lunes, 1 de junio de 2026

 

 ANDANADA DEL 8



Mi patria como aficionado taurino está en lo más alto de la plaza de toros más importante del mundo, la Andanada del 8 de 'Las Ventas'. Allí aprendí lo que es amar de verdad la Tauromaquia, porque para interesarte de algo tienes que conocerlo en profundidad y con criterio y razones lógicas. No con argumentos puntuales, demagógicos, populistas, triunfalistas e interesados. No puedes ir sólo varias veces al año a un tendido o una barrera, con tu chaqueta y pañuelo en la solapa, junto al vaso del elixir que sea en la mano, y además luego intentar dar lecciones sobre el toreo. Cuando, por el contrario, no te has preocupado ni siquiera de leer el programa del festejo, que te es más útil de abanico que de publicación informativa. Así no se fomenta la Tauromaquia, sino que es una forma de hundirla como un espectáculo más para presumir de estar presente, apoyar a los 'buenos' y atacar a los 'malos' indicados por sus organizadores, pedir orejas como 'descosíos' o dar palmas cada tarde como si no hubiera un mañana. Y en ese nivel tan bajo no puede caer nuestro sagrado rito milenario. 

Cada uno puede ir a un coso taurino a lo que quiera, pero sabiendo bien a lo que va, respetando a los demás espectadores, conociendo las reglas y los valores ancestrales de este legendario arte universal. Y toda esa falsa parafernalia va en contra de ello. Alguno de ustedes se imagina que fueran de tal guisa y con la misma actitud y comportamiento a un concierto de música o a una celebración religiosa solemne. Pues, el toreo es algo tan serio, importante y respetable, o más aún, que estos acontecimientos. Mis vecinos de asiento me enseñaron todos estos principios nada más asistir al primer festejo allí, que fue hace ya nada menos que más de 43 años. Era marzo de 1983, la primera corrida de esta temporada, y yo estrenaba mi abono de estudiante, que pude sacar gracias a que los precios eran más que asequibles para todos. ¡Qué buena campaña de promoción entre los jóvenes hizo entonces la Casa 'Chopera' como empresa! Enhorabuena eterna, aunque sea con tanta retraso. 

Era la corrida ideal para mí debut venteño. Una terna de matadores andaluces y figuras del escalafón de entonces, Ruiz Miguel y los hermanos José Antonio y Tomás Campuzano. Uno que empezaba a añorar la tierra en sus primeros días de estancia obligada en la capital de España para sacarme mi ansiada carrera de Periodismo. No tardé ni un segundo para ovacionar los primeros lances con el capote, cuando de repente sentí una mano que me tocaba el hombro para llamarme la atención. "Joven, es la primera vez que vienes, no?. Pues te aconsejo aprender sobre lo que pasa en el ruedo antes de pronunciarte. Aquí te ayudaremos para ello con todo el gusto del mundo". Era Antonio, un jubilado del barrio de Vallecas y emigrante de Jaén, que con el paso del tiempo se convirtió en algo más que mi mejor asesor taurino. "Tocayo, que bien que vuelvas ya para la tierra, pero te echaré de menos", me dijo cuando dejé de residir en Madrid porque acabé mis estudios. Dos años después regresé a la misma andanada, pero me dijeron que ya llevaba varias semanas sin poder ir. DEP.

Antonio era uno de esos aficionados mayores, tan sabios como exigentes, que compartían la Andanada del 8 con muy pocos universitarios. Éramos una minoría, lo que nos vino muchísimo mejor, porque permitía que nos prestaran mucha más atención los que de verdad sabían de qué iba esto de darle pases a un animal bravo. Una idea también genial de Manuel Chopera al permitir esa integración de generaciones que tanto bien nos hizo sobre todo a los jóvenes. Muchos de ellos aún recordaba a su líder durante mucho tiempo, Juanito Parra, un carpintero madrileño al que en la década de los 50 del siglo pasado se le atribuyó el llamado 'espíritu de la andanada', y que no se perdió ningún paseíllo entre 1939 y 1979, hasta que también el puñetero destino se lo impidió. Me contaron que fue también el precursor de las populares palmas de tango como muestra de protesta sobre lo que sucedía en el albero o contra las decisiones del palco presidencial, además que silbaba tapándose los oídos y gritaba "¡Fuera, fuera!". Llevaba también siempre el reglamento taurino en el bolsillo y pedía los avisos en el momento justo.

Eran espectadores considerados intransigentes, pero que estaban convencidos de que 'Las Ventas' tenía que ser consecuente con su condición de la principal Monumental del mundo. Fueron en principio muy pocos, pero luego se sumaron más, y hasta se unieron otras zonas del graderío, como el 'Tendido del 7', para defender la Tauromaquia más pura y ortodoxa, y denunciar las manipulaciones fraudulentas y delictivas a las que se somete a los toros, tanto antes como durante su lidia, además de las inadmisibles componendas entre empresarios, 'ganaduros' y apoderados, que gracias a ellos ya no son tan habituales. Tenían más moral que el Alcoyano y estaban dotados de unos pulmones privilegiados, capaces de crispar con su voz y protestas a todo el 'taurineo' chabacano y corrupto. Nunca han sido ofensivos ni irrespetuosos con nadie, sobre todo con los toreros, picadores y subalternos, pero sí les aplicaban serios, adecuados y justos correctivos orales. 

Estos altruistas del toreo se han jugado muchas veces el pellejo y su integridad física, cuando más de uno fue detenido por sólo mostrar su opinión. Eran otros tiempos. Ahora hasta están organizados en una peña, que sigue la misma línea de siempre en la actual Feria de San Isidro-2026. Una buenísima y acertadísima iniciativa. Enhorabuena a todos, tanto los que se sientan ahora en esta zona tan elevada de 'Las Ventas', como a los que ya no pueden hacerlo por motivos diversos y a los que ya lo hacen mucho más arriba. ¡¡¡Qué grandes y buenos compañeros, amigos y asesores encontré allí!!!

Estoy seguro que la plaza de Madrid nunca habría recobrado la seriedad y la importancia actual sin todos estos aficionados de la cabeza a los pies y de la punta de la bandera hasta el último rincón de los corrales del coso más importante del orbe taurino. ¡¡¡Va por todos ellos!!!. Muchísimas y eternas gracias.

JOSÉ LUIS CUEVAS



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