martes, 2 de enero de 2024

 

LA DINASTÍA TAURINA DE LOS «SACO»

Por Francisco Bravo Antibón

"El Barrio" del matadero, junto a la "Malmuerta" 

 

Los "Saco", una dinastía torera netamente cordobesa, con nombres muy importantes en el escalafón de los hombres de plata…

 

Nacidos, casi todos, en los aledaños del taurino barrio del Campo de la Merced...

 

"Cantimplas", fundador de la dinastía

MANUEL SACO DE LEÓN  «CANTIMPLAS»

Nació en Córdoba el 19 de junio de 1878. Desde muy joven, sintió la llamada del mundo de los toros, espoleado en su sensibilidad por las tardes gloriosas de Guerrita. Desea Manuel a toda costa emularle y alterna el trabajo de ayudante de almacén en Aceitunas y Cereales Benito Delgado, con salidas a tientas y fiestas menores en localidades limítrofes.

Se adivinaban en él buenas cualidades, pero la verdad es que como espada no llegó a sobresalir. Su ejecutoria profesional la inicia en 1885, alternando con distintos aspirantes a figuras… La presentación en Madrid tuvo lugar el 29 de julio de 1900, haciendo el paseíllo con Manuel García Revertito y Antonio Olmedo Valentín; lidiándose ganado de Eduardo Ibarra. El resultado artístico fue inversamente proporcional a sus ansias de triunfo. Resolvió la papeleta simplemente con galanura.

A partir de ese momento, se plantea cambiar el oro por la plata e inicia la que fuera una  brillante trayectoria como subalterno.

En 1909 entró a formar parte como fijo, en la cuadrilla de Rafael González Madrid Machaquito, quien tuvo el buen gusto de formar una cuadrilla exquisitamente torera; entre sus componentes figuraban como banderilleros Ricardo Luque Curro Camará, Enrique Berenguer Blanquet y Manuel Saco Cantimplas; como picadores Manuel de la Haba Zurito, Antonio Luque El Gordo, y como puntillero José González El Machaco (Hermano de Machaquito).

Con un jefe como Machaquito y con los componentes de la citada cuadrilla de lujo, Cantimplas perfeccionó su buen hacer y desarrolló una especial visión para estar siempre en el “sitio”. Escribió páginas muy importantes junto a su matador y fue reconocido como un subalterno fuera de serie. Hasta el punto de que al retirarse Machaquito, requirió de inmediato sus servicios el maestro José Gómez Ortega Gallito III.

Cuando sucedió la tragedia de Talavera de la Reina, esa tarde negra, en la que resultó corneado de muerte el genial Joselito, lo llamó Ignacio Sánchez Mejías, a cuyas órdenes culminó la fatídica temporada de 1920.

Su última temporada en activo fue la siguiente de 1921, integrado en la cuadrilla de José Gómez Roca “Joseíto de Málaga”.

El destino le tenía preparada una trampa mortal, pues aquel que pudo con los toros más complicados, no fue capaz de domeñar un enfriamiento que cogió en el campo celebrando el final de la temporada. El entorno pensaba que se trataba de un resfriado común, pero lo que se creía que era sólo un contratiempo  terminó por arrastrar a la tumba al gran torero.  Falleció el 18 de marzo de 1922.

De su unión con Rafaela Rodríguez Sánchez (hermana de Manolete padre), nacieron diez vástagos: Angelita, Manuel, Rafael El Pelu o Cantimplas II, José Niño Dios, Carmela, Antonio Toto, Fernando Fernandi, Francisco Currete, Luis y Enrique. Casi todos los varones relacionados con la Fiesta.

 

"El Pelu" y "Manolete", primos hermanos 

RAFAEL SACO RODRÍGUEZ «EL PELU»

Continuando con la línea torera de esta saga, toca citar a Rafael El Pelu. Nace en Córdoba el 16 de marzo de 1905 en una cuna muy torera. Su futuro estaba claro, rodeado de capotes, muletas y espadas no podía ser otra cosa que torero. Con su padre abundaron las visitas a los tentaderos y por tanto alimentando casi a diario la vocación que Rafael portaba vía genes...

Hace su presentación como novillero,  vistiendo por vez primera un traje de luces  en la primavera de 1925. Esta temporada sumó doce festejos.

La siguiente actúa con notable éxito en catorce novilladas. Por cierto, en estos primeros compases de la carrera mantuvo una reñida competencia con su cuñado Rafael Sánchez Camará II.

Veinticuatro tardes sumó en el transcurso del año 1927, y no incrementó más el número de actuaciones, por haber sufrido una cornada en el coso de Jerez de la Frontera el 18 de septiembre.

Bajó a 10 paseíllos la temporada de 1928. 

Acude a Madrid el 11 de abril acartelado con Rafael Moreno y Revertito. Ganado de Gabriel González. Redondea un par de faenas que le hacen acreedor a salir en hombros.   

A  pesar del inicio exitoso, el resultado final no resultó acorde a las expectativas. El número total de festejos no pasó de los dieciséis.

Suma quince en 1930, seis en 1931 y tan sólo uno en la temporada de 1932. 

Así las cosas, decide integrarse en el escalafón de subalternos, y lo hace por primera vez enrolado en la cuadrilla de Antonio de la Haba Zurito.  

Otros matadores con los que actuó a lo largo de su larga y brillante trayectoria taurina, fueron: Venturita, Manuel Rodríguez Sánchez Manolete, Manuel Calero Calerito, Julio Aparicio, Rafael Ortega, Antonio Ordóñez, Juan Belmonte, Pedro Martínez Pedrés y Antonio Borrero Chamaco.

Retirado del mundo del toreo práctico pero no de su entorno, falleció el día 11 de febrero de 1976.

 

JOSÉ SACO RODRÍGUEZ «NIÑO DIOS»

Tuve la suerte de haberle hecho quizás mi primera entrevista, siendo yo muy joven -tendría tal vez diecisiete años– en la terraza del Bar Colonial de la calle Morería… Por cierto, guardo una foto que me dedicó clavando banderillas en Madrid. 

Nació el 27 de enero de 1907 y falleció el 28 de enero de 1986 en Córdoba.

Canalizó su lógica inclinación a ser alguien en el mundo del toro, acudiendo desde muy joven a cuantos tentaderos tenía la ocasión de asistir. Logró alguna que otra actuación en festejos menores. Acumuló conocimiento y sumó madurez. No libró la batalla definitiva para ser matador, pero eso sí, rozó la posibilidad de serlo.

Donde sí brilló fue como torero de plata y de oro como persona, fue un gran tipo. Acompañó a figuras muy importantes de la época, tales como: Manuel Jiménez Chicuelo, Marcial Lalanda, Manuel Capetillo, Rafael Soria Molina Lagartijo, Rafael Sánchez Saco, Alfonso González Olmo Chiquilín, Montenegro, Antonio Medina, El Puri, El Pireo, Fernando Tortosa, Paquito Asensio y Agustín Parra Vargas Parrita. 

                        

ANTONIO SACO RODRÍGUEZ «TOTO»

Su ejecutoria pasa por la de ser un subalterno leal, voluntarioso, y efectivo. Quizás le faltase la decisión necesaria para cuando pasa el tren cogerlo... No obstante también figuró en varias cuadrillas, especialmente cuajó en la de Manuel Mejías Jiménez Bienvenida. 

