LAS DEHESAS DE TOROS NO SE INUNDAN
Las dehesas mediterráneas, donde vive en libertad el toro bravo, no se inundan, por mucho que llueva. Son ecosistemas que mantienen y respetan la Naturaleza. Lo que no ocurre en las grandes urbes o en las explotaciones intensivas agrícolas y ganaderas. Ahora, al igual que en ocasiones anteriores de intensas lluvias, hemos tenido un nuevo ejemplo de ello. Los mayores daños de las últimas grandes borrascas de este invierno en el oeste y sur de España no han sido ocasionados por el agua, sino por el lodo que han arrastrado estas fuertes corrientes fluviales.
Esta circunstancia tan negativa se produce porque gran parte de nuestro suelo se encuentra ya sin su cubierta protectora de vegetación natural, que es lo que provoca que el agua y el aire arrastren millones y millones de toneladas de arena. Esto no ocurre en nuestras ganaderías, donde los pastos, además de servir de alimentación, mantienen la estabilidad del terreno. Evitan así que las fuertes lluvias lleguen a desplazar enormes cantidades de lodo hacia los barrancos, arroyos o ríos, que es lo que colma sus cuencas y provoca que tomen muchísima más fuerzas sus cauces, arrastrando todo tipo de materiales y personas encontradas a su paso. Eso es lo que ocasiona en realidad estas tragedias.
Este gran beneficio medioambiental de las fincas de ganado bravo es otra de las aportaciones muy positivas de la Tauromaquia a toda la sociedad, tanto para los que son aficionados taurinos como para los que no lo son, porque si estos terrenos estuvieran ocupados por urbanizaciones u otro tipo de infraestructuras residenciales, turísticas, deportivas o recreativas, los daños de las lluvias torrenciales en sus entornos y alrededores serían muchísimo mayores. Y las demostraciones de ello son numerosas, como lo que ha ocurrido ahora en Andalucía o lo sucedió el pasado 29 de octubre de 2024 en Valencia.
Esta gran ventaja protectora de las ganaderías de toros para España, que evita enormes catástrofes en grandes extensiones de parajes naturales de nuestro país, se une a su función fundamental para evitar incendios forestales en zonas rurales, porque los animales comen lo que puede arder y así eliminan la posibilidad de propagación de estos fuegos. Es decir, limpian el campo de masa vegetal seca muy inflamable. Más desastres que se evitan porque aquí continúa nuestro rito milenario y arte legendario, lo que no ocurre en otras naciones mediterráneas cercanas, como Italia o Grecia, por la prohibición de los espectáculos taurinos, que extinguieron allí al animal más bonito del mundo e impidieron además todo este tipo de beneficios medioambientales para todos.
Aquí no quedan los aspectos ecológicos y conservacionistas de estas fincas, porque también es básico su apoyo a que en su entorno se cumpla el ciclo natural entre los animales depredadores, los carroñeros y sus presas, lo que es fundamental también para frenar la extinción de otras numerosas especies de la fauna y la flora. ¿Por qué sino, por poner un ejemplo, Sierra Morena es el último hábitat del lince ibérico? Y ya que decir de los hábitos de vida tan respetuosos con el medio ambiente de las personas que viven en las ganaderías de toros bravos, donde casi nada se tira a la basura y todo se reutiliza, tanto alimentos como ropas u otros enseres.
La ignorancia y los prejuicios son siempre los principales enemigos de la verdad y de la ciencia, mientras que el conocimiento es el mejor aliado de la lógica y la razón. Señores antitaurinos, una vuelta por nuestras dehesas y un poco de información al respecto no os vendría nada mal, tanto para comprendernos más a los taurinos, como para haceros respetar ante los demás. Nosotros jamás os pediremos que vayáis a una corrida de toros, pero sí que, al menos cuando nos ataquéis, sepáis argumentar lo que decís.
¡¡¡Larga vida a las dehesas mediterráneas y a los animales y hombres que viven en ellas!!!
Antonio Cepedello

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