CÓRDOBA PRESENTE EN LORCA
Cuando se cumplen noventa años de la muerte del llorado y añorado poeta de Fuente Vaqueros, Federico García Lorca (18/08/1936), aún seguimos preguntándonos qué habrá sido de sus restos y dónde estarán. Nadie sabe responder, nadie tiene la respuesta y… algunos más atrevidos opinan, incluso, que, quizás descansan en un discreto, silencioso y acogedor reposo, en el seno de la madre tierra, en algún lugar del continente americano.
Yo prefiero abstenerme en la expresión pública de mi propia opinión, no quiero entrar en una polémica estéril que conduce a ninguna parte, pese a todas las historias y publicaciones de las que tengo conocimiento. Es mi deseo considerar el sentir de los que abogan y ruegan se respete la memoria de Federico y se deje de herirla cavando desesperadamente aquí o allá. Federico no está porque alguien quiso que no esté.
Quiero recordar y honrar la memoria del poeta recreándome en su exquisito e impecable legado: su jovialidad, modo de vida, deseo de vivir en paz dedicado a la cultura y cultivando las letras que hizo florecer en variedad, colorido y calidad en el jardín de la vida. La vida que él respetaba y gozaba compartiendo amistad, risas y versos… su corta vida.
Y quiero recordarlo en sus visitas a Córdoba, de la que estaba enamorado, donde tan a gusto se encontraba paseando sus calles y plazas en compañía de su estimado y fiel amigo, el tipógrafo y poeta cordobés José María Alvariño, que le admiraba e imitaba mientras hallaba su propio camino en la poesía, y buscaba la inspiración en la obra de tan gran maestro y amigo, al que reverenciaba y quería como a un hermano. Gustosamente le hacía de cicerone y juntos comentaban y recorrían los lugares emblemáticos de la ciudad de las tres culturas, la tolerancia y la convivencia. Córdoba era para él referente mítico y punto de encuentro intelectual; sentía devoción por Góngora y estableció un fuerte vínculo con la poesía cordobesa. Fue el principal impulsor en reivindicar al poeta barroco cordobés en su tricentenario, lo que sirvió para consolidar a su generación literaria (1927).
Córdoba estuvo muy presente en su poesía, la definía como ciudad de la arquitectura, la fijeza y la melancolía, y la inmortalizó en su Canción del jinete, con el estribillo Córdoba. Lejana y sola.
Dedicó un romance a San Rafael describiéndolo como arcángel aljamiado de lentejuelas oscuras, donde funde la devoción cristiana con el trasfondo y el alma de la Córdoba musulmana.
Con los círculos literarios, artísticos e intelectuales cordobeses mantuvo un contacto estrecho y significativo, sobre todo con los jóvenes escritores de la vanguardia cordobesa, muchos de ellos en torno a la revista literaria Mediodía. Entabló amistad e intercambio intelectual con poetas cordobeses como Juan Bernier, Vicente Núñez e Indalecio Rego, que también era pintor. Con el escritor y periodista Corpus Barga compartió proyectos culturales y viajes con La Barraca. Estuvo conectado con la vida social andaluza a través de los ambientes locales del mundo taurino.
También mantuvo vínculos sentimentales con Córdoba a través de la joven cordobesa María Luisa Natera Ladrón de Guevara, a la que conoció en el Balneario de Lanjarón, con la que durante años mantuvo una intensa correspondencia romántica. Nunca faltaba la visita a San Rafael, el Arcángel Custodio de Córdoba, por el que sentía una gran atracción. Ahí hacía una parada larga para conversar y recitarle los versos que, enamorado, dedicaba al Ángel aljamiado, como acostumbraba a nombrarlo.
Me atrevería a afirmar que si la historia hubiese transcurrido de otro modo, en alguna de las estancias del poeta en Córdoba, mientras admiraba ese bello Patio Cordobés emergido de forma natural que es la Albolafia, quizás hubiese visto navegar por el cauce del Guadalquivir una nave oneraria cargada de versos, conducida por el Ángel del Sur, el que pintó Miguel del Moral para Cántico, ese Rafael aljamiado de lentejuelas, vestidos variados y patronazgos diversos, que agradecido por las atenciones que para con él tenía el poeta, a modo de premonitoria advertencia, le hubiese mostrado una filacteria inscrita, no con la palabra Cántico, sino con la frase «Viajar al Sur siempre ha entrañado grave riesgo».
Hay quien obviando las recetas viaja al mediodía,
ese trayecto largo para el que no hay remedio,
caminos donde hierve la sangre cada día.
Enrique Sánchez Campos
Córdoba, 18 de agosto de 2026
ENRIQUE SANCHEZ CAMPOS
JOSÉ LUIS CUEVAS





No hay comentarios:
Publicar un comentario