Plaza del Moreno en el barrio del Matadero viejo 

FERNANDO SACO RODRÍGUEZ «FERNANDI»

También conocido por Cantimplas Chico o Fernandín. Nació en Córdoba el 12 de febrero de 1913 y falleció el 2 de enero de 1971.

Fernando sigue la misma línea de aprendizaje, que es una constante en la dinastía de los Saco. Hace su presentación en Madrid en la plaza de Vista Alegre –conocida también por La Chata- el 28 de junio de 1931, con los diestros Parrao y Fabrilo, que lidiaron novillos de Ignacio Gómez. Fernandi estuvo animoso pero no pasó de digno.

El 26 de mayo de 1932 torea en Córdoba junto al Niño del Matadero y Ángel Fuentes, que lidiaron ganado de Esteban Hernández.

En adelante alternó tardes de éxito junto a otras grises. No tuvo la fortuna ni la fuerza necesaria para sobresalir y crear expectación, argumentos imprescindibles para llegar preparado a la alternativa, grado taurino que finalmente no consumó. En una de esas tardes, en concreto el día 1 de octubre de 1938, acompañó a Manolete, Calderón y Paquito Casado. Como anécdota para el recuerdo, en esta corrida brindó un novillo a su sobrino Rafael Sánchez Saco, que a la sazón contaba seis años…

Fernandi figuró en otra ocasión junto a Manolete, esta vez fue en la Maestranza de Sevilla el 21 de mayo de 1939, redondeando el cartel otra figura como era Martín Vázquez.

Quizás la última que lidió y estoqueó fue la corrida celebrada en Córdoba el 7 de abril de 1940, con reses de Antillón junto a los matadores Chalmeta y A. Díaz.

A partir de aquí pasó al escalafón de subalternos en el que estuvo bastantes años.           

 

FRANCISCO SACO RODRÍGUEZ «CANTIMPLAS» O «CURRETE»

También intentó ser torero de los del terno oro, vistiéndose de luces en algunas novilladas sin lograr cuajar, por lo que más pronto que tarde ingresó en la categoría de los hombres de plata, en la que dejó escrita una trayectoria eficaz y honesta, que no tuvo la debida compensación.

                               

Panorámica del torero barrio del Matadero antiguo de Córdoba

ANTONIO YÁÑEZ SACO «GALLO»

Hijo de Rafaela Saco de León y Salvador Yáñez. Nació el 8 de abril de 1902 (otros historiadores citan el día 10 que fue el de la inscripción) y falleció el 9 de marzo de 1973.

Tuvo una trayectoria muy importante, destacando como subalterno y hábil puntillero. Que sepamos, es el único en la historia de la tauromaquia que se le ha concedido una oreja como puntillero. Ocurrió en Écija, al correr a una mano un novillo, que el matador se mostró incapaz de estoquear, llevarlo con maestría a las tablas y recetarle un certero cachetazo. Antonio Yáñez dio la vuelta al ruedo saludando,  mostrando el apéndice.

Por lo demás, trabajó con notable eficacia en las cuadrillas de Camará, Zurito, Chicuelo, Félix Rodríguez, Palmeño, Atarfeño y alguno más de forma circunstancial.

 

Debut con picadores de Rafael Sánchez Saco, que salió a hombros de la
plaza de "Los Tejares" junto a Julio Aparicio y Miguel Báez "Litri".
Foto: archivo de Paco Laguna

RAFAEL SÁNCHEZ  SACO

Hijo de Carmela Saco y de Rafael Sánchez Sánchez Camará II, de cuyo matrimonio nacieron Rafael, Carmen, Manolo, Paco, Pepe, Fernando, Ángela, Rafi-Francisca y Antonio.

Rafael nace el 24 de noviembre de 1932 y fallece en enero de 2021.

Se inició muy joven en tientas y becerradas, con doce años fue con su padre a un tentadero a una finca de Sevilla, a la que asistían Machaquito III y Pepe Luís Vázquez; fue la primera vez que invitado por Machaquito le dio  varios capotazos a una becerra.

También tengo anotada la tienta -mayo de 1947- que celebró Conchita Artázar, dedicada  especialmente a los maestros Manolete y Gitanillo de Triana, y también colaboraba Antonio de la Haba Torreras. Allí se  encontraba Rafael Sánchez Saco, quien tuvo el privilegio de que su pariente Manolete le cediera una vaca. El joven Rafael resolvió la papeleta de forma muy inspirada, sorprendiendo a los  directores de lidia, en especial con la ejecución de un purísimo pase de pecho. A pesar de los años, Rafael no olvidó esa tarde tan bonita. 

Posteriormente en la finca de Eduardo Sotomayor, don Antonio Cañero le enseñó la técnica de la tienta, indicándole los movimientos, distancias etc. y el porqué de ello.

En septiembre de 1947 torea por vez primera previo contrato, fue en Villa del Río. Se lidiaron dos novillos de Sotomayor, uno para Carnicerito y otro para él. Cortó dos orejas y rabo. Pero el debut oficial vestido de luces  fue en Algeciras el 16 de mayo de 1948, cortando una oreja a cada novillo de los dos que le correspondieron. Usó un terno azul que le prestó su tío El Pelu. A partir de esta actuación se inicia un ciclo de bastantes tardes a éxito por tarde, que culmina en Córdoba presentándose con picadores el 27 de mayo de 1950 en “Los Tejares”, lleno hasta la bandera con un público entusiasmado, ávido por presenciar las evoluciones de unos toreros con demostrado gancho: Julio Aparicio y Miguel Báez Litri, que lidiaron junto con Rafael novillos de Clemente Tassara. Julio cortó dos orejas, Litri tres orejas y un rabo y el flamante novillero Sánchez Saco cuatro orejas y dos rabos. 

La temporada del 52 cuajó en torero, obteniendo triunfos en plazas importantes como Córdoba, Sevilla, Málaga y Madrid.

Todo marchaba estupendamente hasta que el 31 de julio, en la plaza de Las Arenas de Barcelona, un novillo de Jesús Sánchez Arjona,  le infirió una cornada tan fuerte que le inutilizó para continuar su trayectoria como torero. La fatalidad le visitó demasiado joven y Córdoba perdió una promesa con marchamo de figura.  

             

Córdoba, 27 de mayo de 1950. Debut con picadores de Rafael, que posa con
sus padres Rafael Sánchez "Camará II" y Carmen Saco Rodríguez, y sus hermanos
Angelita, Fernando, Pepe, Manolo, Carmen, Rafi, y Paquito. Foto archivo Paco Laguna.


MANUEL SÁNCHEZ SACO

Nace en Córdoba el 29 de octubre de 1937. Cuando contaba con 15 años inició el periplo de sin caballos, actuando en festejos menores, por las plazas de Córdoba, Montoro, Cabra, Jerez, etc. 

El 27 de junio de 1954 se presenta en Madrid, en la plaza de Vistalegre, alternando con Pedro Dargel y El Gacho, con novillos de Marañón. Fue muy ovacionado.

De la temporada de 1955 es destacable la presentación con picadores en Córdoba, el 10 de septiembre, tarde importante para su carrera,  en la que dejó un buen sabor taurino y consolidó su fama de torero valiente.

