BOLSINES DE VALORES
El respeto, la competencia sana, la solidaridad, el compañerismo, la constancia, la paciencia, la entrega, la disciplina, la amistad, la superación del miedo o el esfuerzo son algunos de los valores que los bolsines inculcan a sus participantes, porque su objetivo no es sólo taurino, sino que también abarca todas las facetas de la vida. Son fundamentales tanto para el futuro de la Tauromaquia, como también para la formación como buenas personas de sus alumnos. Ésa es también la única forma de que puedan dedicarse al oficio más bonito del mundo, además de ser el más difícil y gratificante a la vez.
Estos tentaderos y novilladas sin picadores evitan que muchísimos críos acaben perdidos en los vicios más habituales en estos momentos entre su generación, como por desgracia les ocurrirá a algunos de sus compañeros y amigos, porque les facilita las ilusiones, el interés y las ayudas necesarias para que no caigan en algunos de los 'pozos' sociales de la adolescencia y juventud actuales. Además, sus escuelas taurinas les exigen que lleven bien sus estudios académicos, porque de lo contrario no pueden seguir asistiendo a sus clases.
Estos concursos, además de evaluar las destrezas taurinas de sus participantes, promocionan hábitos saludables de vida, como son llevar una alimentación sana y equilibrada o practicar ejercicio físico, además de estar en contacto directo con la Naturaleza y llevar a cabo otras actividades muy recomendables en sus edades. La competencia entre ellos es siempre sana, porque saben que quién hace y deshace de verdad en nuestro maravilloso rito legendario es el toro.
Son ya numerosos los bolsines organizados en toda España, sobre todo durante los meses de invierno, pero entre ellos quiero destacar dos, el de Ciudad Rodrigo (Salamanca) y el de La Carlota (Córdoba), porque tienen los mismos objetivos y grandes méritos, pero con circunstancias muy distintas y destacables. El primero es el más antiguo de nuestro país, porque cumple este año su 70 edición nada menos, y el segundo es uno de los más recientes, que en el actual 2026 será la decimoprimera vez que se llevará a cabo. Uno tiene lugar en el norte y otro en el sur de la Península Ibérica.
Los organizadores de estos dos concursos taurinos son de condiciones también diferentes. El castellano-leonés, que comienza el próximo fin de semana, cuenta ya con el respaldo de asociaciones consolidadas e instituciones públicas, que premian a sus ganadores con la participación en dos de los festejos del 'Carnaval del Toro'. El de Andalucía, cuyo tentadero de clasificación será el próximo 22 de febrero y la final el 21 de marzo, es posible gracias a una asociación juvenil llena de voluntad, ganas de trabajar y afición, la Juventud Taurina de La Carlota.
Novilleros como el jiennense Alfonso Morales, de la Escuela Taurina de Linares, sueñan con inscribir este año su nombre en la plaza carloteña de 'El Pilar', "porque, además de una gran oportunidad para aprender, es una inmensa ilusión torear y más aún ganar este certamen tan prestigioso y reconocido, tras meterme en 2024 en la final de Ciudad Rodrigo. Sería ya lo más para mí".
Otros certámenes similares, que tienen lugar en distintas provincias españolas, cuentan también con un valor y mérito increíbles, como los de Candeleda (Ávila), Arnedo (La Rioja), Villaseca de la Sagra (Toledo), Ledesma (Salamanca), Calasparra (Murcia) o los de Madrid, entre otros. Todos ellos son escuelas de vida para los novilleros sin picadores, porque además de poder torear y aprender a hacerlo, conocen la dureza del campo, el respeto al animal, la entrega por ayudar al otro y la lucha por un sueño. Muchos toreros, que ahora son figuras, empezaron con una vaca en un tentadero, muertos de frío, sin aplausos ni focos, con sólo su muleta, capote y su corazón.
La única forma de que la Tauromaquia siga viva es apoyar a los que empiezan, por lo que estos certámenes necesitan más respaldo, visibilidad y reconocimiento por parte no sólo de la sociedad y nuestras autoridades, sino también de algunos sectores del propio toreo que aún no le prestan el apoyo suficiente y merecido. Cada uno de estos concursos supone una lección de entrega para sus participantes, que en sus lances delante de la cara del becerro proclaman una declaración de amor al inigualable arte milenario de torear.
Los bolsines son la pureza del toreo en su estado más real. El mayor de los elogios para los organizadores, aficionados y colaboradores de todos ellos, que hacen posible ya que un chaval no tenga que tirarse a la carretera, con su hatillo a cuestas, para mendigar en cualquier ganadería que le dejen dar aunque sea sólo un pase. Vaya este humilde y torpe artículo de opinión como homenaje y reconocimiento a todos ellos. ¡¡Va por vosotros, taurinos de verdad!!
Antonio Cepedello


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