IV SEMINARIO
SOBRE
PATRIMONIO
DEFENSIVO DE
ANDALUCÍA
En la fortaleza de la Calahorra de Córdoba, el Instituto Ándaluz de los Castillos ha celebrado en la mañana de hoy el IV Seminario sobre Patromonio Defensivo de Andalucía.
Ante un numeroso público los ponentes desarrollaron las siguientes conferencias:
Doña Carmen Carbajo Cubero, Doctora en Historia y Arqueóloga del Ayuntamiento de Aguilar de la Frontera, sobre "Arquitectura del poder: las torres del homenaje en el Señorío de Aguilar".
Don Ángel Sánchez Redondo, Historiador y profesor, sobre "La muralla del Instituto Séneca, en el contexto de las fortificaciones almohades de Córdoba".
Don José Ortiz Garcia, licenciado en historia y cronista de Montoro, sobre "La Torre de Villaverde: un simbolo de poder entre la edad media y la modernidad"
Nuestras felitaciones a los conferenciantes por sus magnificas ponencias.
Señorío de Aguilar
Las primeras referencias al señorío de Aguilar son de 1257, cuando Poley (antiguo nombre de Aguilar de la Frontera) fue señorializada en favor de Gonzalo Yáñez de Aguilar, trovador y ricohombre portugués que había participado junto a Fernando III de Castilla en la conquista de Sevilla.
Historia
En la documentación antigua no se citan los lugares que integraban el señorío, aunque se sabe que Monturque se integró en 1277 por concesión de Alfonso X. A pesar de estos privilegios, Gonzalo Yáñez de Aguilar no dudó en apoyar al infante Sancho IV de Castilla en el conflicto dinástico que se planteó en Castilla a raíz de la muerte del infante Fernando de la Cerda.
No obstante, el señor de Aguilar salió reforzado de la contienda, y cuando Sancho accedió al trono, otorgó al heredero y homónimo de Gonzalo Yáñez pendón y caldera, equiparándole con la alta nobleza, lo cual contribuyó a mejorar ostensiblemente el prestigio del linaje.
En 1333, el tercer señor de Aguilar se rebeló contra Alfonso XI de Castilla aliándose con el rey de Granada y luchando contra los castellanos desde sus castillos de Aguilar, Montilla, Monturque y Castillo Anzur. No se conoce la duración de esta rebeldía, volviendo después de unos años al bando castellano y participando en la Batalla del Salado en 1340 y en el Cerco de Algeciras, donde contrajo una enfermedad que le acarrearía la muerte en febrero de 1343, aunque anteriormente había otorgado testamento en favor de su hijo Tello González de Aguilar, contemplando la posibilidad de que el señorío pasase a su hermano Fernando, como ocurrió finalmente, según la Crónica de Alfonso Onceno. Fernando falleció alrededor de septiembre de 1343 y, con su muerte, sin sucesión legítima, se extingue el primer linaje de Aguilar.
Los dominios de este estado eran apetecidos por dos firmes candidatos: Alfonso Fernández Coronel y Bernat de Cabrera, ambos parientes de los últimos titulares del señorío. Bernat de Cabrera, primo de los últimos titulares, obtuvo el señorío de Aguilar en 1343 pero lo disfruto poco tiempo ya que el rey Alfonso XI le entregó Puebla de Alcocer, Herrera y Alcocerejo, villas en Extremadura, a cambio de Aguilar con el fin de evitar las disputas entre este y Alfonso Fernández Coronel por la posesión del señorío que revirtió a la corona y Alfonso XI posteriormente lo entregó a su amante, Leonor de Guzmán.
En el primer año del reinado de Pedro I de Castilla el señorío fue donado a Alfonso Fernández Coronel, quien posteriormente se desnaturalizó y empezó a guerrear contra el propio rey y contra toda la comarca causando importantes estragos y creando una peligrosa situación en esta zona de la frontera. Pedro I se vio obligado a acudir personalmente a cercar la villa en enero de 1352, cuya rendición se produjo al año siguiente siendo destruidas sus murallas y castillo. Alfonso Fernández Coronel fue apresado y decapitado en 1353. Parece ser que finalmente el rey decidió mantenerla en realengo, jurando no entregarla nunca ni en señorío ni en abadengo. La villa de Monturque pasó a formar un señorío propio en 1357, el señorío de Monturque, por donación del rey a su fiel partidario, Martín López de Córdoba.
Aguilar pasó a llamarse Monreal y fue villa de realengo hasta que el 30 de julio de 1370 fue entregada por Enrique II a Gonzalo Fernández de Córdoba, señor de Cañete de las Torres, restaurando el patrimonio de la antigua Casa de Aguilar: Castillo Anzur con La Puente de Don Gonzalo (en 1372), Montilla (en 1375) y Monturque (en 1377), dando así inicio al linaje de los Fernández de Córdoba, señores de Aguilar.
La muralla del Instituto Séneca,
El origen de Córdoba está en la Colina de los Quemados. El lugar que hoy ocupa la Ciudad de los Niños y sus alrededores ocupan el histórico asentamiento prerromano, habitado siglos antes de la llegada de Claudio Marcelo y de las legiones que decidieron construir una ciudad justo enfrente de esta hace unos 2.300 años. Poco a poco, los habitantes de la primera Córdoba fueron abandonando un paraje, la Colina de los Quemados, que luego tuvo una gran importancia defensiva a finales del siglo XII.