También triunfó en el festival del 8 de noviembre, que toreó novillos de Francisco Amián junto a Manolo Zerpa, Manuel de la Haba Zurito y Alfonso González Chiquilín. ¡Un cartel cargado de nostalgia!...   

Tras los triunfos anteriores repite ante sus paisanos cordobeses tres tardes en la temporada del 56 – los días 6, 13 y 31 de mayo- , consiguiendo éxitos todas las tardes y cortando un número importante de apéndices.

A pesar de sus ganas y férrea voluntad el número de festejos decae como novillero y decide pasar al escalafón de los toreros de plata, donde logra un puesto muy relevante. Debuta como subalterno con su primo Antonio Sánchez Fuentes en Béziers el 14 de agosto de 1965. Sus buenas maneras,  hacen que lo soliciten para sus cuadrillas destacados matadores. Estuvo a las órdenes de Victoriano Cuevas Valencia, Gabriel de la Haba Zurito, Rafaelete, Manuel Benítez El Cordobés, El Pireo, Francisco Núñez Currillo y Francisco Bautista Paco Bautista.

Su cuerpo presenta numerosas firmas de las cogidas sufridas, cronológicamente las de más gravedad, fueron: 11 de septiembre de 1960 en Belmez (Córdoba); 11 de mayo de 1961 en Córdoba; 2 de septiembre de 1961 en Posadas (Córdoba); 11 de septiembre de 1972 en Albuquerque (Badajoz); 18 de julio de 1974 en Barcelona; y 18 de julio de 1975 en Villarrobledo (Albacete).

            

FRANCISCO SÁNCHEZ SACO

Vástago de Camará II y hermano de los diestros: Rafael, Manolo, Pepe, Fernando y Antonio Sánchez. 

La ascendencia taurina de los Sánchez Saco parte de su abuela Rafaela Rodríguez Sánchez, hermana de Manolete (padre), y esposa de Cantimplas. Por consiguiente el cuarto califa, el Manolete con “mayúscula”,  era primo hermano de la madre, y consecuentemente,  tío en segundo grado de ellos.          

Francisco nació el 29 de agosto de 1939 en el taurino Campo de la Merced.

Con los antecedentes citados tenía que ser torero, y para ello se preparó desde muy joven: 

…”tendría doce o trece años, cuando me probé en una tienta, que se celebraba en la ganadería de Amián. Allí fui acompañando a mi hermano Rafael”…

No sería esta la única experiencia juvenil, sin embargo en breve espacio de tiempo, se decantó por formar parte del escalafón de banderilleros, o de los toreros de plata, como nos gusta nombrarlos. Esta decisión tan rotunda como acertada, la tomó siguiendo los consejos de su padre y de su tío Fernando Saco Fernandi, que de soltero convivía en el mismo domicilio. Fernandi fue un activo importante para la evolución taurina de Paco Sánchez Saco, y de sus hermanos, así como el entorno. 

Muy eficaz con el capote y los rehiletes, cuajó una trayectoria muy sólida e importante. Estuvo vinculado a las cuadrillas de: Palmeño durante cuatro temporadas; una con El Puri; tres con Miguel Mateo Miguelín;  una con El Hencho;  dos con  Victoriano Cuevas Valencia;  una temporada de sesenta tardes con el malagueño Juan Arias; cuatro años con el maestro Luis Miguel Dominguín; siete con Paco Bautista; una corrida a las órdenes Manuel Benítez, precisamente la de su reaparición en Benidorm; dos temporadas con José Luis Villafuerte; varias actuaciones junto a Rafael Gago, y también, acompañó a sus hermanos Manolo, Antonio El Tato y Fernando El Junco.

Torero dominador y seguro con los toros, sólo sufrió dos cogidas: 

…” en la última novillada que se celebró en el coso de “Los Tejares”, el 18 de abril del 65,  resulté herido por un novillo de Herederos de Enriqueta de la Cova.

Es día toreaban Agustín Castellano, mi primo Antonio Sánchez Fuentes y José María Susoni. No he sido un torero castigado por los toros, hasta el punto de que solo puedo contar esta de Córdoba, y otra en Madrid toreando con “El Palmeño”…

Curiosamente consta en su trayectoria taurina que en dos ocasiones sustituyó a espadas que se negaron a lidiar, salvando la tarde, en ambos casos, con mucho éxito.    

En la cuadrilla de Luis Miguel Dominguín estuvo hasta la retirada definitiva del maestro.

 

JOSÉ SÁNCHEZ SACO «PEPE SÁNCHEZ SACO»

Nace en Córdoba en 1943. El que menos toreó de forma profesional de la saga, pues aunque se le conoce su intervención en varios festejos menores, cuando tuvo la ocasión de subir un escalón, sufrió en Melilla una cogida. Sucedió el 24 de abril de 1960, actuando como sobresaliente, al colocar un par de banderillas, el astado de Amián le produjo una herida en el tórax, con resultado de contusión medular y vertebral de pronóstico muy grave. Circunstancia que le dejó inútil para el toreo. 

El 3 de julio del mismo año se celebró en Madrid un festival a su beneficio, organizado por Faustino Inchausti Tinín.     

 

FERNANDO SÁNCHEZ SACO «EL JUNCO»

Nació el 20 octubre de 1943 y falleció el 2 de febrero de 2022. Novillero interesante y valiente en sus escasas actuaciones. En todas ellas se empleó con pundonor, y comportándose con sapiencia ante los novillos, se le intuía la capacidad de llegar a ser un buen lidiador.

Emparentado a través de su madre Carmela con Manolete, nieto de Manuel Saco León Cantimplas y su padre Rafael Sánchez Camará II, su futuro así como el de sus hermanos, estaba encaminado a ser torero, si bien no llegó a profundizar en tan familiar profesión.

De la trayectoria,  le tenemos anotada su asistencia a tentaderos, que le facilitaban tanto Victoriano Valencia como sus propios hermanos, a los que acudía acompañado por sus primos Paco y Antonio Sánchez Fuentes y de su hermano Manolo. Actuó por primera vez con público en Posadas, integrado en la parte seria de un espectáculo cómico-taurino, con el que actuó en varias ocasiones, acompañado en la cuadrilla por sus tíos El Pelu y Niño Dios como hombres de plata, y Paco Repiso de mozo de estoques. Ya en serio, actuó en Oviedo junto a Juan Puerta y Paco Pallarés. Triunfó y repitió,  en un mano a mano con Pallarés. A partir de esta tarde culminó varias más saboreando el éxito, hasta una tarde aciaga en Andújar en la que no se gustó, sobre todo porque el ganado no resultó de lo más adecuado. El caso es que desistió de encaminar sus días en el toreo, y fue la última tarde que vistió el terno de luces.  Pasados unos meses entró en el gremio de la joyería y cuajó en un solicitado engastador.

De siempre fue un buen aficionado a los toros y animador a ultranza de la carrera de sus hermanos, que alimentaron una importante dinastía, la dinastía taurina de los Saco...       

