martes, 6 de enero de 2026

                                      ¡¡QUÉ NOS DEJEN EN PAZ!!!



Los aficionados taurinos podríamos pedir miles de cosas en esta noche ilusionante de los Reyes Magos, pero creo que la petición más común sería reclamar a los estigmatizados antitaurinos que de una vez por todas nos dejen en paz. No sigan atacando todos los días a la Tauromaquia, como lo hacen desde hace siglos, sin lógica, legitimidad ni legalidad alguna. ¡¡¡Qué nos dejen de una puñetera vez en paz!!!

Ojalá que a todos estos falsos y fariseos 'animalistas', unos engañados y otros interesados, la 'estrella de Oriente' les guíe hacia una posición más racional, humana y justa en sus criterios y posicionamiento sobre nuestro arte milenario. No queremos que dejen su teórica lucha en defensa del toro, pero siempre dentro del respeto a los que no compartimos su opinión. Es decir, que no quieran seguir imponiendo la prohibición de los festejos taurinos, como nosotros nunca pediremos que sus grupos, colectivos sociales y supuestas asociaciones 'ecologistas'  desaparezcan, ni que se impida ninguno de sus actos, siempre que sean pacíficos. "Prohibido, prohibir", frase que les debe sonar a estos supuestos 'progres', porque la esgrimen en muchas ocasiones desde hace tiempo. 

Pido también a los tres Reyes Magos, considerados los grandes sabios en la época del nacimiento de Jesucristo, que orienten  y aporten a los antitaurinos los conocimientos suficientes sobre la especie del toro bravo, para que la puedan defender con argumentos reales, históricos, científicos y contrastados. Y sobre todo, para que luchen con el objetivo vital y básico que es el de evitar su extinción en los lugares que aún tenemos la gran suerte de contar con estos maravillosos, poderosos y preciosos animales. Y está claro que tanto Melchor, Gaspar como Baltasar les dirán que ello está unido a mantener un rito cultural legendario como es el toreo, además de recuperarlo donde ellos lo han hecho desaparecer.

Esta noche es también la de mayor ilusión del año para los niños. Por ello, espero también que estos señores recapaciten y dejen de intentar impedir que nuestros hijos y nietos puedan entrar en una plaza de toros, para no acabar con ese gran deseo de un padre o abuelo taurino de llevar a los seres que más quieren al espectáculo que más aman. A ellos seguro que no les gustaría que nosotros les coartáramos una libertad tan fundamental y humana como es ésta.

La festividad de los Reyes Magos también debe ser ya una reivindicación de nuestra ancestral cultura hispana y mediterránea frente a la invasión de tradiciones de otros lares, que sufrimos desde hace años por los intereses económicos de grandes centros comerciales y poderosos magnates financieros. Uno está ya harto de ese señor gordo, con barba blanca y vestido de rojo, que dicen se cuela por las chimeneas para traer los regalos a los niños, cuando ni se parece a nadie de nuestro entorno más cercano, ni la mayoría tenemos chimeneas en nuestras viviendas para que entre. 

La Tauromaquia también supone una afirmación y consolidación de nuestra tradición, que contrarresta otros espectáculos similares que también nos meten por los ojos y pantallitas varias desde hace décadas. Es decir, es un rito y arte que hace justicia con nuestros antepasados y les rinde el homenaje que se merecen por haber permitido que todos nosotros estemos ahora aquí. Qué sigan llegando a nuestras casas, cada madrugada del 6 de enero, la comitiva de estos monarcas y que podamos continuar disfrutando de esa maravillosa danza entre un hombre y un toro, donde la mayor belleza real y efímera surge del encuentro entre la inteligencia y la fuerza, en unos momentos donde se acerca la vida a la muerte.

¡¡¡Feliz Noche de Reyes!!!. 

Antonio Cepedello

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