Córdoba es, probablemente, una de las ciudades de la Península Ibérica con más restos arqueológicos en su subsuelo. Tras la Corduba romana llegó la Qurtuba islámica, capital del califato y de Al Andalus, con una extensión urbana que la actual ciudad. Por eso, en Córdoba es normal asistir a descubrimientos y hasta a redescubrimientos de yacimientos arqueológicos que no dejan de asombrar. Y eso es lo que acaba de ocurrir en el interior del IES Séneca, uno de los institutos y centros educativos más antiguos de la ciudad.
“La muralla almohade situada en el recinto del IES Séneca ha sido hasta el momento una gran desconocida no solo para la ciudadanía sino para gran parte de la propia comunidad educativa”, explica el profesor del Departamento de Geografía e Historia y alma máter de este redescubrimiento, Ángel Sánchez Redondo. “Las razones del desconocimiento probablemente sean varias: la ocultación por vegetación de la que ahora se la ha librado en parte (con un alto coste económico, que es la razón de la persistencia de la misma), la ubicación en un recinto cerrado y no visible desde el exterior del instituto, la relativa lejanía respecto a los circuitos monumentales urbanos, y quizá la falta de una determinación firme para ponerla en valor. A ello habría que añadir la escasez y parquedad de alusiones en los estudios especializados”, ha añadido.
Junto al instituto, han pasado desapercibidos unos 25 metros lineales de muralla en alzado y otros 60 más, aproximadamente, que estarían derrumbados y en su mayor parte cubiertos por la vegetación. Ante ello, el equipo directivo del instituto Séneca se ha propuesto rescatar el monumento como “el bien público que es” tratando de “librarla de la maleza que la cubre en una parte importante aún, paso previo e indispensable para el subsiguiente estudio de los restos visibles, aspirando a terminar en un tercer momento con una excavación arqueológica de la misma”.
Así, el IES Séneca ha presentado un proyecto de innovación educativa con el título de “Visualización y puesta en valor de la muralla almohade”, coordinado por el Departamento de Geografía e Historia, con la participación de todos los departamentos educativos del centro, más los ciclos formativos de Emergencia y Protección Civil, y el de Jardinería del IES Galileo Galilei. La adjudicación del proyecto será resuelta en el mes de junio y de ser asignado con los recursos suficientes permitiría afrontar el comienzo de las dos primeras fases de limpieza y análisis de los restos.
Para esto último, el proyecto cuenta con la participación del técnico arqueólogo Rafael Valera, y con el ofrecimiento de colaboración por parte del área de Arqueología de la Universidad de Córdoba. “Un papel importante en este proyecto lo jugaría también el ciclo de grado superior de Obra Civil con que cuenta el IES Séneca, que se encargaría de la planimetría”, explica Ángel Sánchez Redondo, que agrega que “la justificación didáctica del proyecto es la de fomentar la motivación del alumnado a partir de un recurso patrimonial en este caso en el mismo recinto del centro educativo, pero extrapolable a cualquier otro centro, que en mayor o menor medida, en una ciudad como Córdoba, cuenta como mínimo en sus proximidades con algún elemento patrimonial digno de servir de eje en torno al cual se desarrollen una serie de actividades participativas y motivadoras”.
TORRE DE VILLAVERDE
La fortaleza fue construida en el año 1092 durante el reinado de Sancho Ramírez. Perteneció en 1097, al infante don Alfonso, luego conocido como el Batallador. Años más tarde, en 1167, fue donada a la Orden del Temple, con la misión de repoblar la zona y vigilar el camino entre Luna y Biel. En 1320 estaba de nuevo en poder de la corona, puesto que Jaime II la donó a su hijo don Alfonso y en 1343 Pedro IV la vendió al señor de Segorbe, don Lope de Luna. A partir de entonces pasó por diversos propietarios como Juan de Funes, Aldonza de Gurrea o Francisco Aragón, conde de Luna.
Esta fortificación está compuesta por una esbelta torre de planta cuadrada y obra de sillería más un recinto amurallado que la rodea. La torre, de unos 10 metros de lado y 12 de altura, estaba estructurada interiormente en tres plantas, de las que se conservan dos, ya que ha perdido la superior así como el remate. El piso que las divide está sostenido por un arco apuntado. El acceso a la torre se hace a través de una puerta en arco de medio punto y sobre ella se abren una saetera y una ventana en arco de medio punto de poca luz; otras saeteras aparecen por distintas partes de los muros.
El recinto se conserva en parte, también de sillería y cierta altura, con sus muros perforados por diversas saeteras y algún matacán de los que quedan las ménsulas.
Historia
Declaración. Siglo XXI, 2006-09-07
Porque al igual que la Torre de la que toma su nombre, está producido con la ambición de perdurar en el tiempo.
La TORRE DE VILLAVERDE también conocida como Castillo de Fernán Martínez de los Molinos se localiza junto a la margen izquierda del Rio Guadalquivir, a escasos 2 kms. de MONTORO y sobre el mismo trazado que seguía la Via Augusta romana a su paso por Montoro y a través de la campiña cordobesa.
De gran relevancia durante la Reconquista y los conflictos nobiliarios de la Edad Media, su origen se atribuye a una antigua Torre Albarrana de origen árabe, aunque ya es en 1.472 cuando tenemos constancia documental de su existencia.
fuente
JOSÉ LUIS CUEVAS
Maquetador Editor y Fotografías





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