 

ANTONIO SÁNCHEZ SACO «TATO»      

Nació como todos sus hermanos en el barrio de la Merced en 1953. Desde muy joven se plantea seguir los pasos de su familia, el ser torero era su objetivo, siempre remando en contra de sus hermanos, era el pequeño de los diez, y había antecedentes que desaconsejaban seguir por ese camino. En el seno de la familia se recordaba la gravísima cogida de Rafael y la de Pepe. Aun así persistió en el rumbo elegido. Para empezar a llevar la contraria… asiste con tan sólo siete años a clases en la Escuela Taurina, que a la sazón dirigía el recordado Luís Rodríguez, incluso hay una foto que captó el maestro Ladis, de una presentación de los alumnos en “Los Tejares” (9-10-1960). A partir de aquí su carrera empezó  a determinarse, entre clases teóricas y prácticas, acudiendo a tentaderos, acompañado por sus hermanos, iniciándose con el intento de lidiar una becerra en la finca “Dehesa de Yeguas”, de los hermanos Sánchez de Puerta, en Guadalcázar. Siguió entrenando en el campo, hasta que en 1968 figuró ya en carteles modestos. 

El 5 de octubre de 1969 se presenta en Córdoba, lidiando novillos de José Luís Sánchez de El Puerto, acompañado de Raúl Aranda y José Luis Galloso. Su actuación fue interesante, manejando con soltura capote y muleta. Seguidamente, el 26 de octubre del mismo año, torea en el Puerto de Santa María, junto a Velita y Galloso con ganado de José Luís Sánchez. Después hizo el paseíllo dos tardes más, probándose con caballos, una en Cabra y otra en Valencia.  

Cuando parecía que el horizonte taurino le era más propicio, comunicó el día 10 de julio de 1970 que dejaba los toros. Sin duda, sus particulares  razones tendría, pero lo cierto es que nos privó de verle en tardes toreras importantes.

Actualmente sigue vinculado al mundo del toro, siendo vocal de la activa Tertulia Taurina Manolete.

 

                              MANOLO  SACO CÓRDOBA             

Nació en Córdoba el 9 de mayo de 1947. Actuó en la cuadrilla de El Pireo, eje de sus primeros pasos, después se incorporó a la de Juan Montiel.

A la retirada de Montiel trabajó con Fernando Rivera, El Hencho, Tortosa, Garbancito y con los hermanos rejoneadores Luis y Antonio Domecq. 


RAFAEL SACO MELLADO

Rafael Saco Mellado se probó en dos festejos menores y decidió no seguir en la brecha. Después dirigió su carrera hacia el sector de la joyería, donde llegó a ser un reconocido profesional. Falleció en el mes de diciembre de 2013. 

 

RAFAEL SACO BEJARANO

Novillero que se inició en 1968, toreando en festejos menores, sin llegar a destacar lo suficiente como para insistir en una trayectoria taurina de mucho calado. No obstante sus buenas maneras hicieron abrigar esperanzas en los aficionados. Pero no cuajó, esfumándose una esperanza.                         

lunes, 1 de enero de 2024

 

Mi historia de querer ser torero, de José Mª Medina, "El Niño del Tentadero"

Las fatigas de un maletilla (IX)

También de espontáneo y otras aventuras


El Niño del Tentadero con Curro El Gitano
Julio César Sánchez

También de espontáneo

Luego, como buen maletilla, no podía faltar lo de espontáneo.

Los espontáneos ya no existen con las escuelas taurinas, pero en aquella época de los años 60 y 70, era normal que alguien que quería ser torero saltara para intentar torear a toros devueltos para los corrales.

De espontáneo han saltado casi todas las figuras del toreo: Domingo Ortega, Miguelín, El Cordobés, Dámaso González, Andrés Vázquez y muchos más. Y yo no iba a ser menos.

Curro El Gitano y yo saltamos en Madrid.

No pegamos ni un pase porque nos cogieron los banderilleros.

Mal hecho por parte de los banderilleros, porque era un toro devuelto para los corrales; un toro de Felipe Bartolomé.

Pero en Vitoria me desquité. Me tiré yo solo a un toro de Rafael de Paula.

Era una corrida de Ana Romero. Toreaban Paula, Capea y Manzanares.

En el cuarto toro, que era de Paula, me tiré.

Lo paré con la muleta. El toro se quedó conmigo y le pegué derechazos buenísimos. La gente loca.

Los banderilleros intentaban quitármelo, pero Paula dijo que me dejaran. Y formé la mundial.

El toro era bueno. Di derechazos, pases de pecho, hice desplantes muy toreros…

Cogí la izquierda y toreé por naturales, pases de pecho, más desplantes…

La plaza era un manicomio. Tanto que las peñas me sacaron a hombros por la calle Dato, que es la más famosa de Vitoria.

La gente me abrazaba, me daban bebida, gritando “Torero, torero”. Qué bonito.

Al día siguiente, en el periódico El Correo Español venía publicado “En el cuarto de la tarde empezaba la corrida al saltar un espontáneo alto y delgado, y enseñarle a Paula lo que es el toreo.”

También decía “Lo mejor de la feria, el espontáneo.”

Por último ponía “Si todos los espontáneos son como este, ojalá y cada día brincara uno.”

En la última corrida de la feria venía una foto de Manzanares y otra mía. Decía “Lo mejor de la feria, Manzanares y el espontáneo.”

Del revuelo que se formó con aquello me salieron diez novilladas. Toreé en Orduña, Orozco, Sopuerta, Miranda de Ebro… Pero bueno, este relato no trata sobre mi vida de novillero ni de banderillero. Mi historia solo quiero que se refiera a mi vida de maletilla, porque esta historia se titula “Las fatigas de un maletilla.”

Lo que es la vida. Aquel día estaba desesperao, y cuando salté al toro de Paula estaba seguro de que me quitarían el carnet de profesional por saltar de espontáneo, que era lo que se solía hacer en esos casos. Y, lo que son las cosas, en lugar de quitármelo, me aclamaron y me salieron diez novilladas. Uno nunca sabe cuándo la suerte o la desgracia le espera.

Siguiendo con lo de espontáneo, el día que inauguraron la cubierta de la plaza en Zaragoza nos tiramos de espontáneos Curro el Gitano y yo.

Cayó la mundial. Una de las tormentas más grandes que he visto en mi vida.

Se rompió la cubierta, el ruedo era una laguna, pasaban los relámpagos por el ruedo… Daba miedo mirar.

La corrida era nocturna. No se veía de un tendido a otro. Caía agua a cántaros, como se suele decir.

Los toreros se fueron, pero el presidente no se dio cuenta porque la plaza era una locura del agua que caía… Así que soltaron el toro si que hubiera toreros.

La corrida era de Osborne, y los toreros Roberto Domínguez, Enrique Ponce y Raúl Zorita, que tomaba la alternativa.

Salió el toro, muy grande, de plaza de primera, como es Zaragoza, y daba miedo verlo arrancao, el ruedo lleno de agua…

Curro llevaba la muleta. Me dice “Vamos Largo –él me decía Largo-“. Le digo “Vamos, que el toro no nos lo va a quitar nadie como en Madrid.”

Saltamos. Lo paré y Curro, que estaba en el tercio, lo toreó. La muleta era suya.

Le dio tres, un poco desconfiao. Normal, un toraco así, como estaba el ruedo… Y luego me dejó a mí la muleta.

