. Y ya de noche, ejercía de guitarrista y a la vez de personaje, compañero de las farras y de la luna. Un buen guitarrista muy conocido en los ambientes del cante y del baile flamenco, por Arango, quien acompañaba rasgueando las cuerdas de su guitarra bajo el parpadeo de las estrellas. Estrellas que intuyo, se asomarían esperanzadas en oír los toques hondos, con pellizco, enraizados desde la niñez del tocaor Emilio.



Corrían entonces, los tiempos en que sonaban por las callejas de la judería, la savia juvenil de Rafael Rodríguez Merengue de Córdoba, Concha Calero, Finito, Blanquita Molina etc. De hecho Merengue cuenta que bebió de la técnica de “importantes profesores del momento, tales como Antonio el del Lunar, Arango etc.”

Vivió durante muchos años en la cordobesa calle Lucena número cuatro, y desde allí cuando no asistía a compromisos flamencos, echaba la mañana tomando café, bien en el Gran Bar o en El Boston.



Entre muchas anécdotas, su nieto Antonio le detalla un recuerdo a nuestro común amigo Rafael Lora García (Presidente de la As. Cultural Amigos de Paco Peña), y es la siguiente:

“...aquellas noches de sábado que nos reuníamos en el Bar El Picadero de la carretera de Palma del Río, y aparecía con su guitarra y con el impecable traje blanco, acompañado por alguna sobrina, que casi siempre eran del país galo… según decía… porque para él todas las personas que venían de fuera, eran francesas…



Una noche estábamos reunidos mi primo Antonio Villalba (q.e.p.d.), F. Sánchez Prada, José Arrebola y yo. Entonces Prada lo invitó a que se sentara con nosotros. Así lo hizo y nos presentó a su sobrina. De momento declinó tomar algo – protocolo normal en él -, pero no habían pasado cinco minutos, cuando le dijo al camarero: Niño, niño, tráeme un wiski del “güeno”, eh, del “güeno”… Cuando el camarero se disponía a ir por lo pedido, lo llama de nuevo Arango y le dice; Chis, chis, niño, niño, tráeme el wiski doble, así hijo mío te evito dar dos paseos... “



Era un grandísimo admirador de Mario Moreno Cantinflas, del que no se perdía sus películas.

Solía decir que era mutilado de guerra “que una bala rebotada le dio en la pierna”... (comentario de su nieto Antonio).

De su hijo, también conocido por Arango, tengo anotadas varias intervenciones a la guitarra en el Concurso Nacional de Cante Flamenco de Córdoba del año 1971:

Acompañó al cantaor José Rico Jiménez en verdiales.

Idem “ Antonio Pérez Jiménez en granaínas.

Idem “ Juan Navarro Cobos en cartageneras.

Idem “ Francisco Andrés en granaínas

Fuentes documentales:

Alfredo Asensi Díaz

Fco. Solano Márquez

Rafael Contreras Zamora

Rafael Lora García


Autor: Fco. Bravo Antibón


José Luis Cuevas

Maquetador y Editor

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