Le pegué siete u ocho muletazos, y al pegarle uno por abajo con la izquierda, como si fuera el pase del desprecio, me quitó la muleta y la hizo trozos.

La plaza era una locura. La gente nos aplaudía a rabiar. Al final, los dos espontáneos fuimos al calabozo.

Pasamos allí dos días.

Nos soltaron, y al reconocernos, la gente nos saludaba por la calle.

Algunos nos daban dinero. A mí incluso me sacaron en Tendido Cero.

Luego me dijeron que había fotos mías muy buenas en un salón.

Recuerdo que, aquel día, uno que quiso ser torero pero cuyo nombre no viene al caso, con mucha pasta, nos invitó a de todo.

Valdemecas

Otro pueblo que fui de capeas se llamaba Valdemecas. Este pueblo es de Cuenca, con una plaza de carros.

Por equivocación llegué una semana antes de los toros, pero no tenía ninguna capea a la vista, así que me dije “Me quedo aquí hasta que den los toros.” Y acerté.

Era un pueblo pequeño.

Al verme la gente, cuando entré en un bar, cada uno me saltaba con una cosa. Unos decían “Mira, ya tenemos torero.” Otros se burlaban un poco “Sí, pero has venío con tiempo, ¡eh!”

Vi que a la gente le dio alegría de verme. Y eso me gustó.

La camarera era guapísima, con unos veinte años, morena. Yo me preguntaba “¿Cómo puede haber una muchacha tan guapa en un pueblo tan pequeño?”

El bar estaba lleno de gente. Pedí si podía dejar el maco allí. Me dijo que sí y me puse a hablar con un hombre.

Le pregunté si podía darme algún trabajo hasta que llegaran los toros. Me quedé de piedra cuando me dijo “De eso nada. Te vienes a mi casa a dormir y comer. Coge los trastos y vamos pa mi casa.”

Y allí que fuimos.

Me presentó a su mujer, a su hija y a un hijo. La hija tendría dieciséis años, y el hijo mi edad, dieciocho años.

Yo pensaba “En cualquier parte del mundo hay gente buena.” Y qué familia más buena que era.

Hice amistad con el hijo, que estaba estudiando en Cuenca.

Pasábamos los días yendo al campo, a andar todas las mañanas, y luego entrenaba en una era.

El padre tenía algo de ganado, algunas vacas y algunas ovejas, y el hijo y yo ayudábamos a echar de comer, por entretenernos.

El hombre me decía “Jose, no trabajes, que esto lo hago yo.” Pero yo le ayudaba por pasar el tiempo.

Empezó a ir gente a verme de entrenar. Algunos me cogían el capote o la muleta para ver lo que eran aquellos trastos.

Pasaban los días. Yo iba por el pueblo y todos me saludaban por mi nombre. Hasta las mujeres me preguntaban que si tenía ropa sucia para lavármela.

Qué gente, qué pueblo. Valdemecas, Cuenca. No lo olvidaré nunca, y de esto hace 55 años que pasó. Y todavía, si escucho el nombre de Valdemecas, se me ponen los pelos de punta.

Encima me enamoré de la muchacha del bar. Me convencí de que, cuando llegaran los toros y las fiestas, si la veía en la plaza por la noche, la sacaría a bailar.

Pero no pudo ser. Estuvo todas las fiestas trabajando.

Yo iba al bar, pedía algo, hablaba con ella y me ponía colorao.

Ella se daba cuenta y me decía “José, te pones colorao cuando hablas conmigo.” Y yo le decía que era muy tímido.

Llegó el día de los toros.

Había cuatro maletillas más por la tarde.

Cuando iban a soltar el primer toro en la plaza de carros, que estaban llenos, toda la gente me aclamaba como si fuera un torero famoso: “Jose, Jose, Jose”. Nunca me había pasao en una capea.

Yo, emocionao, les tiraba besos. Y los otros maletillas miraban asombraos.

Me preguntaban que si era del pueblo, y yo les decía que no, que yo era de Villanueva de los Infantes, Ciudad Real.

Salió el primer toro.

Cuando toreaba yo la gente me comía, pero cuando salían los otros maletillas, los pitaban y les tiraban palos.

Yo intentaba calmar los ánimos y les decía que no les tiraran nada.

Me hicieron caso y dejaron de tirar cosas, aunque solo querían que toreara yo.

Toreé mucho y bien, Gracias a Dios.

Al pasar el guante, todo el mundo, cuando echaban el dinero, me decían “Jose, toma, para ti el dinero.”

Sin embargo, el dinero de los guantes es para todos los que salen a torear, y luego se reparte.

Yo respondía que sí, pero luego en el bar lo repartimos entre todos sin que se dieran cuenta.

Los otros maletillas me abrazaron muy contentos.

En el bar todos me invitaban. Me pedían que me quedara en el pueblo, en sus casas.

Luego fui al baile y no tuve ningún problema en sacar a bailar a ninguna chica porque me sacaban ellas a mí.

Bailé con diez o doce chavalas, y todos los mayores mirándome.

Pasé mucha vergüenza, mayormente porque no sabía bailar. Pero fue un día de los más bonitos de mi vida. Y me fui a dormir ya amaneciendo.

Al día siguiente me levanté a mediodía. Fui al bar a tomar café. Todos me querían invitar. De verdad que me sentía como si fuera uno más del pueblo.

Luego fui a comer con esta familia tan buena que me acogió en su casa.

Pero al final vino la despedida.

Madre mía, todos llorando, abrazándonos… Señor, qué momentos más bonitos. Yo pensaba que eran mi familia. Estuve una hora para salir de pueblo, saludando gente.

El colmo fue cuando me dijo uno que para dónde iba y dije que para Cuenca.

Cogieron dos o tres y me llevaron a Cuenca.

Después de cincuenta y cinco años digo “Dios bendiga a la gente de Valdemecas, Cuenca.”

Cambiando un poco de tema, había una canción de El Fari, que yo la cantaba mucho.

Decía así: “Están lavando en el río la ropa tres maletillas. El agua ensucia la sangre que llevan en la chaquetilla. Van, van andando por el mundo porque quieren torear, y viven de las limosnas de aquel que les quiera dar. Con los pies medio descalzos van por la carretera. Noches de frío y de hambre, y un sueño que nunca llega.”

Otra decía “La vida del maletilla es una vida muy divertía, siempre cantando y bailando con la barriga vacía. Ya viene el tren de la una. Ya viene el tren de las dos. Ya vienen los maletillas en el último vagón, recogiendo las colillas que tiraba el revisor.”

De capeas por Portugal

Otra aventura que corrí fue ir con Manolo Canales a Portugal de capeas.

Él ya había estado allí.

El primer pueblo se llamaba Soito. Tenía fama de vivir del estraperlo de tabaco rubio y café El Camello.

Llegamos a la plaza del pueblo Canales y yo. Estaba llena de gente, y en un tablao las autoridades hablando.

Todo el mundo estaba muy bien vestido, y llegamos nosotros llenos de mugre y con el maco al hombro.

Nos metimos entre la gente y, de repente, vimos que nos llamaban las autoridades, que nos pedían que subiéramos al tablao. Ellos con traje y corbata, y nosotros todo sucios.

Nos tomaron como si fuéramos dos figuras del toreo.

Lo primero que nos preguntaron era que de dónde éramos, y nuestra respuesta fue un cachondeo.

Primero le preguntaron a Manolo Canales, y él les dijo que de Cádiz, al lao de Sevilla.

Después me preguntaron a mí, y yo les dije que de Sevilla, al lao de Cádiz.

A los dos nos dio por reír. Pero es que a las autoridades y a la gente también se partía de risa.

Nos quedamos de piedra cuando el alcalde declaró que seríamos los invitados de las fiestas. Canales y yo nos mirábamos asombraos. Todos de traje y nosotros con harapos.

Nos dijeron que teníamos que ir con ellos donde ellos fueran.

Nos llevaron a casa del mayordomo de las fiestas, y nos enseñaron la habitación en la que íbamos a dormir. No nos podíamos creer lo que nos estaba pasando.

Dejamos los macos en la habitación y nos fuimos con ellos recorriendo bares.

Yo tomaba una bebida dulce, que se llamaba Almedrado. Íbamos catorce o quince, ellos todos trajeados.

A mediodía comimos en casa del mayordomo, donde íbamos a dormir. Madre mía, qué cantidad de platos distintos. Nos pusimos moraos. Y vino tinto portugués. Estaba amargo, pero muy bueno.

Cuando acabamos de comer estábamos todos a gusto.

Empezaron a decir que sacáramos los trastos para torear allí, y los sacamos.

Yo llevaba una muleta de Rafael de Paula, y cuando vieron el nombre de Paula todos la querían coger.

Llegó la capea.

Fuimos a ver los toros. Había seis, pero Canales y yo nos mosqueamos porque no estaban en cajones. Estaban juntos unos con otros en el mismo corral.

No hacíamos nada más que preguntar si estaban toreaos, y nos decían que no.

Hablaban bastante el español porque Soito, el pueblo, estaba cerca de Salamanca.

Solo estábamos Canales y yo de toreros.

Antes de empezar la capea yo no hacía más que enseñar la muleta del Paula. Todos la querían coger.

Bueno, pues van a soltar al primer toro, yo preparado para pararlo, y  me dice Canales “Largo, tápate.”

Y yo “Pero ¿cómo que me tape?”

“Porque aquí la costumbre es parar al toro con un forcón”, contestó Canales.

Yo nunca había visto un forcón. Era una caja de madera, hecha con palos verticales y otros cruzaos, y detrás se ponía un montón de gente.

Soltaron el toro y embistió al forcón, que llevaba palos gordos y pesaba mucho.

El toro embestía, pero ellos por detrás hacían fuerza y no podía levantar los palos.

Eran las costumbres de allí.

Luego se quitaban y dejaban salir a los maletillas. Los portugueses a los maletillas los llamaban rapinhas.

Salí yo con la muleta. Se arrancó el toro como un relámpago. Embistió fuerte pero bien. Le pegué unos pocos derechazos. La gente aplaudía a rabiar. Algunos me decían Paula porque habían visto la muleta antes.

Luego salió Canales, que también toreó muy bien, porque a Canales le pasaba como a mí, nos gustaba el toreo bueno. Por eso andábamos mucho juntos por las capeas. No nos gustaban los maletillas que eran eléctricos toreando.

Después de torear, otra costumbre que hay en las capeas de Portugal es que, cuando se acaba de torear, la gente pasa el guante, y cuando lo han pasado, se van a los medios y se lo entregan a los maletillas.

Y así lo hicieron con nosotros. Nos dieron el dinero, y un abrazo.

Sacamos un dineral.

Entonces, la moneda portuguesa era el escudo.

Otro pueblo que lo tendré siempre en la mente: Soito, en Portugal.

Pero también hubo pueblos que se portaron muy mal conmigo, que me pegaron palos, que me quitaron la muleta, que no me dejaron torear y que me trataron como a un perro. Pero no voy a hablar de ellos, porque también hay unos cuantos.

Solo voy a mentar uno, en el que, si cayera una bomba, yo me bebería una botella de tinto y pondría a Camarón. Es un pueblo de la sierra de Madrid. Casi mejor ni decir el nombre.

Había seis novillos de capea.

Cuando sacamos las muletas Canales y yo vinieron quince o veinte del pueblo. Nos las quitaron y nos las rompieron con las navajas.

Nos fuimos del pueblo sin un duro y sin muletas, que era con lo que nos ganábamos el sustento.

Eso sí, la liamos gorda.

Como todos los bares estaban llenos de gente con mucho arte, nos pusimos a gusto sin pagar en ningún bar.

Luego pensamos “Nos han roto las muletas y sin torear…” Y como venganza nos dio por romper todo lo que nos parecía: farolas, escaparates… De todo. Queríamos prender fuego al pueblo. Eso era a las cuatro o las cinco de la mañana, y nadie nos pilló.

Como este pueblo tengo unos pocos. Pero aquí, en mis memorias, de los malos, no voy a poner nada más que este, y voy a mentar los que se portaron bien.

De vuelta a España

Bueno, se acabó Soito.

Nos despedimos de toda la gente que tan bien se portó con nosotros y nos fuimos para España, que faltaban dos días para las capeas de Coria, en Cáceres.

Haciendo dedo llegamos a Coria pasando por la provincia de Salamanca.

Cuando llegamos lo primero que hicimos fue cambiar los escudos por pesetas en el banco.

Dormíamos en el río, y lavábamos la ropa allí.

Coria era parecido a Ciudad Rodrigo. Había muchos maletillas y había que andar muy listo para pegar pases.

Allí echaban los toros más grandes de todo Cáceres.

Di muchos pases, pero sueltos. Era imposible ligar los muletazos. Estábamos muchos queriendo torear.

Al final, pasábamos el guante todos, y tocábamos a dos o tres mil pesetas.

Después de Coria, Canales, El Oliva y yo nos fuimos a un pueblo que se llamaba Jaraiz de la Vera.

Echaron dos novillos toreaos de un tal Cañitas, que lidiaba mucho por Cáceres.

Yo no salí. Salieron Canales y el Oliva. Pegaron cuatro trapazos y pasaron el guante.

Cuando lo cambiaron en el bar me querían dar parte a mí. Les di las gracias, pero yo cogía el dinero cuando salía a torear. Y como no había toreado, no cogí nada.

Eso sí, me invitaron a cenar y a copas en el baile.

Aquí tengo otra anécdota muy bonita.

De Jaraiz nos fuimos a otro pueblo que se llamaba Serradilla, también de la provincia de Cáceres. Echaron tres toros con seis años de Manolo Peñaflor. Estábamos los tres solos: Canales, Oliva y yo.

Toreé un toro que es de las veces que mejor he toreao un toro en una capea.

Pegué derechazos que eran carteles de toros a uno de pelo castaño. Canales y El Oliva me decían “Madre mía Largo, qué muletazos has pegao.” La gente del pueblo decían que en la vida  habían visto torear así a un maletilla.

Pasamos el guante y sacamos 20.000 pesetas, que por aquel año, 1969, era un dineral.

La anécdota fue que cuando estábamos en el bar me vino uno con una cámara de fotografiar y me dijo “El otro día te vi por primera vez en Jaraiz de la Vera, pero como no saliste, creía que ibas acompañando a Canales y al Oliva. Pensé que no eras torero. Pero después de verte hoy, tú eres mejor torero que los otros dos juntos.”

No paraba de decirme los muletazos tan buenos que había dado, que llevaba muchos años haciendo fotos por las capeas de Cáceres y no había visto a ningún maletilla pegar los muletazos que yo había pegao.

El tío estaba emocionao conmigo. Me dijo “Verás cuando te enseñe las fotos en la próxima capea…”

Pero nunca vi esas fotos. Con lo bien que me habrían venido para ponerlas en este relato…

No las vi porque de Serradilla me fui para Madrid, a Arganda del Rey, donde, por entonces, no había novilladas; solo capeas.

Echaban seis toracos todos los días, sobreros de Madrid.

También pegué muletazos de categoría. Me confié porque sabía que allí los toros, aunque eran muy grandes, eran vírgenes.

En Arganda también nos juntamos muchos toreros. Digo toreros porque en Arganda llegué a ver a Frascuelo, a Dámaso Gómez, a Tinín, a Higares padre…

Allí también coincidí con Paco Alcalde y El Juli padre.

Por entonces Arganda era el pueblo donde había recortadores. En los demás no había.

A mí los pueblos que más me gustaban eran los de Madrid, porque echaban los toros sin torear y los guantes eran los más grandes. Al revés que en Guadalajara, que eran toros grandes y guantes pequeños.

Hubo años que hice cien capeas. Todo el año durmiendo en el suelo, comiendo bocadillos… Cuando los había. Pasando muchas penurias.

Otro recuerdo malo fue Casasimarro, en Cuenca.

Me cogió un toro, me tiró para arriba y no podía mover el brazo.

Tenía un dolor tremendo pero no sabía lo que era, y como yo iba por las capeas como un salvaje pensé “A ver si veo un pajar para dormir”. Y yo con un dolor grandísimo.

Toda la noche quejándome. “Ay, qué dolor, señor”, decía todo el rato.

No pude pegar ojo, pero encima es que ni había comido ni había cenado porque, como me cogió el toro, no pude pasar el guante.

Loco por ver el sol de una vez, cuando amaneció me fui al centro médico.

Me tumbé en la camilla. El médico me puso el talón en la axila, me torció el brazo, se escuchó un crujido y me dijeron que tenía el hueso de la clavícula fuera.

El doctor me preguntó “¿Cuándo te ha pasado esto?” Le dije que el día de antes me había cogido un toro. Y comentó, con cara de sorprendido “¿Te pasó ayer y vienes ahora?” Le contesté que sí, y me preguntó que dónde había dormido. Cuando le dije que en un pajar exclamó “Muchacho, deja los toros, que algún día vas a perder la vida.”

Antes de irme dijo “Debes tener mucha afición para tener una clavícula fuera y dormir en un pajar.” Y es verdad que la tenía.

Al día siguiente fui a otro pueblo. Vacas toreadas y yo con el brazo en cabestrillo. Pues así salí a las vacas.

Menos mal que no me cogió ninguna. Si me hubiera quitado una vaca la muleta me habría pegao alguna corná con seguridad, porque no podía subirme a los carros. Lo pienso ahora y era una locura, pero es que tenía que salir o me moría de hambre. Necesitaba el dinero del guante como fuera.

Qué papeleta. Vacas toreás y yo el brazo en cabestrillo. Menos mal que me libré.

Pasé el guante y ya me pude quitar el hambre. Debía tener cinco metros de tripas sin estrenar.

Después me fui a Velilla de San Antonio, en Madrid.

Todavía tenía molestias en el hombro. Echaron tres toros de cinco años.

Este pueblo se me dio bastante bien. Toreé mucho y me llevé bastante en los guantes.

Me encantaban los pueblos de Madrid. Toros sin torear y un buen dinerito.

Conocí a muchos maletillas. Estos son algunos nombres, aunque a algunos ya los he nombrado. El Peque de Béjar, Paco Lucena, El Suso, El Momo, El Lobo, El Calorro de Mejorada, El Rerre, El Melenas, Paco Alcalde, Juli padre, El Paleto, El Estremera, El Matetilla de Oro (padre de Miguel Abellán), El Santi, José Luis Sedano, y muchos más.

Todos salían a torear los toros que echaban, pero yo tampoco me quedaba atrás. Salía a todos, siempre que estuvieran sin torear.

Tenía fama de pegar buenos muletazos. Me decían El Paula de las capeas.

Otro pueblo en el que estuve de categoría fue Driebes, en Guadalajara.

Estuve yo solo. Echaron un toro y una vaca, y formé un lío gordo.

Tenía que haber un director de lidia, pero no fue. En su lugar se mandó a uno que no salió, gordo, con pinta de matón y con tatuajes, que en aquella época no se estilaban tanto como ahora.

El tío me quería currar por salir al toro.

Estábamos en un bar y empezó a insultarme. Vi la cosa peligrosa porque tenía pinta de taleguero. Así que saqué una navaja del maco y me armé de valor. Ese a mí no me acojonaba.

Le dije “Vamos pa fuera.”

Le enseñé la navaja, pero no para asustarle, sino para pincharle si hacía falta, tal y como se estaba poniendo aquello.

La gente empezó a gritar y llegó la Guardia Civil. Nos llevaron al cuartel y nos pidieron la documentación.

Al otro le dijeron “Usted ha estado en la cárcel”. A mí me habían visto torear, y les dije “Yo soy torero, y este es un taleguero que me quería currar, y por eso saqué la navaja.”

Nos dejaron ir.

Luego nos encontramos en el bar y ni me miró. Se dio cuenta de que yo no era ningún julai.

En fin, otra aventura más en el filo del abismo en mi vida de maletilla. Esta vez en Driebes, Guadalajara.

De Driebes me fui a Almoguera, también de Guadalajara.

Allí me pasó una cosa graciosa.

Soltaron un toro en la plaza de palos, y cuando venía hacia mí me cogió un julai del brazo izquierdo, y mientras yo pegándole pases al toro. Y el julai sin soltarme.

Le pegué cuatro o cinco pases por alto hasta que el desgraciao me soltó.

¿A quién se le ocurre agarrarme el brazo mientras toreaba un toro? Me pillé tal cabreo que le pegué un palo con la espada de ayuda.

De Almoguera me fui a Torrejón de Ardoz, en Madrid. Plaza portátil. Otro pueblo donde toreé de lujo. Buenos toros y buena gente.

Y desde allí a Loeches, donde echaban torazos.

Allí me cogió uno recién salido de los toriles. Tuve suerte. Me tiró para arriba pero caí de pie.

Así era mi vida por las capeas. O me cogían los toros, o me cogía la Guardia Civil, o algún julai me complicaba la vida más de lo que ya era para mí, que era mucho. Siempre tenía el peligro encima. Y todo por torear, que era en lo único en lo que pensaba, más allá de comer y dormir como fuera.

Tengo otra anécdota graciosa de aquellos tiempos.

Una noche, estábamos durmiendo en un pajar en un pueblo de Cuenca que se llamaba Almendros cuando, de repente, vimos cómo se abría la puerta. Era el dueño del pajar.

Cuando nos vio, cogió una horca de hierro para pincharnos. Estábamos Curro El Gitano y yo.

Saltamos por la ventana, ya amaneciendo.

Era un hombre mayor, y al final terminamos jugando un poco con él al gato y al ratón en la era que había fuera del pajar.

Nos reímos mucho, pero la verdad es que cuando tuvimos que saltar por la ventana nos reíamos menos.

Le empezamos a decir al hombre que éramos maletillas, y poco a poco se fue calmando.

Al final nos hicimos amigos y nos invitó a un café en un bar. Pero vaya trago. Amaneciendo y el tío con la horca para pincharnos.

En aquella aventura, por llamarla de alguna manera, al tener que salir pitando por la ventana, perdí el recorte de periódico de El Correo Español en la que venía la noticia de cuando salté de espontáneo en Vitoria. Uno de los pocos momentos de gloria que tuve, con publicación en los periódicos, y lo perdí.

Otra vez iba en el tren, sin billete, como siempre. Llegó el revisor y me pidió que le diera mis datos para denunciarme. Y cuando iba a escribir le cogí el bolígrafo y se lo tiré por la ventanilla.

La verdad es que vivía como los cuatreros, empujado por mis circunstancias. Si a mí no me respetaban, yo tampoco respetaba a nada ni a nadie.

Recuerdo una vez que pasaba por el cuartel de la Guardia Civil a la salida de Mejorada del Campo.

Me llamó un Guardia Civil y me dijo que dónde iba yo con el maco al hombro. Le dije que a Torres de la Alameda.

Me cogió los datos y cuando me iba me dijo “Ten cuidao, que si haces algo malo te tengo fichao.”

No me pude aguantar. Le dije “Yo me dedico a torear. Si pasa algo malo seguro que lo haces tú con la cara que tienes.” Esto, en los tiempos de Franco.

Vino hacia mí, me dijo que si quería dormir en los calabozos, y yo le contesté que en los calabozos metiera a los delincuentes, no a los toreros.

Me dijo “Tira de aquí, que estás un poco loco y me vas a buscar la ruina.”

Aquello que le dije, en tiempos de Franco, había que tenerlos muy grandes. Y no me metió en el calabozo de milagro.

Como pueden ver, yo iba por la vida como los gitanos.

Por cierto, que los gitanos, si los respetas, son buena gente. Pero si les pierdes el respeto son muy chungos.

A mí me pasaba igual, porque para mí no había peor cosa que me perdieran el respeto porque fuera un maletilla.

Decía una canción de Camarón, mi ídolo “Te lo digo por tu bien, que te lo digo por tu bien, torres más altas cayeron, que te lo digo por tu bien, porque tú tengas dinero a mí no me trates con los pies, que eso no es de caballeros.”

Volviendo a las capeas, debo decir que había que tener mucho cuidao con las drogas y la bebida. Yendo de maletilla es muy fácil caer en la bebida o en la droga, porque pasas el guante y al final se suele acabar en la discoteca, donde gastas el dinero calentito que acabas de ganar. Allí la gente te quiere invitar porque te ha visto torear, y cuando acaba el baile te vas a dormir a un pajar medio colocao.

He tenido muchos amigos maletillas que murieron en el talego por la droga. El Paleto, El Estremera, El Panaderillo, y muchos más.

Yo nunca tomé drogas. Los compañeros me ofrecían blanca paloma o canutos, y yo les decía siempre que no, y ellos mismos decían al final “Al Largo no le ofrezcas droga porque no le gusta.”

Eso sí, alcohol sí bebía, a veces más de la cuenta. Sobre todo vino tinto.

Casi acabo alcohólico. Pero es que hay que ponerse en situación. Acababa la capea, ibas al bar, cambiabas el guante, cenabas algo, bebías vino, luego el carajillo, luego al baile, y al final te ibas al pajar haciendo curvas.

Claro, te tienes que ir a dormir a un pajar, no a un hotel, y para olvidar la ruina que tiene uno encima y no acordarte de na, bebías y te ponías a gusto.

Pero drogas nunca. Mis amigos fumando porros sin parar, y yo nunca los probé. Tuve mucha fuerza de voluntad.

También tuve varias peleas con otros maletillas.

Recuerdo en Landete, Cuenca, discutí con otro y nos fuimos al campo. Nos pegamos una paliza que acabamos los dos sangrando, hasta que paramos y dijimos que éramos unos chalaos, pegándonos entre nosotros.

Otra vez, estábamos durmiendo tres maletillas en un pajar, y uno de ellos, que yo lo conocía poco, nos despertó y me culpaba de que yo le había quitao un libro de fiestas.

Yo le decía que no, claro.

A punto de pelearnos, apareció el libro.

Me pidió perdón, y ahí acabó la cosa. Pero estuvimos a puntito de liarla.

Otra anécdota graciosa fue que íbamos por un pueblo Manolo Canales y yo. Teníamos 300 pesetas cada uno para comer, pero vimos un moro que vendía arradios pequeñas, y a Canales le dio por comprar una.

Le costó las 300 pesetas que llevaba.

Le advertí “No compres la arradio, que te vas a quedar sin comer.” Pero se la compró.

Llegó la hora de comer. Yo pedí un bocadillo de chorizo y él no pidió nada.

Me dice “Largo, invítame a un bocadillo.” Y le contesto “No. Tú escucha música, que alimenta mucho.”

Yo, con quien más andaba era con el Canales y con Curro El Gitano. Éramos tres con mucho arte.

Curro es muy popular porque lleva muchos años yendo de plaza en plaza sacando a hombros a los toreros.

A los tres nos gustaba mucho Rafael de Paula. Preferíamos a los toreros artistas, y en las capeas éramos los tres que mejor toreábamos.

Con Curro me mosqueé una vez en la discoteca de San Fernando de Henares.

Empezamos a discutir porque nos templamos un poco, y empezó a decir que él tenía más arte que yo.

Le dije “Mañana echan tres toros en el encierro. Te voy a demostrar que toreo mejor que tú.”

Así fue. Fuimos al encierro y entró el primer toro. Y lo que pongo a continuación es una verdad como una casa: le pegué cuatro lances y una revolera que pusieron a la gente en pie.

Fueron cuatro lances con las manos bajas, de arte puro.

Luego salió el Curro con la muleta y le dio uno medio bueno. Los demás muy desconfiao.

Pasamos el guante, y pasándolo el Curro me reconoció “Bien Largo. Has toreao de capote como nunca te había visto.”

Me lo dijo dos o tres veces en un rato. Y yo le contesté “Porque estaba picao contigo.”

Ya no me dijo nunca más que tenía más arte que yo.

Con Curro me llevaba muy bien, aunque él se pensaba que toreaba mejor que yo. Pero en San Fernando le demostré lo que era el toreo bueno.

Luego, con el tiempo, me enteré de que iba hablando de los lances que pegué en San Fernando de Henares. Y era un toro con cinco años.

Los pueblos de Madrid me gustaban mucho. Me sentía torero. Menuda diferencia con las capeas de Valencia.

Y hasta aquí un poco de mi vida por las capeas.

Podría contar más vivencias, pero creo que quien más y quien menos se puede hacer una idea de cómo era mi vida por aquellos años. Una verdadera ruina.

Qué distintas las cosas ahora.

CONTIUNARA

MANUEL ROMÁN 

TEMPORADA 2024